Las Manchas Invisibles: Ella te vio primero (Nahdir 1) El lugar
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El lugar

Nico se quedó quieto en mitad de la acera, con la mirada fija en un punto que ninguno de los otros dos podía ver.

—El rastro no se está moviendo —dijo.

Airen lo notaba también, un tirón constante hacia algún lugar de la ciudad, como si algo dentro de ella llevara horas orientándose en esa dirección.

Kai miró a Nico.

—¿Logan ?

—Su rastro —respondió Nico—. Lleva horas detenido en el mismo sitio.

Airen sintió que la presión en el pecho se hacía más clara.

—Nos está esperando.

Nadie lo discutió.

El lugar estaba al otro lado de la ciudad. No era una dirección exacta, sino una zona: un rincón entre calles más transitadas, de esos sitios que parecen estar ahí sin que nadie se fije demasiado.

Hicieron parte del camino en metro y el último tramo andando. Nadie habló.

Cuanto más se acercaban, más clara se hacía la sensación dentro de Airen. No era dolor, tampoco miedo, era la certeza incómoda de estar yendo justo hacia donde alguien quería que fuera.

—Es aquí —dijo antes de que Nico se detuviera.

Él la miró.

—Sí.

El edificio era antiguo, con la fachada de piedra oscura, ventanas estrechas y la puerta principal entreabierta, como si alguien hubiera pasado hacía poco y no se hubiera molestado en cerrarla del todo.

Airen se quedó quieta frente a la entrada. Lo notaba. No era como las manchas ni como los vínculos, era una sensación distinta, pero, aun así, había algo en ella que reconocía .

Kai miró la puerta.

—No me gusta.

—Ya —dijo Airen, pero no se movió.

Entraron. El interior estaba vacío, aunque no parecía abandonado. No había polvo acumulado ni muebles rotos, solo paredes desnudas y un pasillo largo que llevaba hacia el fondo.

Nico avanzaba más despacio que los otros dos, atento a algo que Airen no podía ver.

—El rastro está por todas partes —dijo—, no viene de un solo sitio.

Airen se detuvo.

—Porque no es un rastro.

Kai la miró.

—Entonces, ¿qué es?

Airen recorrió el pasillo con la vista.

—Una señal.

Llegaron a una sala al fondo. Era más amplia que el resto, con el techo alto y las paredes desnudas. Estaba vacía excepto por una cosa.

El símbolo ocupaba la pared del fondo, grabado directamente sobre la piedra. Era el mismo símbolo, pero este parecía más antiguo, más profundo, como si no lo hubieran dibujado allí, sino como si siempre hubiera formado parte del lugar.

Airen avanzó un paso sin darse cuenta.

—No lo toques —dijo Kai .

Ella no respondió. No necesitaba tocarlo para entenderlo: el símbolo no estaba allí para marcar el edificio. Estaba allí por ella.

—Habéis llegado —dijo una voz a su espalda.

Kai se giró de golpe, Nico también.

Airen no. Ella ya sabía que Logan estaba allí, lo había sentido incluso antes de entrar. Se volvió despacio.

Logan estaba junto a la puerta. Solo, sin los otros dos, quieto, como si todo estuviera ocurriendo exactamente como esperaba. Sus ojos fueron directos a Airen.

—Has tardado menos de lo que pensaba.

Airen sostuvo la mirada. Aquella sensación volvió, la misma que había sentido en el bar. No sabía de dónde venía, pero cada vez era más difícil fingir que no existía.

—Nos estabas esperando.

Logan inclinó ligeramente la cabeza.

—Claro.

Kai dio medio paso hacia delante.

—Si esto es una trampa…

Logan lo miró apenas un segundo.

—Si lo fuera, ya sería tarde.

Kai no respondió, porque tenía razón.

Airen dio un paso más.

—¿Por qué aquí?

Logan miró el símbolo de la pared antes de volver a fijarse en ella .

—Porque aquí empezó todo de verdad.

—¿Y ahora qué?

—Ahora quiero ver hasta dónde puedes llegar.

—No has venido a detenernos.

Una leve sonrisa apareció en la cara de Logan.

—No. —Hubo un pequeño silencio antes de que volviera a hablar—. He venido a ver si ya estás lista.

Nadie preguntó para qué, porque todos entendieron lo mismo al escucharlo.

Todavía no sabían qué esperaba Logan de Airen, pero Logan no añadió nada más.

Durante unos segundos, nadie se movió. Kai seguía pendiente de él; Nico, del rastro que llenaba la sala; y Airen, del símbolo grabado en la pared.

—Vete —dijo Logan al fin.

Airen frunció el ceño.

—¿Eso es todo?

—Por ahora.

Kai no esperó a que cambiara de opinión, le tocó el brazo a Airen y los tres salieron de la sala sin darle la espalda del todo.

Logan no los siguió, y eso, de alguna manera, inquietó a Airen más que si lo hubiera hecho.