LAS ALAS DE CLARA Epilogo
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Epilogo

Las alas también crecen

Carmen dormía.

Me quedé a su lado contemplándola, como tantas noches desde el día en que nuestro Padre la puso en mi camino.

Habían pasado diez años.

Diez años desde aquella primera vez que la vi tan pequeña y frágil, sin imaginar cuánto cambiaría mi existencia.

Creí que había llegado para enseñarle el camino.

Pero ahora comprendía que ella también me había enseñado a mí.

Habíamos reído juntas.

Habíamos sentido miedo.

Habíamos conocido hermanos que dejaron huellas en nuestro camino.

Vi alas perder su luz y volver a recuperarla.

Conocí las sombras.

Aprendí que no todas las batallas podían evitarse y que algunas respuestas solo llegaban cuando nuestro Padre consideraba que estábamos preparados para recibirlas.

Pero, sobre todo, aprendí a amar a mi protegida.

Carmen ya no era aquella pequeña que corría hacia mí sin comprender quién era.

Estaba creciendo.

Y yo crecía con ella.

Me acerqué y extendí mis alas sobre su cuerpo.

—Duerme, mi pequeña —le susurré—. Mañana comenzaremos otro día juntas.

Carmen se movió ligeramente entre las sábanas.

Por un instante creí ver una sonrisa en su rostro.

Yo también sonreí.

No sabía cuánto tiempo duraría nuestra misión.

No sabía qué pruebas encontraríamos en el camino.

Ni siquiera sabía cuánto me faltaba todavía por aprender.

Pero había algo de lo que estaba completamente segura:

Mientras nuestro Padre me permitiera permanecer a su lado...

mis alas siempre estarían extendidas sobre ella.

Miré hacia la ventana.

Un nuevo amanecer comenzaba a iluminar el cielo.

La infancia de Carmen estaba quedando atrás.

Y algo dentro de mí me decía que las batallas más grandes...

aún estaban por venir.

La historia de Clara y Carmen continuará...