CAPÍTULO 24
Emperatriz Cuervo llama a Noemí, quien se cita con su prima para contarle la gran verdad que acaba de descubrir: Ginés no es su tío sino su verdadero progenitor, lo que deja a Emperatriz muda de asombro. Nunca lo hubiera imaginado.
Quijote le comunica a su madre que tras la boda de Adrián marchará a Italia a fin de olvidar lo que provocó su inicuo padre; aún le cuesta asimilar tantas maldades en tan poco tiempo, lo que la matriarca comprende.
Esa noche, Blancanieves llega a casa muy cansada, pues el día se le ha hecho agotador ultimando los detalles de la boda a fin de que todo salga a pedir de boca y nada falle; muerta de cansancio, se acuesta tras beber un vaso de leche fría y se mete en la cama.
No tarda en quedarse dormida ni en soñar con la boda.
En casa de Rosalía no están menos nerviosos ante el inminente enlace.
Rosalía comienza a pensar en celebrar la boda en casa, lo que comenta con Adrián, que pide a su madre que no se agite tanto, a lo que añade la imposibilidad de cambiar el lugar de la ceremonia por estar las invitaciones repartidas.
ROSALÍA: Es verdad, no había caído.
ADRIÁN: Cuando se casen mis demás hermanos, por ejemplo, Piero con Paulina, se lo propones antes de la boda.
ROSALÍA: De acuerdo, hijo. Es buena idea. Qué pena no haberlo pensado mucho antes.
Javier comenta con Asahel que le da pena el hecho de que Blancanieves y Adrián no estén bautizados, pues de haber sido así, se les hubiera hecho un discurso en el Salón del Reino, un discurso de bodas, pero que, aun así, pondrán el cántico del matrimonio en el juzgado si así lo desean los novios, por lo que Asahel llama a Adrián para consultarlo; Adrián no duda en aceptar, pues sabe que le encantará a su futura esposa.
Además, no será un cántico grabado a piano sino en versión instrumental, como si se tratase de una marcha nupcial religiosa.
Al día siguiente, Asahel comenta el asunto del cántico con Blancanieves tal como le dijo Adrián por la noche antes de colgar.
La novia responde alegremente y decide cantarlo en el banquete, por lo que propone ensayarlo ese día a fin de memorizarlo.
Se trata del cántico 117, titulado “El matrimonio, provisión de Dios”, que todos cantan.
Pocos minutos después, llega Adrián, a quien Norma Pérez abre la puerta; Adrián se une al ensayo del cántico junto a todos, incluida Norma, que también es Testigo.
Sabiendo que su novia está de acuerdo, Adrián aprueba cantar el cántico en el banquete, así como otros que él también decide que se canten.
En un momento que Blancanieves va a atender a Ismaelito, Adrián pide a Asahel, Maximiliano, Génesis y Alejandro que le dediquen a Blancanieves el cántico titulado “El resto sulamita” en el banquete, mas como una sorpresa, con lo que todos se muestran de acuerdo.
Felipe Santibáñez se marcha a Frankfurt (Alemania) para pasar las Navidades con su familia, mientras Fiorella queda muda de asombro al saber que Ginés Cuervo ha resultado ser el verdadero padre de Noemí, quien le pide que cierre la farmacia por vacaciones y se vaya a pasar unos días a Madrid, lo que Fiorella no duda en aceptar.
Blancanieves conoce ese mismo día a Noemí Cuervo, pues Rebeca se la presenta como hija de Ginés, por lo que la novia decide invitar a Noemí a su boda; Cecilia también es invitada, pues Blancanieves le da su invitación en la reunión de esa tarde.
Fiorella sale de Roma esa noche a las diez, cuando Rosalía conoce a Noemí Cuervo. Ambas entablan una animada conversación sobre la Biblia, que interesa mucho a la joven, a quien ha comenzado a darle un estudio su prima Paloma con el libro Conocimiento, pues ya estudió el folleto Exige en Italia.
Por fin llega el esperado día de la boda y los nervios están a flor de piel; los hermanos Belmonte y sus amigos son detenidos por la Policía tras intentar matar a Alberto Romel, un testigo de la Congregación Puerta de Atocha, también invitado a la boda.
Blancanieves se viste y es peinada por otra de las peluqueras de la congregación, una joven llamada Carmenza Casariegos, a quien llaman Carmen, pues odia que la llamen Carmenza.
Adrián se pone su traje y se va al juzgado acompañado por Quijote, Asahel, Alejandro y Abel; mientras, el portero del edificio en que viven los Montenegro, Giancarlo Laguardia -que también es Testigo y tiene 28 años-, alaba la belleza de Blancanieves al verla bajar tan radiante, vestida de novia.
El portero se lamenta de no poder ir al juzgado por tener que quedarse en su portería, mas promete estar presente en el banquete, lo que comprenden la novia y sus bellas acompañantes.
Minutos después, Blancanieves llega al juzgado y comienza a sonar en versión instrumental el cántico previsto, lo que emociona a la novia en su interior.
Adrián, visiblemente emocionado al ver a su novia, le dice al acercarse: “Sólo contigo, mi amor. Sólo contigo quiero estar toda la vida”, palabras que emocionan a los presentes.
Acto seguido, Ginés Cuervo procede al casamiento de la pareja, ante los rostros felices de los presentes.
Minutos después, los declara marido y mujer.
Los recién casados se besan dulcemente ante la emocionada mirada de sus familiares y amigos.
Al salir del juzgado, familiares y amigos aplauden a los recién casados entre lágrimas de emoción como en el caso de Rosalía, a quien hace muy feliz ver casado a su hijo, pero lamenta que Cruz no esté presente para ver casar a su hija.
Dado que el banquete de bodas no tendrá lugar hasta las ocho de la tarde, Blancanieves y Adrián se marchan al Retiro para la sesión de fotos con los familiares y amigos más íntimos, con quienes comen a las tres de la tarde en el Restaurante Chino Fan Hua de Puerta de Toledo.
Tras la comida, todos van a hacerse otra sesión de fotos al Jardín Botánico terminando por los alrededores del Palacio Real.
Noemí Cuervo recibe en su casa a Fiorella a las seis de la tarde.
Tras darse una ducha, la italiana recibe con gusto la invitación a la boda de Blancanieves y Adrián, pues ha sido invitada por ser familiar del juez Ginés Cuervo, aunque se siente algo intimidada, pues no conoce a los novios.
Noemí le pide que deje sus escrúpulos, lo que anima a Fiorella, que decide aceptar.
También se prepara Isacar Zapata, que por una vez en mucho tiempo cuelga su indumentaria real para lucir un traje de chaleco y corbata, pues Noemí le hizo ver que no podía llamar la atención de tal manera que lo pudieran confundir con el novio.
Llega la hora del banquete y los novios llegan minutos más tarde, cuando los invitados esperan su llegada.
Al entrar al salón de bodas, comienza a sonar la marcha nupcial seguida del cántico “El resto sulamita”, que todos habían ensayado, que es entonado por los presentes que son Testigos de Jehová, la gran mayoría de los invitados.
Acto seguido, Javier Parisini pronuncia la oración para bendecir la cena.
Cuando ya han terminado los langostinos, Asahel, Maxi, Génesis y Alejandro les dedican a los novios el cántico “El matrimonio, provisión de Dios”, con acompañamiento instrumental, versión que encanta a la pareja.
El cántico cantado emociona por igual a todos los presentes, incluso a los que no son Testigos.
Después de la tarta y el helado, los novios bailan la canción de Chayanne Tiempo de vals.
En los Salones OMA se apagan las luces y el baile nupcial es seguido por todos con varillas luminosas.
Tras el vals, los novios invitan a los presentes al baile, bailando canciones como Vive la vida, Chocolate y el éxito de Piero Para llenarme de ti.
A las doce de la noche, Piero se sube al estrado para dedicar a los recién casados su balada Sólo contigo.
Para dar fin al baile, la mayoría de los presentes cantan los cánticos “¡Fija la vista en el premio!” y “¡Vida sin fin, al fin!”.
Acto seguido, los recién casados se marchan al Hotel Ritz para vivir su noche de bodas, por cortesía de Rosalía.
Al día siguiente, Blancanieves y Adrián van juntos al Retiro, y junto al estanque, se juran amor eterno, cantándose la canción “Sólo contigo”.
Recuerdan lo mucho que han sufrido, sí, han perdido seres queridos, mas el dolor también les ha unido; vivencias sobre las que conversan Asahel y Maximiliano también dando un paseo por la Plaza de Oriente, donde sentados junto a la gran fuente situada frente al Teatro Real, deciden escribir una novela basada en lo que han vivido los últimos meses.
Ya no hay lugar para el sufrimiento en sus corazones, pues bastantes tragos amargos han sobrellevado. Ahora solo les queda confiar en el Creador de todas las cosas.
ADRIÁN: Mi amor, aún nos queda algo importante que hacer, ¿no crees?
BLANCANIEVES: Sí, cielo. Bautizarnos.
ADRIÁN: Exacto, mi amor. Y lo haremos juntos, si Dios lo permite.
BLANCANIEVES: Ojalá lo permita Dios así. Y juntos serviremos a Dios para siempre junto a los nuestros.
Y por fin dejan atrás los problemas, las angustias, los sinsabores; por fin pueden mirar al futuro con la más bella esperanza: el Reino de Dios, que además de resucitar a los muertos, eliminará toda maldad y la humanidad podrá vivir feliz por la eternidad.
ADRIÁN: Nunca olvides esto mi amor: solo contigo estaré yo siempre, mi amada, mi bella Blancanieves. Solo contigo. Te amo.
BLANCANIEVES: Te amo. Solo contigo. Siempre te amaré, mi hermoso Adrián. Te amo.
Sellan su juramento besándose con ternura, con la ilusión, con la seguridad de que nada ni nadie podrá separarlos jamás. Ni la muerte podrá acabar con el gran amor que siempre vivirá en sus corazones.
FIN