La vida es un puzle y el amor, un juego Capítulo 12 #2
54%

Capítulo 12 #2

―¡Vuelve a tirártelo! ―aconsejó Linda.

―¡Centraos! Estoy intentando irme de aquí sin ofenderlo. ¿Tenéis algún consejo válido que no me cause un sinfín de problemas?

―No ―negaron sus amigas simultáneamente.

―Bueno, por lo pronto le voy a dejar una nota en la almohada y voy a desaparecer. Cuando volvamos a encontrarnos me comportaré como toda una profesional que únicamente se interesa por su trabajo. ¿Algún consejo para que él solo me vea de esa manera?

―Que tu ropa interior sea lo menos sexy posible ―opinó Dina.

―¡Venga ya, Dina! Esto no va a volver a pasar, y menos aún en su oficina.

―Sí, claro. Lo que tú digas.

―¿Acaso no confiáis que yo sea capaz de resistirme a sus encantos?

―Max siempre ha sido demasiado encantador ―le recordó Linda mientras Dina añadía cuando Ellie abrió la boca para protestar:

―¿Vas a resistirte a él como has hecho hasta ahora?

―¡Mierda! ¡Está bien! Creo que tengo algunas braguitas con dibujitos de anime. ¿Creéis que valdrán? ―cedió Ellie finalmente, siendo consciente de lo débil que podía ser ante Max.

―Bueno, todo dependerá de si le gusta ese anime o no ―señaló Dina mientras Linda añadía una temible reflexión hacia su amiga que Ellie aún no estaba preparada para escuchar:

―No creo que te sirva de nada si lo que le gusta a ese hombre eres tú y no solo la idea de volver a conquistarte.

―No creo que Max se haya enamorado de mí, ni antes ni mucho menos ahora.

Solo creo que él quiere continuar el juego que comenzamos en nuestra adolescencia y demostrarse a sí mismo que sigue siendo el mejor y que cualquier chica puede caer rendida ante sus encantos.

Es posible que cuando le confesé en nuestro desastroso baile de graduación que yo había jugado con él de la misma manera que él había jugado conmigo fuera un gran golpe para su ego del que aún no ha podido recuperarse.

―O también es posible que realmente se enamorara de ti y que aún te quiera ―apuntó Linda.

―Max no es del tipo de hombres que se enamora locamente de una mujer ―declaró Ellie con tristeza.

―Por eso mismo, ninguna sabemos de lo que será capaz cuando se enamore ―señaló Linda, intentando mostrarle a su amiga que lo que ella creía imposible podía convertirse en una realidad.

―Si Max llega a enamorarse alguna vez, estoy muy segura de que no será de mí: somos demasiado distintos.

―Entonces, ¿por qué has aceptado seguirle el juego si crees que no habrá un final feliz para vosotros?

―Tal vez porque, como vosotras habéis asegurado, yo no puedo resistirme a sus encantos que siempre me llevan a intentar imaginar qué ocurriría si un imposible se convirtiera en realidad.

―Ellie… ―susurraron tristemente sus amigas al escuchar sus palabras y ver que ocultaba su dolor detrás de una sonrisa.

―No os preocupéis: solo voy a jugar con Max, no a enamorarme de él.

―Ese juego es muy peligroso, Ellie ―advirtió Linda.

―Lo sé, pero tranquilas: sé lo que me hago ―contestó Ellie con una sonrisa antes de finalizar la videollamada con sus amigas, decidida a huir una vez más de ese hombre y de lo que su corazón sentía cada vez que estaba cerca de él.

No sabía qué hacer en esa situación así que, tras terminar la conversación con mis amigas, me enrollé la sábana de la cama y me puse a buscar por toda la casa un papel y un bolígrafo.

Para mi desgracia, cuando estaba en el salón alzando mis brazos al aire en gesto de triunfo después de encontrar al fin lo que buscaba, la sábana que llevaba alrededor se cayó al suelo justo en el preciso momento en el que Max abría la puerta.

Yo tardé en reaccionar cuando lo vi aparecer con un ramo de flores en una mano y unas bolsas en la otra con lo que parecía nuestro desayuno.

―¡Oh! Decidí salir un momento a comprar algo para que desayunáramos juntos… pero si prefieres que empecemos por el postre, por mí perfecto ―dijo Max con una sonrisa mientras cerraba la puerta de una patada y dejaba las bolsas y el ramo de flores en el suelo para enfilar hacia mí.

―¡No! Yo solamente quería dejarte una nota antes de irme y… ―traté de explicarle, alarmada, antes de volver a taparme con la sábana, sujetando un pequeño bloc de notas y el bolígrafo.

―¿Querías volver a huir de mí? ―preguntó Max, mirándome molesto.

―¿Yo? No, para nada… ―mentí con descaro, evitando su mirada.

―Perfecto. En ese caso, dejaré que escribas la nota y cuando lo hagas eres libre de irte ―anunció Max mientras me arrebataba el bloc y el bolígrafo y los ponía encima de la mesa ―.

Vamos. Empieza a escribir ―me susurró al oído después de darme la vuelta para ponerme de cara hacia la mesa.

Entonces me acorraló entre sus fuertes brazos y los apoyó sobre la mesa para que no pudiera huir de él.

―No sé cómo empezar… ―reconocí, nerviosa, cuando Max comenzó a besar mi cuello.

―¿Por qué no empiezas con un «querido Max»…? ―susurró de nuevo, haciendo que moviera mi bolígrafo sobre el papel mientras recitaba en voz alta las primeras palabras de mi nota.

―«Odiado Max…» ―comencé, a la vez que escribía con una mano y con la otra apretaba fuertemente las sábanas contra mi cuerpo desnudo, que volvía a excitarse al rememorar los apasionados momentos de la noche anterior.

Mi rebeldía solo provocó que Max sonriera e introdujera una de sus manos por debajo de las sábanas para acariciar lentamente una de mis piernas en su camino hacia lugares más íntimos.

―Tal vez deberías seguir describiendo lo que sientes tras volver a encontrarte conmigo ―sugirió Max con voz ronca.

―Buena idea… «Al volver a verte siento rabia, enfado y enojo…» ―dije, recordando cuánto me dolió que jugara conmigo en el pasado. Y mientras yo le confesaba mis confusos sentimientos, Max introdujo su dura mano entre mis piernas y comenzó a acariciarme, haciendo que mi cuerpo temblara de deseo.

―No te olvides del deseo… ―añadió ese malicioso hombre mientras hundía uno de sus duros dedos en mi interior y me hacía gemir, consiguiendo que no pudiera negar sus palabras.

―«Nunca pensé que volveríamos a encontrarnos de nuevo…» ―continué, escribiendo con dificultad.

―Lo sé, por eso me dejaste aquella nota retándome… ―contestó Max con una perversa sonrisa mientras su dedo avasallador aumentaba el ritmo de sus penetraciones y su otra mano acariciaba mis senos por encima de las sábanas.

―«Y ahora que lo hemos hecho, tan solo quiero huir de ti…

» ―dije entre gemidos cuando Max dio un tirón de las sábanas y me dejó totalmente expuesta ante él.

Luego jugó a su antojo con mis pezones erectos, pellizcándolos sutilmente, haciéndome gritar su nombre entre el dolor y el placer antes de volver a calmarlos con suaves caricias.

Mis caderas comenzaron a buscar su otra mano cuando Max añadió otro dedo más a mi apretado interior, pero no se movió.

―Sé que quieres huir de mí ―dijo Max al mismo tiempo que guiaba mi cuerpo, haciendo que mis sensibles senos se aplastaran contra el frío cristal de la mesa y que yo gimiera su nombre―.

Como también sé que no huirás porque te gusta jugar conmigo.

Admítelo o no seguiré ―me susurró al oído, deteniéndose abruptamente haciendo que me sintiera vacía…

hasta que oí cómo abría la cremallera de sus pantalones y abría un preservativo.

No tardé en sentir su duro miembro rozándose incitantemente contra mi sexo, reclamando hundirse en su interior.

Me temblaron las piernas, sobre todo cuando una de las manos de Max comenzó a acariciar lentamente mi clítoris mientras su pene me tentaba una y otra vez.

―«Pero no huiré, porque me gusta jugar contigo» ―escribí, confesando la realidad mientras me retorcía sobre esa mesa en busca del placer que Max me prometía con sus caricias.

Mis palabras hicieron que él dejara de retenerme y entonces fui yo quien se movió tentadoramente contra él.

Como respuesta, su duro miembro penetró en mí con una dura embestida que me hizo gritar su nombre y convulsionarme de placer.

―¿Por qué no escribes en esa nota hasta cuándo durará este juego, Ellie? ―inquirió Max con un tono jocoso a la vez que aumentaba el ritmo de sus acometidas. Y rebelándome contra él y sus burlas, escribí con una letra cada vez más temblorosa y deforme:

―«Este juego durará hasta que alguno de los dos pierda en el amor» ―declaré.

A continuación, mientras arrugaba el papel que tenía en mi mano, le anuncié―: ya he terminado mi nota, así que puedo irme ―dije, dispuesta a fastidiarlo, aunque mi cuerpo, que reclamaba satisfacer su abrumador deseo, no estuviera de acuerdo conmigo.

―Los mensajes no pueden finalizar sin una despedida ni la firma de quien la escribe para que el destinatario sepa de quién procede, ¿no te parece?

―repuso Max; entonces arrancó la hoja de mi nota del bloc y jugó conmigo alejándola de mi alcance, haciendo que yo me apoyara más sobre la mesa para tratar de cogerla.

―¡Tramposo! ―grité entre gemidos cuando noté que su excitación aumentaba ante la perspectiva de continuar nuestro encuentro y así, tras agarrar fuertemente mis caderas, Max comenzó a manejar mi cuerpo a su antojo, alejándome y acercándome de ese papel que mis manos no lograban alcanzar mientras él seguía imponiendo un implacable y profundo ritmo en sus acometidas que me aproximaban al orgasmo cada vez más.

Intenté concentrarme en esa nota y escribí un adiós en medio de las embestidas de mi amante.

Y mientras llegaba al orgasmo, terminé de firmar algo parecido a mi nombre para luego arrugar el papel entre mis manos, cediendo por completo ante el placer a la vez que ambos gritábamos el nombre del otro al llegar al clímax.

―Tramposo ―susurré, derrumbada sobre la mesa.

―Siempre ―susurró Max en respuesta, todavía hundido profundamente en mi interior antes de coger mi nota―.

Está algo borrosa y no entiendo tu letra, sobre todo en esta última parte ―comentó, dedicándome una maliciosa sonrisa―.

Creo que tendrás que volver a escribirla para que pueda enterarme del mensaje que quieres dejarme.