Notas históricas
Adeline e Isabel Hurston son nombres inventados para Emmeline y Christabel Pankhurst, el dúo de madre e hija que lideró la Unión Social y Política de las Mujeres.
En realidad Emmeline tenía dos hijas más, Sylvia y Adela, y un hijo, Harry, pero, por desgracia, solo me fue posible incluir a un número limitado de personajes.
Christabel se formó como abogada y aunque no podía trabajar en su profesión, defendió con éxito a compañeras suffragettes y a sí misma en la corte y llegó a llamar al estrado al primer ministro Asquith y al secretario de Interior Winston Churchill.
Lady Constance Cunningham está inspirada en Lady Constance Lytton, una aristócrata que se infiltró en la cárcel para hacer públicos los horrores de la alimentación forzada.
En esta novela he intentado incluir un amplio abanico de clases sociales.
Si bien los primeros grupos de sufragistas más conservadores, como la Unión Nacional de Sociedades por el Sufragio Femenino, liderada por Millicent Garrett Fawcett (representada por Matilda George Foster en los primeros capítulos), tendían a atraer a mujeres más adineradas, la USPM incluía a un amplio abanico de niveles económicos.
Salvo por algunas excepciones, incluida la ahijada india de la reina Victoria, Sofía Duleep Singh, hay poca documentación que pruebe la participación de mujeres de color en el movimiento.
En los Estados Unidos muchas mujeres de color, especialmente negras, participaron del movimiento por los derechos de las mujeres y encontraron racismo y supremacismo blanco en algunas líderes de las campañas por el sufragio femenino.
También sabemos que hubo relaciones románticas entre las sufragistas.
Algunos historiadores (hombres en su mayoría) denigraron y patologizaron estas relaciones durante años.
No solo fue nocivo (y se basaron en evidencias de archivo insignificantes), sino que también forzaron a que historiadoras mujeres contradijeran esas afirmaciones, que podían no ser falsas pero se hacían para desprestigiar las campañas por el sufragio como un todo.
Más recientemente, historiadores del género y la sexualidad comenzaron a revelar un retrato más completo de las relaciones que se daban entre las sufragistas, relaciones que incluían amistades profundas, tutorías y también romances.
Durante mi investigación, visité Parliament Square, el lugar de la protesta del Viernes Negro donde fueron arrestadas más de ciento quince mujeres, muchas de las cuales padecieron agresiones físicas y sexuales por presentar, pacíficamente, una petición a la Casa de los Comunes.
En la entrada del Parlamento separada por una verja de hierro forjado del lugar que tan ardientemente quiso cambiar, hay una estatua de Emmeline Pankhurst. Visité la estatua cuando todavía era la única y, unos años después, cuando se erigió la de la sufragista moderada Millicent Garret Fawcett al otro lado de la calle, en Parliament Square.
Las dos veces que visité la estatua de Pankhurst me conmovió ver flores violetas, blancas y verdes esparcidas a sus pies.
Sin embargo, hay un motivo para que Fawcett esté en la celebrada plaza junto a Winston Churchill, mientras Pankhurst está apartada, sola.
La rama militante de la campaña por el sufragio femenino, la USPM de Pankhurst, se atrevió a ser vista y oída, se manifestó públicamente y utilizó tácticas cada vez más radicalizadas después de años de protestas pacíficas desoídas por el gobierno.
La USPM todavía es incomprendida y está caracterizada como extremista y violenta cuando, en realidad, la militancia de esas mujeres fue una reacción a los abusos del gobierno.
Empecé a investigar a la USPM en 2016 como estudiante de grado en la Universidad de Brown.
Desde entonces he crecido en un sistema político que, a veces, es inspirador pero a menudo es exasperante.
En una conferencia de Jill Lepore en el otoño de 2019 me enteré de la existencia de la Dama Invisible, una atracción real de los carnavales del siglo xix .
La desconfianza de nuestra sociedad hacia las mujeres con conocimientos, hacia las líderes femeninas que buscan poder, no es nueva.
Casi diez años después de mi investigación para la tesis universitaria que, finalmente, iba a inspirar esta novela, la historia de las sufragistas —una historia de persistencia frente a la derrota, un recordatorio de la necesidad imperiosa de que haya más mujeres en el poder para custodiar nuestros derechos y promover nuestra igualdad— sigue siendo tan urgente como siempre.
Fue inevitable adaptar la historia por más que haya intentado contarla con precisión y me hago completamente responsable de cualquier error u omisión, intencional o accidental.
La alteración más obvia es, por supuesto, el infame día del Derbi de Epsom.
El 4 de junio de 1913, una mujer llamada Emily Wilding Davison, involucrada durante años con las sufragistas y que padeció arrestos, huelgas de hambre y alimentación forzada, corrió hacia la pista de carreras cuando los caballos estaban tomando la curva.
Un caballo se la llevó por delante y murió más tarde por las heridas.
Su historia fue utilizada con fines sensacionalistas y los periódicos de todo el mundo informaron del trágico espectáculo.
Su muerte simbolizó para la prensa y para el público la irracionalidad de las suffragettes que por fin habían recibido su merecido.
En el primer borrador de esta novela mi personaje Beatrice también moría.
Sin embargo, estoy profundamente convencida de la inmensa capacidad de estas mujeres para planear estrategias, de su coraje, de sus agallas y de su osadía.
Decidí dejar vivir a Beatrice y reescribir una historia más esperanzadora.