Roto
Después del encuentro en la calle, ninguno habló demasiado.
Logan, Ethan y Liam se fueron sin darles más respuestas. Simplemente se alejaron como si la conversación hubiera terminado porque ellos lo habían decidido.
Airen, Kai y Nico siguieron andando. No sabían hacia dónde al principio, solo querían alejarse de la sensación de que los tres Nahdir seguían ocupando el espacio incluso después de haberse marchado .
Entraron al metro unos minutos después, y Airen lo notó antes de bajar del todo al andén. No era un ruido ni un movimiento extraño, era algo más pequeño, casi invisible. La sensación de que algo no encajaba.
Se detuvo en mitad del andén. Kai se giró hacia ella.
—¿Qué pasa?
Airen no respondió enseguida. Miró alrededor, intentando entender qué era exactamente lo que la estaba molestando.
La gente esperaba el tren como cualquier otro día. Algunos miraban el móvil, otros hablaban entre ellos. Nada parecía fuera de lugar, pero los vínculos sí, no estaban donde debían.
Una mujer tenía la vista fija en la pantalla del teléfono. A su lado, un hombre esperaba en silencio sin mirarla siquiera. El vínculo entre los dos estaba demasiado tenso, demasiado cargado, como si alguien hubiera tirado de él desde fuera hasta deformarlo.
Airen ya había visto algo parecido antes, en el bar, alrededor de los hombres de Logan. Aquello no era natural, era algo manipulado.
Miró a Kai.
—Algo no está bien.
El tren llegó y las puertas se abrieron. La gente empezó a entrar sin pensar, como cada día. Y entonces pasó: el vínculo se rompió .
No hubo un gesto visible. Nadie habría sabido decir qué había pasado, pero Airen lo sintió de golpe, como si algo que llevaba demasiado tiempo aguantando hubiera terminado por ceder.
La mujer levantó la cabeza del móvil y miró al hombre. Su expresión no era normal, demasiado fija, vacía, y entonces gritó.
No fue un grito limpio. El sonido salió roto, como si algo se hubiera quedado atrapado a mitad de camino.
El hombre dio un paso atrás y en su pecho apareció la distorsión.
No era una mancha, era exactamente lo mismo que Airen había visto en el bar: esa deformación extraña, como si algo hubiera sido recolocado a la fuerza.
—Salid —dijo Nico.
Pero ya era tarde.
El ambiente del andén cambió de golpe. El aire se volvió más pesado, más cerrado, y la gente empezó a moverse primero despacio, confundida, intentando entender qué estaba pasando, y después demasiado rápido.
Los vínculos comenzaron a romperse uno tras otro. Airen los veía desaparecer sin poder seguirlos todos a la vez.
Una pareja se separó de golpe, como si de pronto no soportaran estar cerca. Un hombre cayó al suelo mirando alrededor sin entender qué había pasado. Una chica se llevó las manos al pecho, con los ojos abiertos de par en par, incapaz de explicar lo que estaba sintiendo.
—Airen —dijo Kai—. Nos vamos.
Pero ella no se movió, porque acababa de entenderlo. Aquello no era un accidente. Nadie había perdido el control, alguien estaba moviendo la deuda allí dentro, en ese momento, con intención. Y no lo hacía para controlar, lo hacía para romper.
Airen dio un paso adelante. Otra vez estaba en el centro de todo, justo donde las cosas empezaban a romperse.
—Para —dijo.
No iba dirigido a nadie en concreto. Ni siquiera sabía si alguien podía escucharla. La palabra salió sola, en medio del andén, como si decirla fuera lo único que podía hacer.
Y algo respondió.
Durante un instante, todo se detuvo. Los gritos. El movimiento. El ruido del metro. Todo pareció apagarse a la vez, como si el andén entero hubiera contenido la respiración.
Entonces lo vio: Logan estaba al fondo del andén. No intervenía, no hacía nada, permanecía quieto entre la gente, con las manos en los bolsillos y los ojos clavados en ella. Solo estaba observando, como si aquel momento fuera exactamente lo que había ido a buscar .
El mundo volvió de golpe. El ruido, las luces, la gente empujando, las voces mezclándose unas con otras.
Airen cayó de rodillas. Le faltó el aire durante un instante. Tenía el pecho apretado y las manos temblando contra el suelo.
Kai llegó enseguida a su lado.
—Airen, mírame.
Pero ella seguía mirando a Logan.
Él no se había movido. Seguía al fondo del andén, quieto, sosteniéndole la mirada, y, por primera vez, la pregunta ya no era qué estaba pasando, eso empezaba a entenderlo, la verdadera pregunta era por qué Logan la miraba de aquella manera, como alguien que llevaba muchísimo tiempo esperando que algo ocurriera.