Las Manchas Invisibles: Ella te vio primero (Nahdir 1) Todavía no
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Todavía no

El andén empezó a vaciarse poco a poco.

Airen seguía en el suelo, respirando de forma irregular, con las manos apoyadas en el cemento frío. Kai continuaba a su lado, sin decir nada, simplemente quedándose allí con ella.

Nico estaba unos metros más atrás, atento a las salidas y al movimiento de la gente. No se acercó, pero Airen sabía que estaba pendiente.

—Airen —dijo Kai.

Ella no respondió. Seguía mirando al fondo del andén, donde Logan permanecía en el mismo sitio, quieto entre las últimas personas que se marchaban, como si todo lo que acababa de pasar no hubiera tenido nada que ver con él.

—Tenemos que salir de aquí —insistió Kai.

Airen negó levemente.

—No.

—No podemos quedarnos aquí.

—Yo sí. —Se incorporó despacio. Sentía el cuerpo extraño, como si todavía no hubiera terminado de recuperar el control después de lo ocurrido—. Vete, Kai.

Hubo un pequeño silencio.

—No —dijo él.

Airen lo miró por primera vez desde que había caído al suelo. El vínculo entre los dos seguía ahí, más tenso que antes, igual que todo después de lo que había pasado en el andén.

—No te lo estoy pidiendo.

Kai sostuvo su mirada unos segundos, los suficientes para entender que no iba a hacerla cambiar de idea.

—Cinco minutos —dijo al final—. No más.

Airen no respondió.

Kai se apartó, aunque no demasiado. Nico lo miró desde el otro lado del andén y Kai negó apenas con la cabeza, como si le pidiera que esperara.

Entonces Airen empezó a caminar hacia Logan, despacio al principio, luego, con más firmeza. Se detuvo a unos metros de él y levantó la vista.

—No has hecho nada.

Logan sostuvo su mirada.

—No.

—Podías haberlo parado.

—Sí.

Airen esperó. Cuando Logan no añadió nada más, dio un paso hacia él.

—Entonces, ¿por qué no lo has hecho?

Logan tardó un momento en responder. Primero miró alrededor: el andén casi vacío, las últimas personas alejándose, los restos de lo que acababa de pasar todavía presentes en el aire. Luego volvió a mirarla.

—Porque necesitabas verlo.

—¿Ver qué?

—Hasta dónde llega.

—Eso no me sirve de nada.

—Ahora mismo es lo único que importa.

Airen apretó la mandíbula.

—La gente estaba sufriendo.

—La gente siempre sufre —dijo Logan—. La diferencia es si entiendes por qué.

Eso le dolió, no solo por lo que decía, sino por la tranquilidad con la que lo decía.

—No puedes justificarlo así.

—No lo estoy justificando.

—Lo estás permitiendo. Es lo mismo .

Logan sostuvo su mirada unos segundos.

—No siempre puedes impedir todo lo que ves venir.

Airen frunció ligeramente el ceño. Esa no era la respuesta que esperaba. No sonaba como alguien intentando defenderse, sonaba como alguien que hablaba de algo que ya había vivido antes.

—Sabías que iba a pasar.

—Sí.

—Y no hiciste nada.

—No.

Airen bajó la vista un instante antes de volver a mirarlo.

—¿Y si no puedo controlarlo?

No lo dijo como una amenaza ni como un desafío, sonó más a miedo que a otra cosa.

Logan no apartó la mirada.

—Controlarlo no es lo que tienes que hacer.

—Entonces, ¿qué?

Logan dio un paso hacia ella, uno solo, pero suficiente para que Airen notara la distancia entre los dos de otra manera.

—Entenderlo. —Airen no retrocedió—. Ya has estado aquí antes.

Airen sintió un golpe seco en el pecho.

—No. No recuerdo nada de esto.

Logan asintió apenas.

—Ya lo sé .

—Entonces, no hables como si supieras cosas que no puedes demostrar.

Por un instante, parecía que Logan iba a sonreír, pero el gesto no llegó a aparecer.

—No necesito demostrártelo.

Airen lo miró con rabia.

—Claro, solo tengo que creerte.

—No —dijo Logan—, solo tienes que dejar de negar lo que ya estás empezando a reconocer.

Airen sostuvo su mirada, intentando encontrar algo que desmontara lo que acababa de decirle, una duda, una grieta, algo.

No encontró nada, porque durante un segundo sintió que una parte de ella sí entendía de qué estaba hablando Logan. No era un recuerdo claro, era algo más: la sensación de que había una respuesta cerca, pero todavía fuera de su alcance.

Airen dio un paso atrás.

—No juegues conmigo.

Logan negó muy levemente.

—Si estuviera jugando contigo, ya lo sabrías.

Y eso fue lo incómodo: no parecía una amenaza, más bien, una verdad.

Airen respiró hondo.

—Dime la verdad.

Logan la miró y entonces dudó. Fue algo mínimo, casi imperceptible, pero Airen lo vio, y eso fue lo más inquietante de todo lo que había pasado en aquel andén: Logan había dudado.

—Todavía no.

La frase le cayó encima peor de lo que esperaba.

—Siempre es «todavía no».

Logan no respondió.

Poco a poco, el andén volvió a llenarse de ruido y movimiento, como si la gente necesitara convencerse de que todo había terminado.

Kai se acercó otra vez a ella. No dijo nada, solo se quedó a su lado.

Airen seguía mirando a Logan.

—Esto no termina aquí.

—No —dijo Logan—. Ahora es cuando empieza.

Airen se quedó quieta, con la sensación de haberse quedado a un paso de entender algo importante, con la certeza de que Logan seguía guardándose justo la parte que más necesitaba saber y de que, cuando por fin la dijera, nada de lo que Airen creía entender iba a encajar igual.