Las Campanas de Burgos (Los Secretos de España 1) CAPÍTULO 27 — Campanas negras sobre la catedral
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CAPÍTULO 27 — Campanas negras sobre la catedral

BLOQUE 1

La palabra permaneció suspendida entre los cuatro.

Contrahimno.

Ninguno necesitó preguntar por qué aquel nombre había sobrevivido oculto durante siglos.

El rostro del anciano Custodio bastaba para comprender que no se trataba de una denominación ceremonial, sino del nombre que varias generaciones habían utilizado para identificar una secuencia destinada a alterar deliberadamente el significado del Himno.

Adrián Salvatierra volvió la mirada hacia las enormes campanas suspendidas en la sala subterránea.

Hasta ese momento había intentado comprenderlas como instrumentos extraordinarios construidos para producir determinadas respuestas acústicas, pero cuanto más avanzaba la investigación, más evidente resultaba que aquella explicación era insuficiente.

Las diferencias de tamaño, espesor y composición no respondían únicamente a necesidades musicales.

Algunas parecían haber sido elegidas para que ciertos toques pudieran distinguirse claramente de otros incluso a gran distancia.

Lucía Orive sostenía la tableta frente a ella mientras revisaba las últimas mediciones.

—La secuencia que detectamos antes sigue repitiéndose.

Adrián se acercó.

—¿Ha cambiado?

—No. Eso es precisamente lo extraño.

Amplió el registro.

Los intervalos mantenían una regularidad demasiado exacta para ser producto de una vibración accidental.

Cada impulso aparecía después de determinados toques procedentes de las campanas de la Catedral, como si alguien conociera perfectamente la secuencia y estuviera introduciendo una respuesta calculada.

El Custodio observó la pantalla.

—Así funcionaba el Contrahimno.

Lucía levantó la mirada.

—¿Lo utilizaron alguna vez?

El anciano tardó en responder.

—Eso es lo que intentamos averiguar durante años.

Adrián frunció el ceño.

—¿Para qué servía?

El Custodio caminó lentamente hacia una de las mesas.

—El Himno no era únicamente una melodía. Ya habéis visto que determinadas combinaciones podían conservar instrucciones, convocatorias, advertencias o referencias que solo comprendían quienes conocían el código.

Adrián asintió.

Eso coincidía con todo lo descubierto hasta entonces.

—El Contrahimno utilizaba el mismo sistema —continuó el anciano—, pero introducía variaciones.

—¿Para qué?

—Para cambiar el mensaje.

Silencio.

Padre Esteban comprendió.

—Un código falso.

—Exactamente.

El Custodio apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Imaginad una época en la que las campanas servían para comunicar incendios, fallecimientos, convocatorias, cierres de puertas, celebraciones o situaciones de peligro. Quien conociera suficientemente bien esos códigos podía utilizarlos correctamente.

Hizo una pausa.

—O podía alterarlos.

Adrián observó nuevamente el registro.

Aquello resultaba mucho más inquietante que cualquier supuesto poder de las campanas sobre la voluntad humana.

No necesitaban controlar a nadie.

Bastaba con transmitir una información falsa a quienes habían aprendido a confiar en determinados sonidos.

Padre Esteban bajó lentamente la mirada.

—¿Ocurrió alguna vez?

—Los documentos hablan de enfrentamientos dentro del propio Cabildo y de desacuerdos entre quienes custodiaban determinadas secuencias.

Algunos consideraban que el Himno debía conservarse únicamente como memoria y sistema de protección.

Otros comprendieron que un código conocido por pocas personas podía utilizarse también para engañarlas.

Lucía volvió a mirar la pantalla.

—Entonces el Contrahimno no anulaba el Himno.

—No.

—Lo falsificaba.

El Custodio asintió.

—Introducía suficientes variaciones para que una instrucción pudiera convertirse en otra.

BOOOOOOOMMMMMMMMMMMMM…

Una campana sonó en la superficie.

El sonido descendió por la estructura de la Catedral y alcanzó la sala subterránea convertido en una vibración profunda.

Lucía observó inmediatamente la pantalla.

—Ahí está otra vez.

Un segundo pulso apareció después del primero.

No procedía de las campanas suspendidas en aquella cámara.

Adrián tomó uno de los sensores portátiles y comenzó a caminar lentamente entre los pilares.

La intensidad aumentaba hacia uno de los muros laterales.

—Viene de ese lado.

El Custodio no necesitó comprobarlo.

—El segundo acceso.

La frase hizo que los cuatro miraran hacia el corredor oscuro.

Alguien estaba utilizando una cavidad desconocida de la Catedral para introducir sonidos dentro de la secuencia de campanas.

Ya no podían atribuirlo a una anomalía.

Había intervención humana.

Y quien estuviera detrás conocía suficientemente bien la estructura de Burgos como para aprovechar un lugar que ni siquiera aparecía en los planos modernos.

Adrián apagó uno de los equipos para eliminar cualquier posible interferencia.

La señal continuó.

Regular.

Exacta.

Deliberada.

—Quien está haciendo esto conoce el Contrahimno.

El Custodio negó lentamente.

—Conocer unas pocas secuencias no significa conocerlo completo.

Caminó hasta una carpeta de documentos y señaló una antigua representación de las torres.

—Para reconstruir determinados códigos necesitarían saber cómo estaban distribuidas las campanas antes de las grandes restauraciones.

Lucía se acercó.

—¿Por qué?

—Porque algunas fueron sustituidas. Otras refundidas. Varias cambiaron de ubicación. Incluso hubo toques que dejaron de ejecutarse cuando desaparecieron determinadas piezas.

Adrián comprendió.

—Entonces el código original dependía también de qué campana debía sonar.

—Exactamente.

Hubo un silencio.

Lucía volvió a revisar las mediciones.

—Pero quien está haciendo esto conoce esas diferencias.

El anciano Custodio levantó lentamente los ojos.

Aquello sí lo inquietó.

Porque significaba que quien introducía las señales no se limitaba a repetir algo encontrado casualmente en un documento.

Había estudiado la historia de las campanas.

BOOOOOOOMMMMMMMMMMMMM…

Otro tañido descendió desde la torre.

Lucía esperó.

Cuatro segundos.

Después apareció nuevamente la respuesta clandestina.

Adrián miró hacia el corredor.

—Tenemos que encontrar desde dónde lo están haciendo.

El Custodio permaneció inmóvil.

—Entonces debemos subir primero.

—¿A la torre?

—A las campanas.

Adrián lo observó.

El anciano añadió:

—Porque antes de buscar quién está ejecutando el Contrahimno necesitáis comprender por qué algunos documentos las llamaban las Campanas Negras de Burgos.

* * *

BLOQUE 2

La tormenta había comenzado a alejarse cuando alcanzaron los niveles superiores de la Catedral.

El aire frío entraba por los huecos del campanario y arrastraba el olor de la lluvia sobre la piedra. Desde aquella altura, Burgos aparecía extendida bajo un cielo todavía cubierto de nubes oscuras, mientras las luces del casco histórico comenzaban lentamente a recuperar su normalidad.

Adrián se aproximó a la primera campana.

A simple vista no había nada extraordinario.

Bronce envejecido.

Marcas de oxidación.

Restos de antiguas intervenciones.

Sin embargo, el Custodio señaló una zona cercana al hombro de la pieza.

—Ahí.

Lucía dirigió la linterna.

Debajo de la pátina aparecía una franja mucho más oscura.

Adrián examinó cuidadosamente la superficie.

No parecía pintura.

Tampoco simple suciedad acumulada.

Lucía sacó el analizador portátil.

Necesitó varias mediciones antes de encontrar pequeñas diferencias entre unos sectores y otros.

—Hay variaciones.

Adrián recorrió lentamente la campana.

Las zonas oscuras aparecían en lugares concretos.

No cubrían toda la superficie.

Formaban bandas irregulares.

El Custodio observaba en silencio.

—Durante siglos se creyó que el nombre Campanas Negras provenía del aspecto que adquirían después de determinados incendios. Esa explicación fue aceptada incluso por algunos miembros del Cabildo.

—Pero no era toda la historia —dijo Adrián.

—No.

El anciano señaló otra pieza.

Allí también aparecían zonas más oscuras.

Adrián examinó el perfil.

—El espesor cambia ligeramente.

Lucía comprobó la medida.

—Muy poco.

—Pero suficiente para modificar la respuesta de la pieza.

El Custodio abrió una pequeña carpeta que había llevado desde el santuario. Dentro había copias de antiguos dibujos de fundición.

Adrián los extendió sobre una superficie protegida de la humedad.

Los diagramas mostraban perfiles de campanas acompañados por anotaciones. Algunas indicaban proporciones utilizadas por los fundidores. Otras señalaban espesores concretos en determinadas alturas del vaso.

Había también marcas cuyo significado se había perdido.

Lucía encontró una anotación repetida.

—Vox nigra.

Padre Esteban tradujo en voz baja.

—Voz negra.

El Custodio asintió.

—No necesariamente describía el color.

—¿Entonces?

—Probablemente era la denominación que los propios fundidores daban a una respuesta particular de algunas piezas.

Adrián volvió a estudiar los dibujos.

Aquello no exigía suponer ninguna técnica imposible.

Los maestros fundidores habían aprendido durante generaciones que pequeños cambios en el perfil, el espesor o la aleación podían modificar el carácter sonoro de una campana.

Quizá no pudieran describir aquellas diferencias mediante ecuaciones, pero podían reconocerlas, compararlas y transmitir parte de su experiencia a sus aprendices.

BOOOOOOOMMMMMMMMMMMMM…

Una de las campanas mayores sonó.

Adrián sintió la vibración en el pecho.

Lucía miró inmediatamente el registro.

La frecuencia principal era perfectamente reconocible.

Debajo aparecían varios armónicos.

Algunos especialmente intensos.

—Eso puede explicar la expresión —dijo Adrián.

Padre Esteban lo miró.

—¿Voz negra?

—Quizá denominaban así a un timbre especialmente grave o a una combinación que distinguía determinadas campanas de las demás.

El Custodio asintió.

—Es una de las posibilidades.

Ninguno intentó convertir la hipótesis en certeza.

Los documentos eran incompletos.

Y cuatro siglos de restauraciones impedían saber con exactitud cómo habían sonado originalmente algunas piezas.

Adrián volvió a revisar los dibujos.

Entonces encontró algo.

—Falta una.

Lucía se acercó.

—¿Qué?

Adrián contó los perfiles representados en el documento.

Después contó las campanas existentes.

Repitió la operación.

—Este plano incluye una campana más.