CAPÍTULO 3
Rosalía y Melania se visten en su casa para la visita a casa de Doña María Clara mientras llegan a la mansión Adrián y Quijote a fin de prepararse también a fin de irse todos juntos.
Al llegar a casa de su abuela, Blancanieves cuenta a su madre que han conocido por una gran casualidad a dos de los hermanos de Maximiliano, y que uno de ellos se ha fijado en ella y hasta han vivido un flechazo, lo que sorprende a los presentes en la casa.
Asahel y Maximiliano se besan apasionadamente y se entregan el uno al otro en cada caricia, haciendo el amor, felices de estar juntos allá, de no haber permitido que la distancia quebrara su amor.
Rosalía llama por teléfono a Monalisa para pedirle que vaya a la mansión para cuidar de la pequeña Dulce María en su ausencia, por lo que la sirvienta y niñera a tiempo parcial deja una nota a su guapo patrón al comprobar que no debe molestarle, pues se lo tiene prohibido siempre que la puerta de su cuarto esté cerrada con llave.
Acto seguido, Monalisa coge su bolso y toma un taxi de camino a la Mansión Velázquez Pelayo.
En casa de los Montenegro, toda la familia ultima los detalles para la visita de los Velázquez, pues ya queda poco para su llegada, ya que el reloj de péndulo que María Clara tiene en el salón de su elegante casa acaba de dar las seis menos cuarto de la tarde.
Mientras tanto, Dominika Valdezarza le pregunta a Ariel qué piensa hacer con Maximiliano al haber confirmado que es “un desviado”.
El perverso hombre asegura que no dudará en darle muerte en lugar de desheredarlo, aunque se trate de su hijo, por lo que la frívola mujerzuela sonríe descarada y malévola, sin importarle la maldad que su amante está dispuesto a cometer contra su propia sangre.
A la desvergonzada amante le excita tanto la maldad de Ariel que acepta hacer el amor con él en su ascensor privado.
Rosalía ordena al chófer Datán que los lleve a la Calle Montera para acudir a una importante cita, sin decirle nada más ni dar mayores explicaciones, pues Rosalía no quiere que Ariel de momento investigue sus pasos, de lo que lo cree capaz teniendo en cuenta haber descubierto su homofobia declarada.
Blancanieves comenta con su hermana Ángeles que piensa expresarle a Adrián su deseo de salir con él como su novia, lo que su hermana apoya, pues ha visto mucha química entre ellos, aunque apenas se conozcan. Por la manera en que se miraban, Ángeles cree que puede existir algo bonito entre ellos.
Los primeros en llegar a la reunión en casa de Doña María Clara son Asahel y Maximiliano, que han ido andando allí desde Ópera tras haberse duchado.
Al verlos, Blancanieves les cuenta la gran casualidad que ha sido conocer a Adrián y Quijote en el McDonald's de Sol, lo que sorprende mucho a la pareja, que se alegra, pues piensan que así se rompe el hielo a la hora de conocerse entre todos; mientras, Monalisa acaba de llegar a la Mansión Velázquez para cuidar de la pequeña Dulce María, de 10 años.
Rosalía y sus hijos llegan al domicilio de los Montenegro, situado en la Calle De La Montera número 26.
Datán, el chófer, les deja en el portal, donde al entrar, Rosalía y sus hijos son saludados por la portera, una alegre y parlanchina mujer llamada Angie Cadenas, que les pregunta a qué piso van.
Rosalía responde que van a casa de Doña María Clara Castaño, lo que alegra a la portera, que les da paso tras comentar que ella es madre del novio de una de las nietas de María Clara, la guapa Leylla Castaño, hija de Soledad.
Piero encuentra por el camino a su casa al chófer de su familia, que le confirma haber llevado a su madre y sus hermanos a casa de los Montenegro, por lo que Piero le ordena que le lleve también, lo que el chófer acata. Tardan poco, pues están en Atocha.
Al llamar al timbre, Maximiliano recibe a su madre y sus hermanos para presentar a la familia, mientras Piero llega al portal y Angie le permite pasar al saber que se trata de un Velázquez Pelayo.
En casa de María Clara, Maxi les hace pasar al salón-comedor, donde presenta oficialmente a toda la familia, que se muestra encantada de conocerlos.
Rosalía abraza a la madre de Asahel, lo que emociona a la mujer, que es algo tímida y no se hubiera atrevido a dar el paso, pero por dentro se siente muy contenta de que la madre de Maximiliano sea tan tolerante como ella.
CRUZ: La verdad es que estaba deseando conocerte, consuegra.
ROSALÍA: Yo también. Es un placer conocerte, Cruz. Pero estoy intrigada, ¿dónde está tu novio, hijo?
MAXIMILIANO: Eso mismo iba a anunciar. Familia, les presento a mi amado Asahel Montenegro Castaño.
Asahel hace acto de presencia en el salón-comedor y Rosalía reacciona dándole un abrazo al que desde ese día considerará su primer yerno.
Asahel devuelve el abrazo, abrazo al que se une Maximiliano.
Rosalía les da un beso en la frente a cada uno y bendice su relación, pidiendo que se besen, lo que la pareja hace.
Todos en la sala se emocionan ante tan bonito momento.
Acto seguido, Maxi presenta al resto de los Montenegro, lo que alegra mucho a Asahel, que ignora por completo que su suegro es todo lo contrario a Rosalía.
Minutos después, Blancanieves y Adrián comentan ante todos cómo se han conocido esa misma tarde horas antes, lo que sorprende a todos, que lo ven como una gran casualidad.
Aprovechando que los demás hablan entre sí, Adrián pregunta a Blancanieves si ha pensado en salir con él, a lo que la mayor de los hermanos responde que le dará una respuesta más tarde, pues desea que se lo pida delante de todos.
Las breves palabras que han intercambiado no han pasado desapercibidas para Rosalía, que, aunque no ha oído de qué hablaban, comenta con Cruz que parece haber mucha complicidad entre Adrián y Blancanieves, lo que no sorprende a Cruz, pues Blancanieves les habló de Adrián poco antes de la visita de los Velázquez; en ese momento, suena el timbre.
Maxi abre y se emociona mucho por volver a ver a su hermano Piero, pues no le había visto desde que se fue a Miami.
Lemuel y Rosalía entablan una animada conversación sobre los derechos de gais y lesbianas en España.
Rosalía comenta a Lemuel que no se perderá la Manifestación del Orgullo Gay ese año, lo que alegra mucho al novio de Natanael, pues significa mucho y les parece tranquilizador que la suegra de Asahel sea tan abierta; mientras, María Clara pide a Cruz y Soledad que vayan a la cocina para ir preparando la merienda, con lo que colaboran las chicas de la casa.
Minutos después, Rosalía conversa con María Clara, que le cuenta lo triste que se ha sentido a pesar de que Soledad vivía cerca y la cuidaba, pues echaba mucho de menos a Cruz y sus hijos.
Rosalía le asegura que nunca más debe sentirse sola, pues en los Velázquez también tiene una familia, palabras que la abuela agradece, y acto seguido, pregunta interesada por su esposo, lo que incomoda a Rosalía, que replica cómo el trabajo en el spa le ha impedido estar presente, pues obviamente no sabe cómo decirle que su esposo nunca aprobaría la relación de Maximiliano con otro chico.
María Clara entiende que el trabajo tiene ocupado al marido de Rosalía y va a la cocina para ver cómo va la merienda, que sirven las mujeres de la casa.
Una vez la mesa queda servida, Adrián pide atención a todos, pues tiene que decir algo importante, por lo que todos callan, intrigados.
ADRIÁN: Blancanieves, quiero ser tu príncipe. ¿Y tú, quieres ser mi princesa?
BLANCANIEVES: Sí, Adrián. Quiero ser tu princesa.
Acto seguido, se dan su primer beso y son felicitados por los sorprendidos presentes en casa de María Clara.
Ajenos a lo vivido en casa de los Montenegro, Ariel y Dominika vuelven a llamar a Leandro para que averigüe dónde vive Asahel Montenegro Castaño, exigiendo saber todo sobre él por 12.000 €. El ambicioso detective no tarda en aceptar, encantado de que cuenten con él para el nuevo encargo.
Rosalía bendice el noviazgo entre Adrián y Blancanieves -aunque lo ve muy apresurado para acabarse de conocer-.
Blancanieves agradece tales palabras y su sinceridad y se ríe diciendo a todos que ahora son familia por partida doble, por lo que todos ríen dándole la razón.
Acto seguido, Rosalía propone a Cruz y Soledad buscarles una muchacha de servicio para que puedan atender solo a su madre y no se preocupen de las labores domésticas, lo que María Clara acepta agradecida, aunque a Cruz y a Soledad no les parece bien, pues sienten que podría ser aprovecharse de las influencias de Rosalía De Velázquez.
Ariel y Dominika se encaminan a casa de Maximiliano para preparar el terreno del asesinato.
Ariel tiene las llaves de casa de su hijo, donde este ha dejado apuntada la dirección de su novio, lo que descubre Leandro, que ha acudido con ellos para buscar pistas.
Contento por sus pesquisas, Ariel le paga 18.
000 € por su trabajo. Mas para no levantar sospechas haciendo desaparecer el papel, Ariel anota la dirección en una tarjeta suya, pues Maximiliano no debe enterarse de que su padre ha estado allí con su amante y su detective privado.
En casa de María Clara, tras la merienda, los jóvenes se pegan unos bailes al son de la música que les pone Noé mientras los más mayores conversan sobre el empleo.
Rosalía ofrece a Cruz un empleo en el spa por pocas horas a la semana, lo que Cruz agradece, aceptándolo, por lo que ambas mujeres acuerdan verse al día siguiente a las doce en su oficina.
Cruz apunta la dirección del spa, pensando que gracias a ese trabajo podrá dedicarse más a su madre.
Rosalía se interesa también por las hijas de Cruz, a lo que ella responde contando brevemente la vida laboral de los Montenegro en Miami.