Las cenizas de Ashbrook 6
14%

6

Le dio el expediente de Ethan Vance sin ningún problema, porque estaba cerrado.

Eso fue lo que dijo Doyle: está cerrado . Y se lo dio. Ochenta y una páginas, una carpeta de cartulina, marzo.

Rebeca lo pidió porque le sobraba tiempo, no porque sospechara nada. Eran las siete de la tarde de un viernes, no llevaba el caso, no tenía a quién interrogar y no pensaba pasarse la noche en el motel mirando la caja.

Accidental.

El instituto dijo que Ethan Vance no consumía. Lo dijo el orientador, lo dijo el entrenador y lo dijeron tres compañeros de clase, y está en las páginas veinte a veinticuatro, las tres.

Los padres dijeron que sí. Que llevaban un año con eso. Que lo habían intentado todo.

Se cerró con la versión de los padres, porque los padres son los padres, y porque en el condado de Worcester se muere un chaval de esto cada nueve días, y porque cuando un padre te dice llorando que su hijo consumía nadie de este mundo le pide el segundo testigo.

Rebeca leyó lo del coche tres veces.

El coche estaba parado en el camino de servicio del molino, apuntando al molino. No en el arcén, no en el aparcamiento del cementerio, no detrás del Cumberland Farms. Ahí.

Y ella pensó: emplazamiento.

Pensó: lo puso mirando.

Y no pensó lo único que había que pensar, que es que el camino del molino es el único sitio de Ashbrook donde a las diez de la noche no hay absolutamente nadie.

El teléfono no apareció nunca.

Estaba en la página once, en una línea, sin comentario. No se localiza el teléfono móvil del fallecido. No lo buscaron. No hubo búsqueda, no hubo requerimiento a la operadora, no hubo nada, porque no había caso. Cuando no hay caso no se busca nada.

El primer interviniente fue un agente llamado N. Rivera.

El de la comisaría, pensó Rebeca. El que no decía sí, jefe , el del fondo de la sala, el que la miraba.

Su informe eran dos páginas y estaba bien escrito, mejor que los otros cuatro de la carpeta, y al final, en el apartado de observaciones, donde la mayoría de la gente escribe sin novedad , aquel hombre había escrito tres frases.

Rebeca las leyó dos veces.

El asiento del conductor se encuentra desplazado hacia atrás en su guía. El fallecido medía 1,73 m. Consultado el padre, manifiesta que el vehículo era de uso exclusivo del fallecido.

Y nada más. Ni una conclusión, ni una petición, ni una hipótesis. Un agente de veinticuatro años había mirado un asiento en marzo de este año, había hecho la resta, había escrito tres frases planas en la casilla de observaciones y las había dejado ahí.

Nadie las había recogido.

Rebeca miró la fecha del informe y miró la fecha de cierre del expediente y había seis días entre las dos.

Cerró la carpeta y se quedó un rato con la mano encima.

Alguien más alto que Ethan Vance había estado sentado en aquel coche.