Las estrellas que perseguimos (Amor y otros sueños 5) Epílogo
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Epílogo

Dos meses y medio después

Sky

Dejo la maleta en el pasillo y llamo a la puerta del despacho de Kjell antes de entrar.

—¿Estás listo para irnos?

Levanta la vista del escritorio con el pelo revuelto. Entre los periódicos, documentos, bolígrafos y fotos, tiene un aire de profesor despistado.

—¿Qué hora es? —pregunta con un matiz de pánico en la voz.

—Llego temprano, no te preocupes —digo con una sonrisa mientras me acerco a él.

Rodeo el escritorio y me planto justo delante de Kjell, que gira la silla hacia mí.

En seguida me viene a la mente la cena sorpresa que le preparé a principios de año, cuando me senté a horcajadas sobre él.

Fue el comienzo de nuestra primera noche juntos.

El recuerdo de aquel momento me arranca un suspiro satisfecho.

Igual que entonces, me deslizo sobre sus muslos y entrelazo las manos en la nuca de Kjell.

—Para empezar, hola —murmuro con voz suave, y lo beso con todo el amor que siento por él.

Nos fundimos en el beso durante minutos, tan hondo que me olvido de dónde estamos.

—Hola a ti también —musita Kjell contra mis labios, y luego pone algo de distancia entre nosotros—. ¿Y bien? —pregunta con curiosidad.

Por mucho que me encantaría engañarlo, no puedo evitar que las comisuras de mi boca se curven hacia arriba.

—He conseguido el trabajo —digo.

Vaya. Decirlo en voz alta es una sensación increíble. Irreal.

—Sky Blohm, diseñadora.

Sus ojos brillan de orgullo. Es fantástico.

Lo es. Estuve semanas enviando solicitudes sin éxito, pero la marca joven Nordik Vogue me va a dar una oportunidad. Al principio seré la mano derecha de la diseñadora, pero eso es solo el comienzo. Me mantendré por mí misma. Es justo lo que quiero, pese a lo que sucedió hace tres semanas.

Mi padre y yo tomamos un café en pleno centro de Estocolmo, delante de todo el mundo.

Y por primera vez hablamos como deberían hablar un padre y su hija adulta: sin juegos de poder, pero con un intento honesto de comprendernos.

Quedan muchas cosas sin decir y otras siguen sin haber sido resueltas.

Aun así, fue un comienzo, o al menos eso quiero creer.

Vuelvo a besar a Kjell con pasión, porque se lo debo todo a él. Si no nos hubiéramos conocido, seguiría persiguiendo la mayor mentira de mi vida.

A regañadientes, me separo de él, pero tenemos algo importante por delante que no podemos perder de vista. Llevo meses esperando la boda de Aurora, y pasado mañana por fin será el día.

—Si no queremos perder el vuelo, será mejor que… —digo, inclinando la cabeza hacia la puerta.

—Rumbo a la Toscana —responde con una sonrisa amplia—. Dame cinco minutos para enviar el reportaje sobre el centro de priorización.

—Claro —respondo, sonriendo mientras me incorporo de su regazo.

Mientras él remata el artículo que ha llevado tan cerca del corazón durante tanto tiempo, yo me acerco a la pared de enfrente. Allí cuelgan las dos publicaciones que mandé enmarcar para Kjell.

Las dos crónicas que no solo cambiaron mi vida, sino que también le dieron un nuevo comienzo a Sanningens Ögonblick .

La primera es la entrevista que le concedí a Kjell después del desfile. Fue el paso final de mi liberación. Todo salió a la luz, y aquello que me había aterrorizado durante años, de pronto, dejó de tener poder sobre mí.

El escándalo que mi padre había vaticinado nunca llegó a producirse.

Suecia habló de mí solo unos días. Luego la prensa perdió el interés con rapidez.

Touch av lyx no sufrió ningún daño. Al contrario, después de que Chloe Morrigan pisara la alfombra roja con un vestido de la firma, el negocio se disparó.

Así que mi padre se quedó sin armas contra mí, pero en nuestra reunión también entendí que, en realidad, tampoco habría llevado a cabo su amenaza.

Por fin era libre, justo como había querido ser toda mi vida.

Me detengo ante el segundo artículo y recorro el fino marco con la yema de los dedos. Es el texto que me alcanzó en uno de los momentos más difíciles de mi vida y me dio fuerzas.

El titular dice: «Del fulgor de nuestras estrellas».

Como tantas veces en las últimas semanas, leo las primeras líneas del artículo.

A veces miramos el cielo nocturno y no deseamos nada más que arrancar una de las estrellas del firmamento.

Porque esperamos que nos guíe con su resplandor.

Porque creemos que la necesitamos para brillar.

Y porque todavía no hemos entendido que brillamos más que todas las estrellas del mundo simplemente por ser quienes somos.

Hoy me siento igual que entonces, a pocos minutos del gran desfile. Noto la fuerza de esas palabras. Me hicieron fuerte, me dieron el valor de jugármelo todo y salir a la pasarela.

A veces tomamos decisiones equivocadas por los motivos correctos. Porque nos falta valor. Porque tenemos miedo de perder algo. O simplemente porque queremos proteger a alguien.

En ese momento lo supe. Supe por qué me había ocultado su verdadera identidad. Y supe que, con este artículo, intentaba decirme exactamente eso.

A veces creemos conocer la verdad y nos negamos a profundizar. Porque tenemos miedo del «por qué» que podría poner nuestro mundo patas arriba. Porque todos intuimos que nuestras historias no están hechas solo de letras negras sobre papel blanco. Y porque tememos lo que se esconde entre líneas.

No puedo evitar sonreír cuando el texto frente a mis ojos empieza a volverse borroso.

Pero somos quienes somos. Nuestros errores forman parte de nosotros, igual que nuestras fortalezas. Eso es lo que nunca debemos olvidar. Ni por nosotros mismos, ni, desde luego, tampoco por las personas que nos aman , alcanzo a leer antes de que las lágrimas empañen mi vista.

De pronto, siento los brazos de Kjell rodeándome por detrás. Su calor me envuelve.

—Es tan hermoso —digo con la voz temblorosa. Cada vez, este artículo llega hasta lo más hondo de mi corazón.

Él apoya la mejilla en la mía y mece suavemente mi cuerpo de un lado a otro.

—Cada palabra de este artículo la escribí para ti.

Y aun así llegaron a toda Suecia. ¿Quién sabe cuántas personas se reencontraron gracias a su artículo?

¿Cuántas se abrazaron por primera vez en mucho tiempo?

¿Y cuántas, junto conmigo, reunieron el valor para llenar de colores su mundo, ese que otra persona había pintado exclusivamente en blanco y negro?

Kjell y sus padres, desde luego, lo hicieron.

Hablaron de todo y, aunque él ya sospechaba que las mentiras de sus padres no eran más que un intento desesperado de protegerlo y de proteger su idea de una familia feliz, aquella conversación por fin cerró sus heridas.

Me giro despacio hacia él y lo beso, agradecida por todo lo que ha hecho en mi vida y en la de tantas otras personas.

Lágrimas sueltas resbalan por mis mejillas. Me imagino que, a la luz de la lámpara colgante de la redacción, se parecen un poco a estrellas. Cómo dejan un rastro brillante en mi piel y se precipitan desde mi mandíbula hacia lo desconocido.

Las dejo ir.

Igual que la idea que me ha perseguido desde el principio: la necesidad de atrapar una estrella que me haga brillar.

Nuestro amor es esa estrella que estaba persiguiendo. Hoy brilla más que nunca y, muy dentro de mí, siento que nuestra luz no se apagará jamás.