Ladrones de sueños 26 El primer fallo
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26 El primer fallo

Christina le apuntó al pecho.

—Manos visibles.

Volkar obedeció. Levantó las manos despacio, sin sonrisa, sin teatralidad.

Tenía los dedos largos, la piel pálida, las uñas cuidadas y una pequeña quemadura en la base del pulgar derecho, donde quizá una cápsula, una llave o una lámpara baja le había enseñado alguna vez que incluso las ideas elegantes necesitan carne para ejecutarse.

—Detective Bequer —dijo—. Ha sido más rápida de lo que esperaba.

—Y usted más mediocre. Los discursos de “llegan tarde” deberían prohibirse por falta de imaginación.

Tersen soltó una risa breve, seca, nerviosa, sin dejar de cubrir la puerta.

Mallas no se rio. Rhea Plass seguía mirando a Volkar con una mezcla de odio y desconcierto íntimo.

Livia Noss tenía una mano apoyada en la consola y la otra aún cerca de los cables de la cápsula R.P.

-ESTABLE , como si temiera que su versión reducida volviera a respirar si nadie la vigilaba.

Adrián Ross sujetaba el núcleo de OR-12 envuelto en sal contra el pecho, con la muñeca izquierda inflamada y la línea negra bajo la piel más marcada que antes.

Idena Sull, la médica exterior, permanecía junto a la puerta con el costado vendado a presión, pálida, pero en pie.

Nared Voss, en el umbral del pasillo, miraba a Volkar como se mira al hombre que ha usado tu fe para construir una trampa y todavía espera que admires la arquitectura.

—Apague la cascada —dijo Christina.

Volkar bajó los ojos hacia la consola.

—No se apaga desde aquí.

—Primera mentira.

—No. Primera decepción. Son distintas.

Christina avanzó un paso.

—Tiene cuarenta y ocho horas para ponerse ingenioso antes de que deje de necesitarlo entero.

—La cascada no es una bomba convencional.

No está instalada en un solo lugar. Está repartida entre rutas, cápsulas, cabinas, puntos, recuerdos de sesión, señales de dron, microimágenes y aceptación comunitaria.

Su gesto en esta sala ha impedido la bienvenida colectiva inmediata, lo reconozco.

Ha evitado que el valle se entregue en una sola respiración.

Pero la activación principal ya ocurrió.

Los drones han perdido alineación. En dos días, el bloqueo de sueño profundo se degradará por debajo del umbral Harrow.

Después, incluso si destruyen Dulces sueños, incluso si cierran la garganta occidental, incluso si matan a todos los operadores que les disgustan, el valle empezará a soñar.

—Ha dicho incluso demasiadas veces para alguien que dice controlar esto.

Volkar la miró con interés.

—No lo controlo. Eso es lo que Rhea nunca entendió. No se controla una transición de especie con el mismo miedo que la impidió. Se prepara.

Rhea dio un paso hacia él, contenida por Tersen.

—Me sacaste la firma.

—La estabilicé.

—Me archivaste.

—Te preservé donde eras más útil.

Rhea intentó abalanzarse sobre él, pero Tersen la sujetó con una facilidad brutal. Volkar ni siquiera retrocedió. Aquella calma no era valentía física. Era una confianza administrativa en que todos necesitaban respuestas antes de permitirse disparar.

—Usted —dijo Christina—. Nombre completo, cargo real y dónde está Laro Emet.

Volkar inclinó la cabeza.

—Senn Volkar. Arquitecto de continuidad en Dulces sueños, aunque el cargo público era director de análisis de experiencias residuales.

Coordinación fundacional me clasificaba como asesor externo de restauración onírica.

Supervisión me trataba como proveedor molesto.

Los estériles me consideraban, según el día, aliado invisible o filtración benévola.

Todos necesitaban una versión cómoda de mí.

En cuanto a Laro Emet, está viendo la ciudad.

Idena Sull dio un paso, con la cara descompuesta.

—¿Qué le has hecho?

—Nada que no deseara.

—No sabe desear eso. Tiene diecisiete años.

—Exacto. Todavía es flexible.

Christina apretó el arma.

—Última oportunidad de contestar sin adornos.

Volkar suspiró.

—Está en una cabina secundaria de tránsito, no en esta sede.

La sexta cabina solo era anfitrión de activación.

Laro no debía bajar físicamente al valle.

Debía ser visto por el valle como posibilidad exterior y, a la vez, ver él el valle como descanso interior.

Dos hambres encontrándose. Es un puente emocional limpio.

Idena Sull se lanzó hacia él, pero el dolor del costado la dobló antes de alcanzarlo. Livia la sujetó.

—¿Dónde? —preguntó Christina.

Volkar miró la pantalla.

—La red lo moverá según aceptación. Si hay suficiente respuesta en cabinas, aparecerá como sueño compartido. Si hay rechazo, buscará punto de control. Si hay miedo, irá a Cementerio. Si hay duelo, a la funeraria. Si hay esperanza, a Aguas Frías. Por eso no sirve perseguirlo como a una persona.

—Todo eso suena a “no lo sé”.

—No lo sé con exactitud. Esa es la parte funcional.

Nared dio un golpe contra la pared.

—Nos usaste para esto. A Kael. A todos.

Volkar lo miró sin desprecio, casi con tristeza.

—Ustedes ya estaban usados por una vida sin explicación. Yo solo les di dirección.

—Nos diste una mentira.

—Les di una mentira que se parecía a la verdad lo suficiente para moverlos. Así funcionan todas las fundaciones, Nared. También la Ruptura. También el nombre Ðawn’s Falł. También la idea de que no soñar los mantenía humanos.

Christina disparó.

No al pecho de Volkar. A la pantalla junto a su cabeza. El cristal estalló, y el mensaje de CASCADA LÓGICA ACTIVADA se fragmentó en líneas rojas. Volkar no se movió, pero parpadeó. Eso bastó. No era inmune al miedo; solo lo administraba bien.

—Cada frase larga que diga a partir de ahora cuesta algo —dijo Christina—. La próxima va a una rodilla.

—Bequer —advirtió Mallas—, lo necesitamos.

—Lo necesito hablando. No cómodo.

Desde el vestíbulo llegó un golpe de multitud.

No de ataque, sino de retroceso. Varios vecinos acababan de recuperar miedo después de la inyección de residuos feos y la cancelación de la sesión colectiva.

La voz comercial había perdido dulzura, pero el edificio seguía insistiendo en abrir cupos, y las cabinas, aunque bloqueadas, emitían un pulso bajo que hacía vibrar las cápsulas de la gente.

Solenne, Marek, Jaro y los estériles intentaban sacar a los niños, repartir anclas, romper comprobantes de sesión y cubrir los carteles con mantas, chaquetas y sacos de sal.

Christina oyó a Marek gritar que el café estaba quemado, que la moqueta olía a perro mojado y que todo el que quisiera soñar con muertos tendría que pasar antes por su pan duro. Era absurdo. Funcionaba.

Adrián revisó una consola secundaria.

—La cascada ha desacoplado los drones de la matriz principal, pero no los ha apagado. Están en corrección autónoma. Si solo se han desviado un metro, todavía hay patrón.

—Cuánto margen —preguntó Christina.

—Hasta que aparezca el primer fallo de bloqueo real.

—Eso será antes de cuarenta y ocho horas.

—Sí. La cuenta marca fallo total. Habrá fallos parciales mucho antes.

—Cuándo.

Adrián buscó entre datos fragmentados. La pantalla auxiliar mostró rutas, barrios y porcentajes. Una línea resaltó: SECTOR ESCUELA BAJA / BARRIDO DEFICIENTE / EVENTO ONÍRICO PROBABLE: 00:18:22.

—Dieciocho minutos —dijo.

Tersen soltó una maldición.

—La escuela.

Christina pensó en Mina Vey, en las palanganas, en los niños con microimágenes, en las maestras inmóviles, en Solenne que estaba allí intentando salvar adultos mientras un sector infantil aparecía como primer fallo.

No era casual. La bomba buscaba compatibilidad, y los niños veían antes porque aún no habían aprendido a negar con eficiencia adulta.

—Tersen, saque a la gente del vestíbulo y envíe agentes a Escuela Baja. Nadie duerme, nadie mira pantallas, nadie usa puntos móviles sin Jaro.

—No tengo agentes suficientes.

—Use estériles. Esta noche ascendieron a inconvenientes útiles.

Nared levantó la cabeza.

—Voy a la escuela.

—No. Usted conoce las rutas de sal y los técnicos de su grupo. Va con Solenne y Jaro. Si alguien intenta convertir esto en liberación, le enseña las lecturas de cascada.

—No me creerán.

—Enséñeles a Rhea atada. Eso convence mucho.

Rhea, aun respirando con rabia, dijo:

—Yo no soy pancarta moral.

—Hoy es muchas cosas nuevas.

Livia miró a Christina.

—La sede tiene un sistema de apagado de cabinas por planta. Si lo activo, bloqueará sesiones de aquí. No detiene la cascada, pero evita que este lugar siga alimentándola.

—Hágalo.

—Necesito a Rhea o a su cápsula estable.

Rhea miró la cápsula R.P.-ESTABLE con repugnancia.

—Usen la cápsula. Y luego quémenla.

—Eso puede destruir pruebas —dijo Mallas.

Rhea lo miró como si acabara de descubrir un animal pequeño y desagradable bajo una piedra.

—Torven, si vuelve a proteger papeles mientras mi firma muerta intenta dormir al valle, le juro que le enseño qué se siente cuando Dulces sueños diseña una despedida con su madre.

Mallas no contestó.

Christina señaló a Volkar.

—Lo esposan.

Tersen sacó unas bridas de contención. Volkar permitió que se las pusieran. Eso también era irritante. Christina prefería a los culpables que forcejeaban. Los que aceptaban su detención solían creer que la celda era otro escenario.

—No podrá interrogarme y salvar la escuela a la vez —dijo él.

—Por eso va a venir.

—¿A la escuela?

—Sí.

—Eso sería imprudente.

—Me ha convencido.