Capítulo 47
Capítulo Cuarenta Y Siete
Sky
El viento helado me entumece los dedos, incluso a través de los guantes. Con la capucha de mi chaqueta de invierno calada hasta taparme casi toda la cara, me asomo a la vuelta de la esquina.
Delante está la entrada para las participantes del concurso. El desfile empieza dentro de una hora y, hasta ahora, no ha habido ni rastro de Touch av lyx.
¿Y si mi padre hubiera retirado nuestra candidatura? Quizá sin decirle nada a Lil porque seguramente se había enterado de nuestra reconciliación.
La esperanza me recorre por dentro. Este es un paso enorme para mí. Hacerlo sin competir directamente con Touch av lyx hace que sea más fácil.
Pero el miedo sigue ahí. El miedo a cómo reaccionará mi padre cuando ponga fin a mi juego de esconderme. El miedo a su juicio sobre mis aspiraciones como diseñadora. Y el miedo a que el hombre al que tiene que llegar este mensaje no esté aquí.
Aurora me aseguró que habló con él en persona cuando presentó su denuncia «anónima».
Aunque no pueda saber lo que estoy planeando, sabe que estaré aquí hoy. Y solo eso puede bastar para que decida no venir.
Aprieto contra mí el bolso de viaje donde llevo las sandalias de tiras con tacón de aguja, la plancha del pelo, el costurero, el maquillaje y todo lo necesario para el peinado de mi modelo, Inga.
En la otra mano sujeto el vestido, cuidadosamente envuelto en una funda protectora.
Me separo de la pared helada del edificio y doblo la esquina.
En la puerta enseño la acreditación que me enviaron los organizadores y me deslizo dejando que me acoja el calor oscuro del pasillo interminable.
Dejo la capucha donde está y hundo aún más la cara en la bufanda, por si acaso hay alguien de Touch av lyx por aquí.
Bien arrebujada en mis capas de ropa, avanzo por el pasillo hasta encontrar la puerta con el nombre bajo el que inscribí el diseño: Stjärnor i skyn Designs .
No puedo evitar sonreír. Stars in the Sky Designs . No podría haber un nombre más apropiado.
Ojalá, Inga, ya esté aquí. Que Lil la encontrara fue un auténtico golpe de suerte. Su presencia y su forma de caminar son perfectas para mi vestido.
Todavía no hay motivo para estar nerviosa, pero en cuanto abro la puerta se me acelera el pulso. En poco más de una hora saldré de la sombra de mi padre.
Inga aún no ha llegado. Dejo el bolso de viaje en el suelo y cuelgo el vestido y mi abrigo en el perchero.
Mientras la espero, lo preparo todo. Repaso con cuidado las costuras y el trabajo de pedrería del vestido y luego enciendo la plancha del pelo.
Mientras paso el vapor suavemente sobre la tela, la mirada se me escapa una y otra vez hacia el reloj.
Solo quedan cuarenta y cinco minutos para que empiece el desfile.
Inga tendría que haber llegado hace rato; al fin y al cabo, todavía tenemos que hacerle el peinado y el maquillaje. Además, quiero asegurarme de que el vestido se ajusta a la perfección a su figura.
Mordiéndome el labio inferior, aparto la plancha y rebusco el teléfono en el bolsillo para enviarle un mensaje.
Después me quedo mirando la pantalla, solo para darme cuenta de que aún no ha leído mi pregunta sobre a qué hora va a llegar.
¿Y si ya está en el recinto y no consigue encontrar nuestro camerino en medio de todo este caos?
Sí, tiene que ser eso. Por eso no ha visto mi mensaje. Está dando vueltas por aquí en algún lugar, entre los técnicos de luz y sonido, la gente que monta la escenografía y los demás diseñadores que, a diferencia de mí, han llegado con todo un equipo de ayudantes.
Tengo que encontrarla porque un vestido perfectamente planchado no me sirve de nada sin una modelo.
Me cuelo de nuevo por la puerta y empiezo a buscar. Recorro el sótano cerca de los baños y los pasillos donde están las salas técnicas.
No encuentro a Inga en ninguna parte.
No dejo de mirar el teléfono. Mi mensaje sigue sin ser leído.
—¿Dónde estás? —murmuro, cada vez más presa del pánico.
Esto tiene que salir bien. Cada segundo de esta noche está planificado al milímetro. Solo quedan treinta minutos y no sé cómo vamos a conseguir hacerlo todo en tan poco tiempo.
Tendrá que peinarse ella misma. Y maquillarse también. Mientras tanto, yo perfeccionaré el vestido. Por suerte, salimos las penúltimas. Eso debería darnos… ¿veinte minutos más, quizá? Sí, podría funcionar. Pero solo si la encuentro.
Con el corazón desbocado, irrumpo en la zona de bastidores justo detrás de la pasarela y busco entre la multitud la melena rubia de Inga y su cara llena de pecas.
Me abro paso a empujones, rastreando incluso la zona del público.
Encuentro a Aurora, que ya ha asegurado un sitio en la segunda fila.
Mi madre y Kjell brillan por su ausencia.
Vuelvo a mirar el reloj. El desfile empieza en veinte minutos. ¿Dónde estará él?
Dios, esto va a acabar mal.
Ni mi modelo ni el hombre al que intento reconquistar han aparecido todavía.
Se me llenan los ojos de lágrimas. Parpadeo para contenerlas. Aún no he registrado toda la zona de bastidores. Voy a revisar hasta el último rincón, eso seguro.
Voy directa al fondo de la zona, donde hay un pequeño recoveco.
De pronto, distingo un destello de pelo rubio entre gente vestida con colores chillones. Un segundo después aparece media cara cubierta de pecas. Tiene que ser Inga.
—Ay, gracias. Gracias, gracias —exclamo, y podría ponerme a llorar otra vez, esta vez de alivio.
Solo unos pasos más, ella me verá y podremos prepararnos para su salida.
¿Y Kjell?
También vendrá. ¡Tiene que venir!
Echo a correr, pero de pronto un grupo de personas se agolpa justo delante de mí y me corta el paso.
A regañadientes, giro a la derecha y me estrello de lleno contra un muro de hormigón.
Esto no puede estar pasando.
—Skady Blohm —brama a mi espalda una voz grave que me hace estremecer sin querer—. ¿No te dije que no volvieras?