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Las cenizas de Ashbrook

Las cenizas de Ashbrook

Por Lucy W. Gilbert

© inepub.com

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La radio local llevaba veinte minutos con el parte de la manzana.

Dijo Sarah Koski igual que había dicho McIntosh .

Luego dio el tiempo. Treinta y un grados, humedad alta, tormenta por la tarde en el oeste del condado.

Rebeca no cambió de emisora.

La Ruta 2 iba subiendo hacia el norte entre paredes de granito cortadas a barreno en los años treinta, y a los dos lados el bosque estaba tan verde que parecía otra cosa, algo que se pudiera comer.

Julio en Massachusetts era una mentira que duraba nueve semanas.

Ella se acordaba de la mentira. Se acordaba de que aquí la gente pasaba todo el año esperando estos dos meses y que después venía octubre y a los turistas les parecía precioso, y en noviembre se acababa el color y quedaban siete meses de lo otro.

El teléfono sonó a la altura de Athol.

Lo tenía en el asiento del copiloto, boca arriba, encima de una carpeta. Lo puso en manos libres sin mirar el nombre.

—Graves.

—Jefe.

Doce años. Sonaba igual. Sonaba a hombre que habla con la mandíbula quieta.

—Puedo moverlo a la semana que viene, si te viene mejor —dijo Doyle—. Aquí no se va a mover nada. Lo tuyo lo entiendo.

—Estoy a cuarenta minutos.

Hubo una pausa. Fue una pausa corta y limpia, y Rebeca la oyó entera.

—No te esperaba hasta el lunes.

—Estaba en Springfield. Otro asunto.

—Ya.

Y no preguntó nada más.

Rebeca había salido de Quantico a las cinco de la mañana. Llevaba ocho horas y veinte minutos conduciendo y la asignación le había llegado el miércoles por la tarde, y Springfield estaba a hora y media en la dirección contraria y no había puesto un pie allí desde un curso en 2019.

Fue lo primero que le dijo a Emmett Doyle en doce años.

—Te he dejado sitio en la 2A —dijo él—. El Colonial. No es gran cosa.

—Me vale.

—Ya lo sé.

Colgó él.

Rebeca condujo veinte minutos más sin música y sin radio y sin pensar en nada que pudiera contarle a nadie. A la salida 25 no miró el navegador. Llevaba sin mirarlo desde Athol, y cuando se dio cuenta de eso ya había puesto el intermitente.

La carretera del condado bajaba en una curva larga con el arroyo a la derecha, y el arroyo iba bajo, como iba siempre en julio, enseñando las piedras. Después había un puente de hormigón de un carril con la barandilla abollada por el mismo sitio de siempre, y después el cartel.

ASHbrOOK, MASS. INCORPORATED 1764

Ashbrook, Massachusetts. Municipio desde 1764.

Estaba en el mismo poste. La pintura se había ido a un blanco de hueso y el borde de arriba tenía el mismo golpe de quitanieves que tenía cuando ella iba al instituto. Doscientos sesenta y dos años de ayuntamiento y una quitanieves.

Debajo habían atornillado otro.

Ese era nuevo. Verde oscuro, con las letras en oro y una silueta de fresno estampada en una esquina, del tipo de cartel que se encarga a una empresa de Worcester y viene con soportes de aluminio y garantía.

HOME OF THE ASH ASSOCIATION FESTIVAL Third Weekend in October

Sede del Festival de la Asociación de Ceniza. Tercer fin de semana de octubre.

El de abajo estaba impecable.