Capítulo 26
Lo que no dijimos
La conversación pendiente llegó una tarde de lluvia, que parecía apropiado.
Adrián había vuelto de la universidad con la expresión de quien ha llegado a alguna conclusión durante el trayecto.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Ya sé que puedes.
—¿Qué pasa cuando esto termine del todo? ¿Cuando la casa de Gabriel vuelva a ser simplemente una casa?
—¿Qué quieres que pase?
—Eso te estoy preguntando yo a ti.
—Te pregunté primero.
Adrián la miró sin filtro.
—Quiero que sigamos. No la investigación. Nosotros. Lo que sea que es esto. Con tiempo. Sin urgencia. Sin que siempre haya algo que nos persiga. —Pausa. —¿Eso tiene sentido?
—Tiene sentido.
—¿Y tú?
Elena fue hasta el sofá y se sentó cerca de él. No en el extremo opuesto.
—Quiero lo mismo. Pero necesito decirte algo. No soy fácil. Trabajo demasiado. Tengo el hábito de no pedir ayuda cuando la necesito y de pedir espacio cuando quiero que alguien se quede.
—Lo sé.
—¿Lo sabes de verdad?
—Elena. Llevo semanas observándote. No te estoy pidiendo que seas diferente. Te estoy pidiendo que seas exactamente esto, pero conmigo.
Algo que llevaba semanas en tensión en su pecho se soltó.
—Yo tampoco soy fácil —dijo Adrián—. Por si sirve.
—Ya lo sé.
—¿Lo sabes de verdad?
—Creo que lo estoy aprendiendo.
Adrián le apartó el cabello de la cara con una delicadeza inesperada. Y la besó. Despacio. Con el tiempo que tiene algo que ya no necesita apresurarse porque sabe que puede quedarse.