La versión pulida Chapter 24
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Chapter 24

XXIII

Nora, viéndola así, un poco perdida detrás de su propia pregunta, hizo algo que no había planeado hacer.

—¿Y usted por qué hace esto? —preguntó—. Grabar viejas, quiero decir.

Ayelén pareció sorprendida, no por la pregunta en sí sino porque se la hicieran a ella, después de una tarde entera de preguntar y no de contestar.

—Mi abuela nunca quiso hablar de esos años —dijo, después de un momento, jugando con la tapa del marcador—.

Se murió sin contarnos nada, ni una palabra, y ahora en mi familia nadie sabe si le pasó algo de verdad o si nada más le tocó vivir esos años con miedo.

Yo creo que fue algo. Mi mamá cree que no. Nunca lo vamos a saber.

Lo dijo con una liviandad estudiada, la de alguien que ha contado esa misma historia varias veces para explicar su propia vocación y ya le limó las aristas más filosas, pero a Nora no le pasó desapercibido el segundo exacto, brevísimo, en que a Ayelén se le cortó la voz antes de la última frase.

—Por eso grabo todo lo que puedo —siguió Ayelén—. Para que a nadie más le pase lo que nos pasó a nosotros con mi abuela.

Nora no dijo nada. Pensó, sin decirlo, que Ayelén tenía apenas veintipico años y ya cargaba, sin saberlo del todo, con la misma pregunta que a Nora le había llevado cincuenta: qué hacer con el silencio de alguien que una quiere y no puede abrir.

Pensó también, y esto tampoco lo dijo, que quizás no fuera casualidad que esa chica en particular, de todas las que podían haber tocado su puerta con un grabador, fuera justamente una que cargaba su propia caja cerrada.

—Le va a servir esto, entonces —dijo Nora, por fin, señalando el grabador con la cabeza—. Lo que le voy a contar hoy.

—Espero que sí —dijo Ayelén, y volvió a poner cara de trabajo, aunque algo en sus manos, sosteniendo el marcador un poco más fuerte que antes, tardó unos segundos más de lo normal en volver del todo a la tarea.