La Villa de los Sueños Capítulo 17 2025 - La promesa de una matriarca #2
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Capítulo 17 2025 - La promesa de una matriarca #2

Giulia negó con la cabeza.

—Eso Henry nunca lo supo. Tu abuelo Arthur se llevó ese secreto a la tumba.

Solo sabía que había sido testigo silencioso de un crimen y que su silencio había condenado a Edmund a vivir en el infierno de la culpa y el alcohol.

Al parecer, tu abuelo tardó tiempo en aceptar que las inclinaciones de su hermano Edmund no eran nada malo. Los tiempos fueron cambiando, hijo.

La carta crujió entre los dedos de Giulia mientras la plegaba de nuevo.

—Tengo ochenta y nueve años, Alessandro. Mi corazón no resistirá mucho más tiempo, y no puedo fallarle a Henry. Debo ir a Malta, debo visitar la villa y cumplir la promesa.

Alessandro contempló a su madre, frágil pero férrea, comprendiendo que ningún argumento la disuadiría de esa misión final.

—Mamma, estás demasiado mayor para viajar. Malta está lejos, y yo tampoco he salido nunca de Sicilia. Chiara es la obsesionada con esa villa como tú ahora. A saber el dinero que lleva gastado para devolverle su esplendor pasado. Solo sé lo que me ha ido contando por teléfono.

—Entonces ven conmigo —dijo Giulia, tomando las manos de su hijo—. Ayúdame a liberar a nuestra familia de este capítulo negro. Ayúdame a darles paz a tu abuelo Arthur y a tu padre Henry.

* * *

El restaurante Zeri’s rebosaba del bullicio típico del mediodía maltés, con turistas y locales mezclándose entre el tintineo de copas y el aroma a pescado fresco. Chiara cortó su branzino con precisión mientras observaba a Chris desenvolver su sándwich de atún como si fuese un regalo de Navidad.

Chiara apartó su plato y se inclinó hacia su bolso, sacando una caja de cartón desgastado que depositó sobre la mesa con cuidado.

—Casi lo olvido. Las fotografías que me pediste.

Lily alzó la vista de su ensalada y parpadeó sorprendida.

—¿Las encontraste?

—Estaban en la casa de Sofía; me las llevé allí cuando vaciamos la villa antes de empezar la reforma. —Chiara empujó la caja hacia ella—. No sé si te servirán de algo.

—Son perfectas. —Lily retiró la tapa con dedos ansiosos, fingiendo despreocupación—. Pensaba enmarcar algunas para la decoración final. Ya sabes, darle ese toque de historia auténtica al proyecto.

Pero mientras hojeaba las fotografías en sepia y blanco y negro, su corazón latía desbocado.

Reconoció a Edmund de inmediato, más joven, sin las sombras que lo perseguían en la villa.

Arthur junto a él, ambos en uniforme militar.

Violet con un vestido de encaje, los ojos tristes incluso a través del tiempo.

Una imagen particular llamó su atención. Beatrice, radiante en un vestido de novia muy exótico, junto a un hombre de rasgos marcadamente hindúes, su sonrisa tan luminosa como la de ella.

—¿Quién es este?

Chiara se inclinó para ver mejor.

—Ah, ese es el marido de Beatrice. Se casaron en 1930, poco después de que mi abuelo… —Se interrumpió, sonriendo—. Bueno, poco después de que las cosas se complicaran. Se marcharon a la India juntos. Un escándalo para la época, por supuesto.

—¿La India?

—Beatrice nunca volvió. —Chiara bebió de su vino—. Fue la única que realmente se separó para siempre de la Villa Barrington.

Chris se inclinó sobre el hombro de Lily, examinando las fotografías con curiosidad descarada.

—¡Mira! —Chris robó una fotografía donde aparecían trabajadores de la villa, estudiándola con genuino interés—. Mira a estos pobres bastardos. Seguro ganaban una miseria mientras los Barrington bebían champán francés.

Chiara rescató la foto de sus manos con cuidado calculado.

—Hablando de trabajo, ¿cómo van las obras?

Chris se reclinó en su silla, recuperando su tono profesional.

—Los muros exteriores están casi listos. La grifería nueva quedará instalada para el fin de semana.

Lily guardó las fotografías cuidadosamente en la caja, su mente ya catalogando cada rostro, cada fecha, cada pista que pudiera ayudarla a entender el pasado que ahora reclamaba su presente.

—La estructura del techo del segundo piso está terminada —informó Chris, masticando con entusiasmo—. Los suelos de mármol han quedado impecables después del desastre de hace unas semanas. Diría que mi parte estará lista esta semana.

Lily removió su ensalada mediterránea sin mucho apetito, las muletas apoyadas contra su silla como recordatorio de su torpeza. El tobillo aún le dolía por las mañanas, pero había mejorado considerablemente desde el accidente.

—Perfecto timing —dijo Chiara, sirviéndose más vino blanco—. Porque Lily necesitará al menos un mes para terminar todo el diseño interior una vez que pueda moverse sin esos trastos.

Chris lanzó una mirada hacia las muletas de Lily con expresión culpable.

—Todavía no entiendo cómo te caíste por esas escaleras.

Lily evitó su mirada, concentrándose en pinchar unas aceitunas.

—Tropecé como una idiota. No hay mucho más que explicar.

—Al menos el médico dice que te liberarán la pierna la próxima semana —intervino Chiara—. Podrás volver a la villa y terminar lo que empezaste. ¿Estás ansiosa por regresar?

Nadie habló por un momento. Lily había evitado cuidadosamente mencionar sus encuentros con Edmund, especialmente después de aquel día caótico cuando Chris la encontró en el suelo.

La ausencia total del fantasma durante las últimas semanas la había tranquilizado, pero también la inquietaba.

¿Había desaparecido para siempre? ¿O simplemente esperaba su regreso en la villa?

—Supongo que sí —respondió finalmente—. Aunque será extraño volver después de tanto tiempo de nuevo en el hotel. Me he vuelto a acostumbrar a las comodidades modernas.

Chris se limpió las manos con la servilleta, estudiando el rostro de Lily.

—¿Seguro que no hay nada más? Has estado rara desde el accidente. Como si tuvieras miedo de algo.

—No seas ridículo.

Chiara levantó una ceja, percibiendo la tensión entre ambos.

—¿Ha pasado algo que deba saber? Porque si hay problemas serios en la villa…

—No hay ningún problema, que no se pueda resolver —interrumpió Lily demasiado rápido—. Solo necesito tiempo para readaptarme. Es una casa grande y vieja; hace ruidos extraños por la noche. Nada más.

Chris se inclinó hacia delante, sus ojos grises fijos en ella.

—Ruidos extraños. Interesante descripción para una casa en reformas.

—¿Qué insinúas?

—Que desde que llegaste a esa villa has estado comportándote de manera extraña. Primero las pesadillas, luego el incidente del café…

—¿Qué incidente del café? —preguntó Chiara, confundida.

Lily fulminó a Chris con la mirada.

—No hubo ningún incidente. Chris tiene demasiada imaginación.

—Dos tazas de café usadas cuando supuestamente habías dormido sola —dijo Chris, sin apartar los ojos de los de ella—. Y luego ese accidente inexplicable en las escaleras. Si no te conociera ya algo mejor, diría que alguien más estaba viviendo en esa villa contigo.

Chiara dejó su tenedor en el plato, preocupada.

—¿Crees que hay intrusos? Porque podemos instalar un sistema de seguridad…

—No hay intrusos —protestó Lily, sintiendo calor en las mejillas—. Chris está siendo paranoico porque… porque…

Se detuvo, dándose cuenta de que cualquier explicación la metería en problemas mayores. No podía mencionar a Edmund sin sonar completamente loca.

—Porque te preocupas por mí —dijo, mirando directamente a Chris—. Pero no es necesario. Soy perfectamente capaz de cuidarme sola.

Chris sostuvo su mirada durante varios segundos antes de asentir.

—Si tú lo dices.

Chiara observó el intercambio con interés, percibiendo corrientes subterráneas que no comprendía completamente.

El teléfono de Chiara vibró sobre la mesa, interrumpiendo el momento tenso. Miró la pantalla y frunció el ceño.

—Es mi hermano Alessandro. Disculpadme un momento.

Se alejó hacia la terraza del restaurante, dejando a Chris y Lily solos. A través del cristal, pudieron verla gesticulando animadamente mientras hablaba en italiano mezclado con inglés.

Chris aprovechó la ausencia para deslizar su mano sobre la de Lily.

—Odio cuando discutimos por tonterías.

Lily entrelazó sus dedos con los de él, sintiendo la familiaridad reconfortante de su contacto.

—No estábamos discutiendo. Estabas siendo protector de esa manera tuya tan intensa.

—¿Intensa? —Chris sonrió con esa mueca ladeada que la derretía—. La semana pasada dijiste que era “insoportablemente dominante”.

—Bueno, las dos cosas pueden ser ciertas.

Se miraron durante unos segundos antes de que Chris se inclinara hacia ella. Lily cerró los ojos, permitiéndose perderse en el momento. Después de las tensiones iniciales, este tipo de normalidad como pareja le parecía un lujo.

Chiara regresó a la mesa con expresión perpleja, pero se detuvo al verlos besándose.

—¡Ajá! Lo sabía.

Chris y Lily se separaron, Lily sonrojándose como una adolescente.

—No es lo que parece —dijo Lily.

—¿Ah, no? —Chiara se sentó como quien acaba de ganar una apuesta—. Porque parece que habéis admitido lo que todos podíamos ver desde hace días. Selene va a estar insoportable cuando se entere. Odia que la gente dude de sus predicciones.

Chris rodeó los hombros de Lily con el brazo, sorprendiéndola con su gesto abiertamente posesivo.

—Vale, es lo que parece. ¿Contenta?

—Enormemente —rio Chiara—. Aunque debo admitir que vuestro timing es interesante. Acababa de recibir noticias bastante inesperadas.

Lily se acurrucó contra el pecho de Chris, disfrutando de la sensación de pertenencia después de tanto tiempo sintiendo que no encajaba en ningún lugar.

—¿Buenas o malas noticias?

—Raras, más bien —Chiara tamborileó los dedos sobre la mesa—. Mi hermano Alessandro y mi madre Giulia vienen de camino desde Sicilia.

—¿Tu madre no estaba en una residencia? —preguntó Chris, sorprendido—. ¿No tiene ya casi noventa años?

—Ochenta y nueve, y aparentemente ha amenazado con venir sola si Alessandro no la acompaña —Chiara negó con la cabeza—. Es una mujer muy testaruda cuando se propone algo.

Lily sintió una extraña premonición.

—¿Ha dicho por qué quiere venir precisamente ahora?

—Ahí está lo raro. Alessandro dice que tiene que ver con una promesa que le hizo a mi padre antes de morir. Algo sobre honrar la memoria de Edmund, el hermano de mi abuelo Arthur.

El nombre de Edmund hizo que Lily se tensara involuntariamente. Chris notó el cambio y la miró con preocupación.

—¿Edmund? —preguntó Lily, intentando sonar casual.

—Mi tío abuelo. Murió en 1930 en circunstancias… complicadas. Giulia mencionó algo sobre un secreto familiar que necesita resolverse. Una culpa heredada, fueron sus palabras exactas.

Lily intercambió una mirada significativa con Chris, quien frunció el ceño sin entender nada.

—¿Cuándo llegan?

—Mañana por la mañana. Giulia insiste en ver la villa inmediatamente —Chiara suspiró—. Espero que no sea demasiado impacto para ella. La última vez que estuvo en Malta fue en los años cincuenta, y la villa ha estado abandonada desde entonces.

Chris posó una mano en el hombro de Lily.

—Bueno, al menos tendrás tiempo de prepararte. Y nosotros estaremos allí para ayudar.

—Nosotros —repitió Chiara con una sonrisa—. Me gusta cómo suena eso. Selene definitivamente va a presumir durante meses.