La Verdad Es Paciente Capítulo 28
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Capítulo 28

Elegirse

La habitación de Gabriel tenía la lámpara pequeña de la mesilla encendida, dando una luz cálida y baja.

Elena estaba junto a la ventana cuando Adrián se acercó y le puso las manos en los hombros con esa delicadeza suya que no era vacilación sino consideración.

—Oye —dijo en voz baja.

Ella se volvió. Y en la luz pequeña pensó en todo lo que habían construido. Piedra a piedra, como había dicho Gabriel que se construía la verdad.

Le puso la mano en el pecho. Sintió su corazón debajo de la tela, más acelerado de lo que su cara tranquila sugería. Eso le dijo más sobre él que cualquier palabra: que también lo sentía. Que también le importaba.

—Hola —dijo ella.

—Hola —respondió él.

Y la besó.

Era diferente al primero. Tenía el peso de lo que se habían dicho, del miedo nombrado y del querer nombrado. Tenía el peso de algo completamente elegido.

Lo que ocurrió después fue lento y honesto y completamente suyo, de los dos. Sin prisa. Con toda la atención que se le da a las cosas que importan de verdad.

Sus manos aprendiendo el contorno del otro. Su respiración mezclada con la de él. El mundo de fuera completamente quieto.

Después, en la oscuridad tranquila que siguió, con la cabeza de Elena en el pecho de Adrián y su mano en el cabello de ella, ninguno habló durante un rato.

No hacía falta. Las palabras eran para cuando las cosas todavía necesitaban ser nombradas. Esto ya tenía nombre.

—¿Estás bien? —dijo Adrián en voz muy baja.

—Mejor que bien. ¿Y tú?

—Sí.

—Gracias —dijo Elena.

—¿Por qué?

—Por preguntar si estaba segura.

Pausa larga. Y después, con la voz más destapada que Elena había escuchado de él:

—Siempre —dijo.

Una palabra que lo decía todo.

Elena cerró los ojos. Y se quedó dormida con la calidez de su pecho bajo la mejilla y su respiración haciéndose más lenta y regular.

Y los árboles viejos del jardín de Gabriel se movían con el viento de la noche.

Y la casa que había estado esperando que alguien la despertara dormía por fin.