Las cenizas del mundo (El despertar de Osharan 4)
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Bienvenida
Querido lector:
Bienvenido de nuevo a Muriath. Bienvenido de nuevo a Muriath. Ha pasado ya un tiempo desde nuestro último encuentro en la tercera parte de El despertar de Osharan.
En La sangre maldita …
Kishur toma la difícil decisión de ignorar la llamada de Alviat, que lo ayudaría a recuperar la corona, para ir a la morada del Dragón, no solo porque Osharan se lo haya pedido, sino también porque piensa que el lago que une Muriath y Asthaluss, el legendario Lashsvaeg, se encuentra allí y cree que podrá poner a salvo a Alhanna de vuelta en su mundo.
Pero el camino no está exento de peligros, pues la propia muerte parece perseguirlos.
Kishur descubre que el demonio encapuchado que habla por el Dragón es el gemelo de Trivaz y pronto se da cuenta de que este es mucho más despiadado que su hermano.
El estado de Kishur empeora, la flecha envenenada que recibió a cambio de salvar a Shudei amenaza su vida.
Alhanna está dispuesta a ir al lado inmortal para evitar que Kishur sufra por ella.
Una vez en la morada, descubre cuál es la verdadera intención del dárico y, aunque trata de resistirse, acaba entrando sola en busca del Lashvaeg.
Pero al sumergirse en el agua, descubre que Kishur ha errado y que es un simple lago.
Una terrible sorpresa la aguarda allí dentro: Osharan aparece frente a ella.
Al otro lado de las puertas, Kishur se derrumba ya moribundo y los dáricos se apresuran a buscar un lugar apacible en el que pueda descansar.
Mientras tanto, Alhanna ha intentado salir de la morada y ha acabado encontrándose con Trivaz, quien la lleva junto a Kishur.
Este logra ponerse en pie con su último aliento y combate contra Trivaz.
Cuando el dárico va a usar la Canción contra él, tiene una visión de su vida como Raehlan que lo distrae.
Osharan aparece en ese instante y cura al dárico del veneno, permitiéndole además quedarse junto a Alhanna.
Buscan refugio en un pueblo humano, pero su viaje se dificulta aún más por culpa del general Gastor, quien ha enviado misivas para destapar la identidad de Kishur y buscar a Alhanna.
El grupo abandona la aldea solo para acabar en una trampa ideada por los Olvidados en la que mueren los comerciantes de Cimeag y también Alfar.
Kishur enloquece tras la muerte de su hermano y se deja arrastrar por la enfermedad de la sangre maldita.
Los dáricos se separan entonces y Trivaz arrastra a Alhanna al lado inmortal.
Tan solo Ghiro permanece junto a su señor.
Antes de eso, Quiazz se recupera en Cimeag con la ayuda de algunos hombres, en especial, la de Pradam.
Cuando estos parten de viaje hacia Sílfhades debido a las tensiones entre dáricos y humanos, el joven se marcha con ellos con la intención de volver a Marial-Pat.
Durante el viaje se enfrenta a sus miedos y pesadillas, y se contagia del cariño que le ofrece la familia de Pradam y el resto de comerciantes.
Pero el anciano Castar sufre un desafortunado accidente que detiene la carava en el Bontar y Quiazz toma la decisión de continuar solo.
Se adentra en tierras de Alviat y tiene un desagradable encuentro con una patrulla de escáreas.
Ádria y Mayara, que habían ido tras él, lo salvan y Quiazz logra huir. A cambio, los hajaeks son arrestados.
Kishur emprende una sanguinaria venganza en busca de los asesinos de Alfar y acaba con la vida de muchos mercenarios.
Las sabias palabras de Ghiro consiguen que recapacite y vaya al hogar del que fuera su maestro: el Orfebre.
Allí se somete a una dolorosa recuperación a la vez que acepta ser la reencarnación de Raehlan-Tae.
Trivaz visita al Orfebre para advertirle de una amenaza en el Vacío y para pedirle que vaya a investigar, pues es el único con suficiente poder para ello.
Antes de que Kishur se marche, el Orfebre promete traer de vuelta a Alhanna y le cuenta que sus hajaeks son prisioneros en Alviat.
El dárico decide partir de inmediato para salvarlos.
Alviat se tensiona cada vez más, sobre todo con la llegada de los runnenses.
Borat oculta a quien le es leal para así poder conocer a los enemigos de Kishur y estar preparado para su regreso.
Litzzia, la prometida de Kishur, vuelve a la ciudad tras quince ágaras, las mismas que él lleva fuera.
Ante la ausencia del dárico, su compromiso de rompe.
El viaje de Quiazz concluye en una alejada aldea.
Es engañado por una chica a la que debe matar para salvarse, hecho que le causa un gran pesar.
Los compañeros de ella intentan ahorcarlo, pero Gaelos lo impide.
La diosa lo conduce a Marial-Pat a través de una brecha y Quiazz se reencuentra allí con Gastor.
El día que van a ejecutar a Mayara y Ádria, Alhanna aparece en la sala del trono acompañada del Orfebre.
La presencia de la joven genera una gran conmoción.
Cuando Litzzia se ofrece a llevarla junto al Qad’has, Alhanna la sigue sin dudar.
Se acerca al árbol, pero las flores la rodean para devorar su lanfe.
Es Osharan quien la salva al hacer acto de presencia.
Los hajaeks que vigilan el recinto donde se encuentra el Qad’has atacan a Alhanna y ella se deja llevar por su rabia, lo que provoca un gran caos en la ciudad.
Cuando Kishur y Ghiro llegan a Alviat, contemplan consternados cómo las llamas provocadas por Alhana engullen varios edificios.
Trivaz los alcanza con el mensaje de Osharan de que Kishur debe darse la vuelta.
A cambio, el dárico le pide que saque de allí a Alhanna y a sus hajaeks.
Sin embargo, ellos dos ya han escapado de la cárcel, momento que Ádria aprovecha para confesarle su amor a la dárica.
El uso de la endomia de Alhanna atrae al ejército del general Jael, uno de los demonios más poderosos.
No se enfrentan a ellos solos, porque varios grupos de soldados que salen de la ciudad para perseguir a Ádria y Mayara se unen al dárico gris.
Los dos hajaeks caen ante los demonios, ambos heridos de gravedad.
Es Kishur quien logra poner fin a la lucha al derrotar a la mayoría de sus enemigos.
Pero antes de poder reunirse con sus hajaeks y con Alhanna, acude a su encuentro el mismo Jael con la intención de darle muerte.
Como Kishur intuye que Osharan va a exigirle un gran sacrificio, le pide que salve la vida de Ádria y Mayara a cambio, y este lo hace, pero solo mientras estén al servicio del dárico.
Una vez ha acabado todo, Trivaz le comunica a Kishur que Osharan lo requiere para luchar en su nombre como su nuevo Guerrero, y que deberá acudir al Vacío para enfrentarse a los seres que devoran el mundo venidero y ponen en peligro Muriath.
Alhanna descubre con gran estupor la verdad sobre su llegada a Muriath. Y es que murió cuando la espada atravesó su vientre y el cuerpo que posee es solo una fuente de energía sellada por el tatuaje por Asthaluss.
Por último, el Orfebre arrastra a Kishur a través de los sueños para comunicarle que va a unirse a los devoradores del mundo venidero.