La versión pulida
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Chapter 2
I
Hace dieciocho meses que es viuda. No lo dice con dolor ni con alivio, lo dice como quien informa un dato del documento: viuda, tal fecha.
Rubén murió de un problema en el pulmón que se fue complicando de a poco, y en el año y medio que lleva sola Nora descubrió una cosa que no esperaba: que el silencio de la casa no le pesa como pensaba que le iba a pesar.
Se acostumbró rápido. Demasiado rápido, piensa a veces, y no se anima a seguir el pensamiento hasta el final.
La carta llegó un jueves de agosto, en un sobre con el membrete de un instituto de la facultad, y decía, en el lenguaje prolijo y un poco excesivo de esos proyectos, que estaban recopilando testimonios de mujeres detenidas durante la última dictadura en la región, que su nombre figuraba en un listado del Servicio de Paz y Justicia cruzado con archivos de la ex DIPBA, que si estaba dispuesta a conceder una entrevista para un archivo oral que iba a quedar depositado en la Comisión Provincial por la Memoria.
Adjuntaban un teléfono. Nora dejó la carta tres semanas arriba de la heladera, debajo de un imán con forma de girasol, antes de decidir qué hacer con ella.
Lo que no sabe si va a poder contar es todo lo demás, que no tiene versión pulida porque nunca tuvo ninguna versión.
Nunca la dijo entera ni una sola vez, en cincuenta años, ni siquiera cuando pudo, ni siquiera cuando ya no había ningún peligro real en decirla, salvo el peligro de tener que escucharse a una misma decirla.