Las hojas que nos quedan Capítulo 1 — El regreso #2
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Capítulo 1 — El regreso #2

Elena cerró la ventana, decidida a no permitirse aquel tipo de especulación la primera noche de su regreso, y se metió en la cama con la sensación extraña de estar, al mismo tiempo, completamente fuera de lugar y completamente en casa.

A la mañana siguiente, Elena despertó desorientada por unos segundos, el techo inclinado de su antigua habitación resultándole extrañamente ajeno después de años durmiendo bajo el techo plano y anónimo de su apartamento en Madrid.

El sonido de las campanas de la iglesia marcando las ocho la ayudó a situarse: estaba en Robledal, en la casa de su abuela, con toda una librería en crisis esperándola escaleras abajo.

Se vistió con la ropa más práctica que había traído, consciente de que los días siguientes implicarían más polvo y cajas que reuniones de trabajo, y bajó a la cocina donde encontró a Rosario ya vestida y activa, como si llevara horas despierta.

—Pensé que después de un viaje tan largo dormirías hasta tarde —comentó Rosario, sirviéndole café sin preguntar cómo lo quería, dando por hecho, correctamente, que Elena seguía tomándolo igual que de adolescente.

—Las campanas de la iglesia son más eficaces que cualquier despertador que haya tenido en Madrid.

—Ese es precisamente el punto. —Rosario sonrió con satisfacción—. En esta casa, nadie se queda dormido hasta tarde. El pueblo entero se encarga de despertarte a su propio ritmo.

Mientras desayunaban, Rosario aprovechó para ponerla al día de los últimos chismes del pueblo con un entusiasmo que sugería que llevaba tiempo esperando tener a alguien con quien compartirlos: la disputa en curso entre dos vecinas sobre los límites de sus respectivos huertos, el rumor de que el joven maestro de la escuela primaria estaba cortejando discretamente a la hija del farmacéutico, y por supuesto, la noticia de que Mateo Vidal seguía soltero, información que Rosario deslizó con una naturalidad tan poco sutil que Elena no pudo evitar reírse.

—Abuela, no necesito un informe sobre la vida sentimental de Mateo.

—Solo estoy compartiendo información relevante para el pueblo. —Rosario se encogió de hombros con fingida inocencia—. Además, ya viste cómo os mirasteis ayer. No hace falta ser adivina para notar que ahí sigue habiendo algo sin resolver.

Más tarde esa primera noche, después de que Mateo se marchara y Rosario se retirara a dormir, Elena se quedó despierta escribiendo mentalmente una lista de todo lo que necesitaría investigar al día siguiente: el estado exacto de la deuda con el banco, los nombres de posibles proveedores alternativos que pudieran ofrecer mejores condiciones, y una evaluación honesta de cuánto tiempo real tenía antes de que la situación se volviera irreversible.

Desde la cama, escuchó los sonidos nocturnos del pueblo que había olvidado durante sus años en Madrid: el canto ocasional de un búho en algún árbol cercano, el crujido de las vigas de madera de la casa asentándose con el frío de la noche, el murmullo distante de un coche pasando por la carretera principal, tan infrecuente que resultaba casi un evento notable comparado con el tráfico constante de la capital.

Pensó también, inevitablemente, en Diego, su expareja de Madrid, y en la conversación final que habían tenido antes de que ella tomara la decisión de pedir la excedencia.

Él no había entendido su necesidad de ayudar a su abuela, considerándolo un sacrificio excesivo por "una librería insignificante en medio de la nada", palabras que en su momento la habían herido profundamente y que, en retrospectiva, revelaban una incompatibilidad fundamental entre sus valores que quizás explicaba por qué la relación nunca había prosperado del todo a pesar de los dos años que habían compartido.

La diferencia entre la reacción de Diego y la manera en que Mateo había reaccionado ante la misma situación —ayudándola sin cuestionarlo, comprendiendo instintivamente la importancia emocional de lo que estaba en juego— no pasó desapercibida para Elena, aunque todavía no estaba lista para procesar completamente lo que aquella comparación implicaba sobre sus propios sentimientos hacia ambos hombres.

Se quedó dormida finalmente, con la ventana ligeramente entreabierta a pesar del frío, dejando que el aire fresco de octubre y los sonidos familiares del pueblo la arrullaran de una manera que ningún ruido blanco artificial de su apartamento en Madrid había logrado replicar jamás.

A media mañana del segundo día, mientras Rosario atendía a un cliente ocasional, Elena aprovechó para explorar el pequeño patio trasero de la librería, un espacio que recordaba vagamente de su infancia pero que llevaba años sin visitar.

Encontró el lugar cubierto de maleza y hojas caídas, con los restos de lo que alguna vez había sido un pequeño jardín que su abuelo cultivaba con esmero.

—Esto podría limpiarse y convertirse en algo hermoso —pensó en voz alta, imaginando mesas exteriores donde los clientes pudieran leer al aire libre durante los meses más cálidos, quizás con algunas plantas aromáticas que recordaran el jardín original de su abuelo.

Aquella tarde, cuando compartió la idea con Mateo, él se mostró inmediatamente entusiasmado, sugiriendo que podría construir un pequeño cenador de madera que sirviera tanto de protección solar como de elemento decorativo adicional para el espacio.

—Es un proyecto para más adelante, probablemente para la primavera —advirtió Elena, consciente de que ya tenían suficiente en su lista de tareas inmediatas—. Pero me gusta la idea de ir pensando en el desarrollo a largo plazo del espacio, no solo en resolver la crisis inmediata.

—Pensar en el futuro es señal de que crees genuinamente que vamos a superar esta crisis —observó Mateo, con una sonrisa que reflejaba tanto optimismo como afecto—. Eso ya es un progreso considerable comparado con la desesperación que sentías cuando llegaste hace apenas dos días.

La observación, aunque simple, le hizo notar a Elena cuánto había cambiado su perspectiva emocional en tan poco tiempo, pasando de una sensación de crisis inminente a una determinación esperanzada sobre las posibilidades futuras del negocio familiar.