Las 5 opciones
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1. Las cinco opciones
Llevaba toda la mañana evitando mirar el reloj. No porque fuera a cambiar nada. A las once en punto, el Sistema enviaría las asignaciones igual. Podía fingir calma, entretenerme reorganizando la cocina o responder mensajes absurdos de mi madre, pero el resultado sería exactamente el mismo.
A las once, mi vida dejaría de pertenecerme del todo.
La idea sonaba demasiado dramática cuando se formulaba así, aunque quizá por eso nadie la decía en voz alta. La gente prefería frases más suaves. Más elegantes. Compatibilidad óptima. Estabilidad emocional. Fortalecimiento inmunológico colectivo.
Todo muy científico. Todo muy limpio. La realidad era más sencilla: cuando cumplías veintiún años, el Sistema te entregaba cinco posibles parejas y esperaba que eligieras una. O que una de ellas te eligiera a ti.
Dejo la taza de café sobre la encimera y vuelvo a comprobar la hora por quinta vez en menos de un minuto. Parece que los segundos se alargaban cada vez más.
10:57. Perfecto. Solo tres minutos más de ansiedad gratuita.
—¿Estás respirando o haciendo algún tipo de simulacro médico? —preguntó una voz desde el sofá.
Giro la cabeza lentamente. Mi hermana Clara estaba tumbada con total tranquilidad, todavía en pijama, comiendo cereales directamente de la caja mientras veía una serie antigua en la pantalla del salón. Tiene veintiséis años y una capacidad irritante para mantenerse relajada en cualquier situación.
—Estoy perfectamente.
—Claro. Por eso llevas diez minutos mirando el reloj como si fueras a desactivarlo con la mente.
Me dirijo aparentando tranquilidad hacia la nevera sin necesidad real de abrirla. —No estoy nerviosa.
—Ajá.
—No lo estoy.
—Elena, una vez lloraste porque un camarero te dijo “disfruta la comida” y tú respondiste “igualmente”. Eres una persona nerviosa por naturaleza.
Mi hermana Clara, siempre pinchándome y sacándome de quicio, aún así la quiero muchísimo. Cierro la nevera un poco más fuerte de lo necesario. —Gracias por el apoyo emocional.
—Para eso estoy.—Clara me sonríe sin apartar la vista de la pantalla.
Siempre me había molestado un poco que mi hermana pareciera inmune al Sistema.
Como si hubiera nacido ya adaptada a él.
Se había emparejado a los veintiuno con un hombre tranquilo, educado y ligeramente aburrido llamado Iván.
La cosa no salió del todo bien, y terminaron separados al cuarto año de casados.
A pesar de todo lo evolucionado y preciso que era el Sistema, seguíamos siendo humanos, y para eso no había ningún algoritmo suficientemente avanzado, que pudiera predecir el comportamiento real de las parejas. Siempre había alguna separación, muy pocas, pero las había.
Mi hermana nunca dudaba. Nunca discutía. Nunca parecía preguntarse si había algo más. Yo no sabía si aquello era admirable o deprimente.
Convivimos juntas, en un apartamento de un bloque de edificios moderno. Un piso de alquiler que decidimos costearlo entre las dos para poder tener más independencia y empezar a vivir nuestra vida como personas adultas.
De repente, la aplicación de asignación del Sistema envía una notificación. Ahora sí, la pantalla cambia de color suavemente.
11:00 pm
Las dos estábamos esperando este momento desde hacía semanas. Nos quedamos quietas mirándonos con una expresión de sorpresa y excitación, completamente en silencio.
Después aparece el mensaje. —Ahí está—dijo Clara—.
ASIGNACIÓN DE COMPATIBILIDAD DISPONIBLE.
Mi estómago se contrae de inmediato. Había esperado este momento toda mi vida y, aun así, ahora que ha llegado, he sentido exactamente lo mismo que antes de entrar a un examen para el que no había estudiado suficiente.
La interfaz termina de cargarse lentamente. Cinco nombres. Cinco hombres. Cinco posibles futuros resumidos en porcentajes.
DANIEL ORTEGA — 92%HUGO LARA — 89%MATEO SILVA — 94%ÁLEX REYES — 90%NICO DURÁN — 91%
Empiezo a leer los nombres despacio, una vez. Luego otra. No conozco a ninguno. Bueno… no exactamente. El último me suena un poco. No el nombre completo. Solo Nico. Y eso era raro.
El Sistema evitaba emparejar personas del mismo entorno cercano. Decían que las relaciones previas alteraban el proceso natural de compatibilidad. Por eso la mayoría de las asignaciones eran desconocidos cuidadosamente seleccionados.
Clara se levanta del sofá inmediatamente y aparece a mi lado antes de que pudiera impedirlo.
—A ver, a ver… —murmuró inclinándose sobre la pantalla—. Uf. Vale. El del noventa y cuatro es peligrosamente guapo.
—¿Cómo sabes eso? Solo sale una foto.
—Tengo intuición.
—Eso no existe.
—Claro que existe. También existe la cara de “este hombre va a arruinarte emocionalmente”. Mira ese tal Mateo.
Se me escapa una pequeña risa nerviosa.
La interfaz permite acceder a perfiles básicos. Edad, profesión, hábitos generales y compatibilidad estimada. Nada demasiado profundo. El Sistema defiende que las conexiones reales deben producirse en persona durante la fase de interacción.
Daniel parecía amable. Hugo tenía cara de dormir ocho horas exactas cada noche. Álex sonreía demasiado. Mateo parecía peligrosamente consciente de ser atractivo. Y Nico… me detengo un poco más con él que con los otros.
El Sistema suele emparejar mujeres de veintiuno con hombres de veinticuatro. Dicen que estadísticamente funcionan mejor. Más estabilidad emocional, menos impulsividad masculina, mejores índices de convivencia.
A mi siempre me ha parecido una excusa elegante para decir que los hombres tardan más en madurar.
Por fin me decido a abrir el perfil de Nico. La foto es sencilla. Nada preparada. Está sentado en una cafetería mirando fuera de plano, como si alguien hubiera tomado la imagen un segundo antes de que se diera cuenta.
No sonrie. Y precisamente por eso es el primero que me parece real.
—Uy —dijo Clara inmediatamente.
—¿Qué “uy”?
—Ese “uy”.
—No sabes ni cómo es.
—Lo sé perfectamente. Acabas de mirarlo como si hubieras encontrado un problema interesante.
Suelto un suave soplido. —Solo me llamó la atención.
—Claro. Y yo hago yoga emocional.
Vuelvo a abrir el perfil, esta vez intentando aparentar indiferencia.
Profesión: diseñador industrial.Nivel de compatibilidad: 91%.Estado social: activo.Historial de emparejamiento: ninguno.
Y luego una línea adicional.
Relación previa declarada antes de asignación: sí.
Parpadeo por unos segundos.
—¿Qué significa eso? —pregunto.
Clara se inclina otra vez.
—Ah.
—¿“Ah” qué?
—Que tiene novia. O tenía. Técnicamente se puede salir con gente antes de la asignación, pero… bueno.
—Pero ¿qué?
Clara sonrie lentamente.
—Que eso siempre acaba siendo un desastre.
Aparto la mirada de la pantalla. De repente, entre los cinco hombres perfectamente compatibles elegidos por el Sistema, el único que había conseguido llamar realmente mi atención era precisamente el que parecía venir con complicaciones incorporadas.
Perfecto. Absolutamente perfecto. La interfaz vuelve a vibrar suavemente una vez más.
FASE DE INTERACCIÓN INICIADA.PRIMER CONTACTO DISPONIBLE.
Los mensajes empiezan a aparecer casi al instante.
Daniel: Hola, Elena. Espero que esto no sea demasiado raro para ti.Hugo: Supongo que deberíamos empezar presentándonos.Mateo: Prometo que soy menos aburrido de lo que parece mi perfil.Álex: Mi madre acaba de llorar durante diez minutos. Solo quería compartirlo.
Solté una pequeña carcajada. Y entonces apareció el último.
Nico: Creo que el Sistema acaba de complicarnos la vida a los dos.
Me quedo quieta, ese mensaje no encaja con el resto.
—¿Qué pasa? —preguntó Clara inmediatamente.
Vuelvo a leer el mensaje otra vez. No es coqueto. Ni frío. Ni tan cuidadosamente perfecto como los demás.
Creo que el Sistema acaba de complicarnos la vida a los dos.
Suena… real. Y eso es mucho más peligroso. Hay algo extraño en la forma en que está escrito. No parece un intento de impresionar. Tampoco una frase preparada para romper el hielo. Suena más bien como alguien que acaba de recibir una noticia incómoda y todavía no sabe qué hacer con ella.
Clara observa su cara con demasiada atención.
—Vale, esa expresión ya me preocupa.
—No pongas esa voz.
—¿Qué voz?
—La voz con la que empiezas a analizar mi vida como si fueras una psicóloga barata.
Clara sonrie. —Entonces deja de mirar el mensaje como si estuvieras decidiendo entre enamorarte o huir del país.
Dejo escapar una risa corta y aparto la pantalla. —Solo me parece raro.
—¿El qué? ¿Que tenga novia o que parezca honesto?
—No sabemos si tiene novia.
—Elena, “relación previa declarada” significa exactamente eso.
—Podría haber terminado.
—Hace cuánto, ¿quince minutos?
Iba a responder, pero me detuve. Porque en realidad no era eso lo que me molestaba.
No era la posible novia. Ni siquiera el mensaje.
Era la sensación incómoda de que, entre todos los perfiles perfectamente calculados, el único que había conseguido provocarme curiosidad era precisamente el menos conveniente.
Y eso era exactamente el tipo de decisión que el Sistema supuestamente evitaba. Vamos, que si mi vida fuera una película, este sería el momento en que la banda sonora se vuelve dramática y yo miro a la cámara con cara de “estoy jodida”.
Clara volvió a sentarse en el sofá mientras me observaba con esa mezcla de diversión y compasión que solo una hermana puede tener. Como si estuviera viendo un documental de animales salvajes y yo fuera el animal en cuestión.
—Mira, no te compliques demasiado —dice, cruzando las piernas—. Habla con los cinco, sonríe un poco, finge que eres emocionalmente estable y elige al menos problemático.
—Qué inspirador. Deberías dar conferencias.
—Gracias, ya lo sé. Cobro por sesión, por cierto.
Apoyo los brazos sobre la encimera de la cocina y suspiro como si llevara años cargando con el peso del mundo, que básicamente era cierto. —¿Y si me equivoco?
Clara tarda un segundo más en responder. Ya no sonríe igual. —Por eso existe el Sistema.