Capitulo 44
Un merecido descanzo
El vuelo transcurrió sin ningún contratiempo. Todo fue tranquilo, pero algo llamó mucho mi atención. Muchos de nuestros hermanos permanecían dormidos junto a sus protegidos.
—Hermano Morillo, ¿por qué están durmiendo? —pregunté en voz baja.
Él sonrió con paciencia antes de responder.
—Están muy cansados, hermanita. Cada misión es diferente y algunos de nuestros hermanos libran batallas mucho más difíciles que otras. Han tenido que esforzarse mucho para proteger y guiar a sus protegidos, así que aprovechan estos momentos de calma para recuperar fuerzas y renovar su energía.
Observé sus rostros serenos y comprendí que, aunque todos éramos ángeles guardianes, cada uno recorría un camino distinto, con alegrías, pruebas y responsabilidades diferentes.
Después de varias horas de viaje, Alejandro se levantó y dijo con una sonrisa:
—Hermanos... hemos llegado.
Muchos ángeles despertaron de inmediato. Algunos se mostraban tranquilos y relajados; otros permanecían atentos, con las alas ligeramente extendidas, observando todo a su alrededor.
—¿Por qué algunos parecen tan seguros? —pregunté.
—Porque ya han viajado muchas veces —respondió Morillo—. Conocen este lugar, saben cómo proteger a sus familias durante el trayecto y eso les da confianza. Tú también irás aprendiendo con cada experiencia.
Miré por la ventanilla mientras el avión se detenía. Todo era nuevo para mí, y aunque sentía un poco de nervios, una gran ilusión llenaba mi corazón. Sabía que nuestro Padre ya había preparado el camino que recorreríamos a partir de ese día.