Las Campanas de Burgos (Los Secretos de España 1) CAPÍTULO 32 — Toda Burgos volvió a escuchar el himno #2
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CAPÍTULO 32 — Toda Burgos volvió a escuchar el himno #2

BUMMMMM…

La cavidad respondió.

Después otra campana.

CLONG…

Lucía observó los niveles.

—Algunos elementos están entrando en vibración.

Una barandilla metálica.

Los cristales de una puerta interior.

Una lámpara suspendida.

Nada imposible.

Cualquier objeto podía responder de manera más perceptible cuando recibía determinadas componentes sonoras próximas a sus propias frecuencias de vibración.

Para los presentes, sin embargo, el efecto era impresionante.

Parecía que diferentes sectores del edificio respondieran a los toques.

Padre Esteban se acercó.

—Ahora entiendo las crónicas.

Adrián lo miró.

—¿Qué parte?

—Cuando decían que la Catedral contestaba.

Una nueva campanada.

El eco atravesó la nave.

Durante varios segundos nadie habló.

Después ocurrió algo que ninguno esperaba.

Desde la plaza comenzó a escucharse una melodía.

No procedía de ningún equipo.

Eran personas.

Un pequeño grupo situado cerca de la puerta había comenzado a cantar.

Padre Esteban reconoció la melodía.

—El canto de la vigilia.

Algunos asistentes habían participado en la ceremonia anterior y conocían aquella línea melódica.

Otros comenzaron a sumarse.

La voz colectiva penetró en la Catedral y se mezcló con la reverberación del edificio.

Lucía observó la pantalla.

—Está entrando en parte de las mismas bandas que la grabación.

Adrián miró hacia la puerta.

Aquella coincidencia no demostraba que siglos atrás hubiera existido un mecanismo perfectamente diseñado entre voces, campanas y cavidades.

Pero permitía imaginar cómo determinadas ceremonias pudieron adquirir una enorme fuerza sonora.

Campanas desde las torres.

Cantos desde la nave o la plaza.

Ecos prolongados bajo las bóvedas.

Respuestas procedentes de espacios inferiores.

Quizá por eso el Himno nunca había aparecido completo en ningún documento.

Para intentar reconstruirlo no bastaba con una partitura.

Había que conocer también los toques.

Las pausas.

Los lugares.

Las prácticas de quienes los ejecutaban.

Y las características acústicas del edificio donde habían nacido aquellas tradiciones.

Mateo apareció detrás de ellos.

Sus ojos estaban húmedos.

—Eso es.

Adrián lo miró.

—¿El Himno completo?

Mateo contempló la nave durante varios segundos.

—Así debió sonar.

Era una convicción.

Un recuerdo heredado.

No una demostración.

Pero para él bastaba.

Por primera vez en generaciones, Burgos estaba escuchando una reconstrucción casi completa de aquellos antiguos toques rituales.

* * *

BLOQUE 3

Lucía siguió registrando la secuencia durante unos instantes más.

Después apagó el altavoz oculto.

La voz artificial desapareció.

Las campanas continuaron brevemente.

Una.

Otra.

Finalmente cesaron.

El canto de las personas reunidas en la plaza se mantuvo unos segundos.

Después también terminó.

Y sobre Burgos cayó un silencio extraordinario.

No sobrenatural.

Humano.

Muchas personas acababan de escuchar un toque desconocido y esperaban comprender qué había sucedido.

Dentro de la Catedral, Adrián retiró el altavoz.

El cable recorría la parte posterior de la sillería y desaparecía por una pequeña perforación.

Lucía lo siguió.

—Va hacia abajo.

Encontraron un transmisor conectado a una batería.

Había sido instalado recientemente.

Junto a él aparecía una pequeña placa electrónica programable.

Adrián examinó la configuración.

La secuencia estaba automatizada.

Los distintos dispositivos recibían órdenes en momentos establecidos.

El emisor vocal entraba después.

Todo había sido preparado con anticipación.

—No necesitaban permanecer aquí para ejecutarlo —dijo Lucía.

Adrián observó la programación.

—Pero alguien tuvo que instalarlo.

Y conocía perfectamente los lugares donde debía hacerlo.

Padre Esteban examinó las marcas dejadas sobre la madera.

—No hace mucho.

Mateo permanecía mirando hacia la nave.

—Entonces consiguieron lo que querían.

Adrián negó.

—Consiguieron ejecutar la prueba.

Eso no significaba que hubieran alcanzado su verdadero objetivo.

Reproducir una versión del Himno podía ser solo una etapa.

La pregunta seguía siendo para qué necesitaban conocer su funcionamiento.

Lucía conectó el ordenador al controlador.

Había archivos borrados.

Intentó recuperar algunos.

Varias carpetas aparecieron.

FASE 1 — RESPUESTA INFERIOR

FASE 2 — EMISIÓN CORAL

FASE 3 — PROPAGACIÓN URBANA

Adrián se detuvo.

—Abre la tercera.

El archivo contenía un plano de Burgos.

Nada de ciudades extranjeras.

Nada de una red imposible extendida bajo Europa.

Burgos.

Sobre el mapa aparecían marcados distintos lugares.

La Catedral.

El Arco de Santa María.

San Nicolás.

San Esteban.

Sectores del casco antiguo.

Plazas.

Calles.

Algunos edificios históricos.

Lucía amplió la imagen.

—Son lugares donde hicieron mediciones.

Adrián observó los datos asociados.

Niveles sonoros.

Horarios.

Condiciones meteorológicas.

Posiciones aproximadas.

Notas sobre visibilidad directa de las torres.

Orientación de calles.

Reflexiones producidas entre fachadas.

Los intrusos habían recorrido Burgos registrando cómo se escuchaban las campanas desde diferentes puntos.

Mateo comprendió.

—Querían saber hasta dónde podía reconocerse la secuencia.

Adrián continuó revisando.

En los espacios abiertos predominaba el sonido directo procedente de las torres.

En algunas calles estrechas las reflexiones modificaban la percepción de determinados golpes.

En otras zonas, la propia orientación urbana atenuaba parte de la secuencia.

No había una red secreta bajo la ciudad.

No existían conductos transportando el Himno de edificio en edificio.

Era acústica urbana.

Compleja.

Variable.

Pero completamente real.

Lucía abrió otro documento.

Contenía comparaciones realizadas durante distintas pruebas.

La secuencia podía percibirse de manera diferente según la ubicación del oyente.

Eso explicaba por qué algunos testimonios históricos describían ciertos toques de forma diferente aun cuando procedían de las mismas torres.

—Querían modificar esa percepción —dijo Lucía.

Adrián observó las anotaciones técnicas.

En algunos puntos figuraban referencias a pequeños altavoces portátiles y dispositivos sincronizados.

—Eso parece.

Los archivos revelaban que habían estudiado la posibilidad de introducir señales secundarias en lugares concretos para alterar localmente la secuencia escuchada desde la Catedral.

No significaba que pudieran controlar acústicamente toda Burgos.

Significaba que pretendían crear discrepancias en sectores seleccionados.

Exactamente lo que habían hecho durante la vigilia.

Padre Esteban permaneció serio.

—¿Para qué?

Adrián miró el mapa.

—Todavía no lo sabemos.

Pero si Valcárcel descubrió parte de esto y después desapareció, probablemente también llegó a preguntárselo.

Lucía encontró otro archivo recuperable.

No tenía nombre.

Solo una fecha.

Lo abrió.

Apareció una fotografía antigua.

Valcárcel estaba delante del coro mayor.

Era mucho más joven.

A su lado había otros tres hombres.

Uno pertenecía al Cabildo.

Otro llevaba instrumental técnico.

El tercero permanecía parcialmente de espaldas.

Mateo se acercó.

Su expresión cambió.

—Lo conozco.

Adrián levantó la mirada.

—¿Quién es?

El Custodio tardó unos segundos en responder.

—Se llamaba Tomás Arce.

Fue uno de los últimos hombres que estudió el Himno junto con Valcárcel.

—¿Qué ocurrió con él?

Mateo miró la fotografía.

—Desapareció poco después.

Lucía comprobó los datos recuperados.

Había otro archivo asociado.

Una grabación de audio.

La reprodujo.

Primero se escuchó ruido.

Después apareció la voz de Valcárcel.

—Prueba ciento diecisiete. Coro mayor. Combinación completa.

Silencio.

Luego otra voz masculina.

—Si funciona aquí, podremos estudiar cómo se percibe en toda la zona antigua.

Adrián miró a Mateo.

La grabación continuó.

Valcárcel respondió:

—Por eso no debemos continuar.

La segunda voz dejó escapar una risa breve.

—Llevamos siglos protegiendo algo que ni siquiera comprendemos.

—Precisamente.

—Yo no pienso enterrarlo otros quinientos años.

La grabación terminó abruptamente.

Nadie habló.

Mateo continuaba mirando la fotografía.

Ahora parecía comprender algo que llevaba décadas sin explicación.

—Tomás...

Padre Esteban se acercó.

—¿Cree que sigue vivo?

Mateo negó.

—Tendría más de noventa años.

Adrián volvió a mirar el controlador.

—No necesita estar vivo.

Alguien pudo encontrar su trabajo.

O recibirlo directamente de él años atrás.

Lucía abrió la última carpeta recuperada.

Solo contenía un documento.

Una fotografía tomada hacía menos de una semana.

Mostraba la fachada de la Catedral de Burgos.

En la esquina inferior aparecía una anotación.

«El ensayo final será durante la vigilia.»

Debajo había otra frase.

«Después de Burgos, buscar el siguiente secreto.»

Adrián permaneció mirando aquellas palabras.

No hablaban de una red mundial.

No mencionaban catedrales extranjeras.

Ni siquiera afirmaban que existiera otro Himno.

Decían algo mucho más inquietante.

Quienes habían llegado hasta allí creían que Burgos no era el único lugar de España donde antiguas decisiones, conocimientos olvidados o acontecimientos históricos podían permanecer escondidos detrás de tradiciones, símbolos y arquitectura.

No significaba que todos esos secretos estuvieran relacionados.

Precisamente lo contrario.

Cada lugar podía esconder una historia diferente.

Una explicación distinta.

Un misterio propio.

Burgos había sido solo el primero.

Mateo cerró lentamente el ordenador.

—Entonces esto no termina aquí.

Adrián dirigió la mirada hacia las bóvedas de la Catedral.

Las campanas habían quedado en silencio.

Burgos acababa de revelar una parte de su secreto.

Pero alguien llevaba años buscando otros.

Y aquella noche habían demostrado que estaban dispuestos a adelantarse a cualquiera que intentara encontrarlos.