CAPÍTULO 33 — El Eco que Queda
BLOQUE 1
Gabriel volvió a Vilarmide una última vez antes de emprender, finalmente, el largo pospuesto viaje hacia Italia, encontrando la propia iglesia de San Bartolomé ya con los primeros andamios de restauración instalados,
el pueblo entero recuperada por completo su tranquilidad habitual tras semanas de agitación excepcional.
Freixeiro, encontrándolo junto a la propia entrada del templo, lo recibió con la misma calidez genuina de siempre.
---Las campanas ya no suenan solas, por si se lo preguntaba ---comentó, con una sonrisa considerable---. Desde que las turbinas se reubicaron, todo volvió al silencio habitual. Aunque debo admitir que, después de tantas noches escuchándolas, casi las extraño un poco.
Gabriel, sonriendo ante aquella confesión genuina, sintió que capturaba, con considerable precisión, el propio afecto inesperado que aquel fenómeno curioso había terminado generando en toda la comunidad local.
BLOQUE 2
Lucía, Adrien y el resto del equipo se unieron poco después, reunidos una última vez junto a la propia iglesia antes de que cada uno retomara sus propias responsabilidades pendientes, con el viaje a Italia ya programado para la semana siguiente.
---Siete refugios todavía esperando a ser encontrados ---comentó Adrien, revisando en su propio teléfono el mapa preliminar que habían empezado a construir a partir de los cálculos obtenidos del pergamino---.
Va a ser un trabajo considerable, distribuido entre las próximas investigaciones que todavía nos quedan por delante.
Gabriel, considerando aquella magnitud pendiente con la misma determinación de siempre, sintió sin embargo una satisfacción considerable ante el propio desenlace de aquel tomo particular, tan distinto de cualquiera de los anteriores en su propia naturaleza fundamentalmente colaborativa.
BLOQUE 3
El teléfono de Gabriel vibró en aquel momento, con un correo electrónico que revisó con curiosidad considerable dado el remitente desconocido.
"Doctor Llorente: mi nombre es Mónica Barreiro. Trabajo como voluntaria en el propio centro de interpretación de Finisterre, el mismo lugar donde, según entiendo, empezó formalmente esta larga investigación que usted lleva años liderando. Encontré,
entre documentos donados recientemente por una familia local, algo que menciona explícitamente 'un custodio final, todavía sin nombrar, que debe completar lo que Ambrosio Llorente dejó pendiente hace casi un siglo'. Creo que necesita ver esto usted mismo, cuanto antes."
Gabriel, sintiendo que el corazón se le aceleraba ante la mención directa de su propio bisabuelo, y ante la propia posibilidad de que la saga completa, después de tantos tomos enteros, regresara finalmente al lugar exacto donde todo había comenzado, compartió aquel mensaje con el resto del equipo,
todavía reunido junto a él frente a la iglesia recién protegida.
---Parece que Italia va a tener que esperar un poco más ---dijo, con una mezcla de cansancio genuino y la misma curiosidad inagotable que lo había acompañado desde el primer día en Bobbio---. Finisterre nos está llamando de vuelta.