25 Cuarenta y ocho horas #3
Rhea no respondió. El horror en su cara era auténtico. No compasivo, no redentor, pero auténtico. Alguien la había usado con la misma frialdad con la que ella había usado a otros, y al verlo entendió, por fin, no la moral del daño, sino su intimidad.
Livia se acercó a la consola.
—Esto no lo instalé yo.
—Quién —preguntó Christina.
Rhea habló sin apartar los ojos de la cápsula.
—Senn Volkar.
El nombre del operador fantasma, el de los fragmentos de credenciales, el de la red de apertura. Hasta entonces había sido sombra administrativa. Ahora tenía peso.
—Dónde está —preguntó Tersen.
—No lo sé.
—Otra vez —dijo Christina—. Dónde está.
Rhea tragó saliva.
—Si llegó hasta aquí, no está en una oficina. Está en la sesión colectiva.
Livia activó la vista de cabinas. En la pantalla aparecieron las veinticuatro cabinas de planta baja.
Varias puertas seguían abiertas gracias a Nared, Solenne y Marek, que forcejeaban con vecinos en el vestíbulo.
Pero las seis cabinas privadas del sótano estaban cerradas.
En cinco se leían nombres de vecinos con duelo intenso.
En la sexta, el campo de cliente estaba vacío.
Solo aparecía una frase: ANFITRIÓN DE BIENVENIDA .
La cuenta atrás marcaba un minuto.
Adrián intentó revocar desde la consola.
El sistema aceptó parte de la orden, pero la cápsula de firma R.P.
-ESTABLE la reescribió. Livia cortó dos cables.
La cápsula reaccionó con un pulso que hizo parpadear todas las luces.
En el vestíbulo, varios vecinos gritaron.
Mallas recibió una llamada de Brida: las rutas de drones estaban perdiendo sincronía otra vez.
Cementerio, Escuela y Funeraria oscilaban.
Nola decía que “el enterrado Ross” estaba golpeando desde abajo.
El edificio de luz no podía sostener techo total sin baterías.
—Cuarenta y ocho horas —dijo Adrián de pronto.
Christina lo miró.
—Qué.
—Aquí. Registro de activación de bomba. La cascada total no empieza en cinco minutos.
La sesión colectiva es el disparador emocional.
Después habrá cuarenta y ocho horas de integración progresiva hasta que los drones dejen de bloquear sueño profundo en todo el valle y la marca se vuelva sustituto de patrón Harrow.
Cuarenta y ocho horas hasta fallo completo de la red Atrapasueños.
Mallas palideció.
—Si se dispara, aunque paremos la sesión...
—No bastará. Tendremos que revertirlo en dos días o el valle empezará a soñar de golpe.
Rhea miraba la cápsula con odio.
—Volkar no quería una apertura inmediata.
—Quería que pareciera irreversible —dijo Christina—. Que todos eligieran bando bajo cuenta atrás.
—Y que Dulces sueños ofreciera la única salida cómoda —añadió Livia.
La voz comercial empezó la cuenta final desde el vestíbulo.
—Diez.
Christina miró a la cabina seis en la pantalla.
—¿Podemos cortar energía?
Livia negó.
—Baterías internas. Si cortamos, las cabinas privadas entran en sueño autónomo.
—Nueve.
—¿Abrir la cabina del anfitrión?
—Bloqueo senior.
—Ocho.
Adrián señaló la cápsula de firma.
—Si destruimos eso, quizá cae el bloqueo.
Rhea dio un paso involuntario.
—También puede liberar la firma estable al sistema.
—Siete.
Idena Sull levantó su lámpara baja.
—Entonces no la destruyan como máquina. Háganla despertar mal.
—Seis.
Christina entendió.
—Residuo feo directo.
Livia conectó la carpeta de residuos a la cápsula R.P.-ESTABLE. Rhea real, sin que nadie se lo pidiera, puso la mano sobre el lector biométrico auxiliar.
—Use mi firma viva para contradecirla.
Livia la miró.
—¿Por qué?
Rhea no apartó los ojos de su propia reducción en la solución transparente.
—Porque nadie me archiva mientras respiro.
—Cinco.
Adrián lanzó la inyección. Livia abrió residuos. Rhea pronunció la frase senior entre dientes, no para autorizar descanso, sino para declarar fallo de confianza:
— Dulces sueños no garantiza esta imagen.
—Cuatro.
La cápsula R.P.-ESTABLE vibró. El líquido se volvió oscuro. La voz comercial tartamudeó por primera vez.
—Tres.
Desde la cabina seis del sótano llegó un golpe.
—Dos.
Christina disparó al cierre de emergencia de la consola, no para romperlo, sino para fijarlo abierto mientras Adrián enviaba la revocación.
—Uno.
Las luces rosas se apagaron.
Durante un segundo, Dulces sueños quedó sin dulzura: solo moqueta sucia, cables, vecinos asustados, olor a vómito, pan mohoso, sangre, sal, miedo y máquinas demasiado viejas para tantas mentiras. La sesión colectiva no comenzó. La cuenta quedó congelada en la pantalla como una amenaza interrumpida.
Pero no habían ganado.
En el panel central apareció una nueva lectura, limpia y negra:
CASCADA LÓGICA ACTIVADA. FALLO TOTAL DE ATRAPASUEÑOS EN 48:00:00 .
Luego la cabina seis del sótano se abrió desde dentro.
Un hombre salió a la luz de emergencia. Alto, delgado, con uniforme crema sin nombre, pelo gris muy corto y ojos claros. No sonreía. No parecía contaminado. No parecía apresurado. Miró a Rhea, a Livia, a Adrián, al núcleo de OR-12 y finalmente a Christina con una serenidad insoportable.
—Llegan tarde —dijo Senn Volkar—. Pero al menos llegan despiertos.
Y en el mismo instante, fuera de la sede, todos los drones del valle se desviaron un metro de su ruta al mismo tiempo.