Las estrellas que perseguimos (Amor y otros sueños 5) Capítulo 40
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Capítulo 40

Capítulo Cuarenta

Kjell

La línea negra sobre el fondo blanco parpadea. Llevo cuatro semanas mirándola.

Detrás de la ventana, la noche lo cubre todo con la misma oscuridad que me ha rodeado durante todo el día. Escribir este artículo sobre Sky debería ser condenadamente fácil y, aun así, hoy, como todos los días, no consigo poner ni una sola palabra sobre el papel.

Alguien llama a la puerta de mi despacho. Jakob asoma la cabeza.

— Hej .

—Tendrás la historia —suspiré, cansado—, hoy mismo.

Su mirada escéptica se cruza con la mía.

—No tienes por qué hacerlo —me recuerda, como ya ha hecho tantas veces.

—Lo sé.

También sé que el plazo de entrega para el número que saldrá dentro de dos semanas termina mañana y que no tenemos ninguna otra historia que pueda salvarnos. Sé que Sky me rompió el corazón sin pestañear y sé que sus sentimientos hacia mí nunca fueron auténticos.

—Tendrás el artículo hoy.

Mi mejor amigo se apoya en el marco de la puerta con una expresión comprensiva.

—Esto no es fácil para ti.

—Tonterías. Quiero escribirlo —digo, negando con la cabeza mientras ordeno los papeles desparramados sobre mi escritorio—. Lo nuestro se acabó.

Nunca fue real. La mujer de la que me enamoré ni siquiera existe.

Jakob saca un bolígrafo del bolsillo de la camisa y se pone a juguetear con él entre los dedos.

—¿Seguro? Si no, tendré que buscar otra historia para el próximo número.

—Por supuesto —Sueno decidido, como debe ser—Hoy tendrás el artículo —repito con firmeza, y esta vez Jakob parece ceder, aunque a regañadientes.

Su expresión se suaviza.

—Gracias, Kjell. Sabes lo mucho que esto significa para mí.

Al menos uno de los dos será feliz, y eso ya es algo.

—Vete a casa y pasa una buena noche con Merle —digo.

—¿De verdad podrás con esto? —pregunta con cautela, sin que haga falta.

No necesito su compasión. Estoy bien, así que fuerzo una sonrisa despreocupada y hago un gesto despectivo para indicarle que no tiene por qué preocuparse.

—Anda, vete ya.

—Vale. —Se separa del marco de la puerta—. Nos vemos mañana. Avísame si surge algún problema.

No surgirá ninguno. Solo voy a escribir este maldito artículo. Punto.

—Claro —digo de todos modos, para que pueda irse a pasar la tarde tranquilo.

Nos despedimos y luego vuelvo a quedarme solo con la línea parpadeante sobre el fondo blanco.

No hay ningún motivo para no empezar. Y sí hay uno muy bueno para que lo haga.

Desde que Sky me mostró su verdadera cara, no ha salido de mis pensamientos ni un solo segundo. Eso tiene que acabar, y terminará en cuanto ponga fin a nuestra historia común con este artículo.

El artículo será el punto final.

Mi mirada se posa en el montón de papeles que he ordenado con tanto esmero antes.

Encima de todo está la foto de nuestra visita al faro de Öland.

El pelo de Sky se cuela en el encuadre. Recorro las líneas onduladas con la yema del índice.

Entonces, en aquel faro, casi nos besamos.

Recuerdo cuánto lo deseaba, con qué desesperación quería creer que la Sky de la sonrisa abierta, el carácter empático y la historia triste era la Sky auténtica.

De pronto, otros recuerdos se ciernen sobre mí y me pesan como una losa sobre los hombros.

Su cara surcada de lágrimas mientras estaba en cuclillas en el pasillo del hospital. La sonrisa traviesa con la que, al principio, respondía a mis preguntas con más preguntas. Y el instante en que los dos nos olvidamos de ese pequeño juego.

Nuestro baile en la azotea. Contemplar la primera nieve del año, que este invierno no me volvió tan melancólico, únicamente por ella. Nuestro tiempo en Öland, lleno de risas, ternura y la sensación de que podíamos mirarnos dentro del alma. Y el momento en que nos besamos por primera vez.

¿De verdad no me di cuenta en todo este tiempo de que me estaba utilizando?

¿De verdad solo le importaba ella misma?

Para protegerla de su ex sí le servía, igual que para bailar con ella y ayudarla a controlar su adicción.

La consolé cuando estaba triste e incluso arriesgué mi amistad con Jakob por ella.

A cambio, no me concedió ni la más mínima oportunidad de explicarle cómo había acabado metido en este lío.

Por mucho que me duela, es cierto. Siempre quiso una sola cosa: Touch av lyx . El poder y el dinero que venían con eso. Mientras el mundo girara únicamente a su alrededor.

¿Cómo pude creer alguna vez que ella iba a renunciar a sí misma? ¿Cómo pude estar tan convencido de que perseguía los sueños equivocados?

No era así. Sus estúpidos sueños le van como anillo al dedo. Tendría que haberlo visto mucho antes.

—Ya está bien —mi palma golpea con fuerza el escritorio—. No importa —me reprendo a mí mismo mientras aparto los documentos para que dejen de distraerme.

Con los labios apretados, me vuelvo hacia la pantalla y apoyo los dedos en el teclado.

«Las muchas caras de Skady Blohm», escribo como titular.

No es perfecto, pero servirá para el primer borrador. Este artículo tiene que escribirse de una vez por todas. Porque si no lo hago, nunca podré olvidar a Sky.

Y eso es lo único que quiero.

El corazón desbocado, el sabor de sus labios, el sonido de su sonrisa. El cosquilleo justo antes de que nos toquemos, el calor de su presencia y el olor de su piel.

Quiero olvidarlo todo antes de que termine por devorarme.

Así que inspiro hondo. Mientras suelto el aire despacio, reúno todo mi dolor y empiezo a escribir.