Capítulo 7
Pasos
El sonido llegó cuando guardaban los últimos documentos.
Pasos. En el pasillo exterior. Lentos. Medidos. No eran los de la señora Mercedes.
Adrián apagó la lámpara de escritorio. La oscuridad fue inmediata y total.
Elena no se movió. Escuchó.
Los pasos se acercaron. Se detuvieron frente a la puerta.
En ese silencio, Adrián se había movido. No lo vio: lo sintió. Y después su mano encontró la de ella en la oscuridad. No fue un gesto romántico. Era una señal: quieta, no te muevas, estoy aquí.
Elena no retiró la mano.
No porque no pudiera. Sino porque en aquel momento la mano de Adrián era información: alguien aquí, alguien tranquilo, alguien que no va a moverse sin avisarte.
O eso se dijo Elena.
Los pasos permanecieron frente a la puerta durante cuarenta segundos que parecieron bastante más. Después se alejaron.
Elena encendió la linterna. Adrián estaba exactamente donde lo había sentido: a su lado, con la mano todavía unida a la de ella. Cuando la luz apareció, los dos miraron las manos al mismo tiempo.
Las soltaron. Sin comentario. Sin prisa tampoco.
—¿Seguimos? —dijo Adrián.
—Seguimos —respondió Elena.
* * *
En la calle, Elena notó algo mientras caminaba seis manzanas antes de darse cuenta de que había tomado el camino equivocado.
Se detuvo. Reorientó.
Y se preguntó si lo había tomado porque estaba distraída con la investigación o por alguna otra razón que prefería no examinar todavía.
Decidió que era la investigación. Por supuesto que era la investigación.