La Vasca: El Caso Hans Madrid (España), invierno de 1990.
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Madrid (España), invierno de 1990.

Julia observa a su marido. La mirada es una mezcla entre ternura y horror. Agradece al hombre de su vida que haga todo lo posible por salvar a Hans, pero por otro lado le aterra la idea de ver a Gustav convertido en un monstruo.

—No puedo creer que estés pensando hacer esa locura —le dice ella.

—No puedo hacer otra cosa, continuaré lo que comenzó mi padre y, con un poco de suerte, quizá salve la vida de nuestro hijo.

—¿Te has vuelto loco, Gustav? Quieres acabar con la vida de otras personas solo por salvar la de Hans… te convertirás en un asesino, en alguien parecido a un monstruo.

—¡Te he dicho que no hay otra opción! —grita él—. He de intentarlo, Julia.

—No eres Dios —añade la mujer—. No puedes ir por ahí creyendo que vas a salvar vidas o a curar enfermedades.

—¡Te lo he dicho millones de veces! En el cerebro está la clave de todo, es el órgano más importante del cuerpo humano… mi padre bien lo sabía, y los nazis también, Hitler lo tenía claro.

—La guerra terminó, Gustav. Ya no queda nada de aquello. Hitler era alguien que tenía una visión distorsionada del mundo. Estaba loco, y tú sigues sus pasos.

—No pienso rendirme, y tú me ayudarás —indica—, por el bien de nuestro hijo.

—Ya no eres el hombre con el que me casé. Eres un ser oscuro.

—No. Soy un hombre que está cerca de perder a su hijo y que hará todo lo posible por salvarlo.

—Ya oíste al médico.

—Lo oí, es lo único que hago, escuchar a los putos médicos. Pero pienso curar a Hans, eso te lo aseguro. ¿Acaso no quieres a nuestro hijo? ¿No harías cualquier cosa por él?

Julia cree tener las ideas claras. Ella piensa que nadie nace siendo un asesino, quizá eso se forma con el paso de los años, del tiempo, o dependiendo de las vivencias de cada uno.

Sabe que si cruza esa línea ya no habrá vuelta atrás.

¿Matar a gente inocente a cambio de poder salvar la de su hijo?

Piensa ella. ¿En qué momento comenzó a dudar?

Mira a Gustav, su marido, lo quiere, lo ama con locura.

Tener un hijo era un sueño para ellos, el poder formar una familia y ser felices.

Ama a su hijo, y sí, haría cualquier cosa por él.

—Te ayudaré, Gustav. Tienes razón… tenemos que hacer todo lo posible por curar a Hans.

Gustav la mira admirado por la mujer que tiene. Se siente más enamorado que nunca. Ahora son uno en todo eso, y sabe que aparecerá una solución para su hijo.

—De todas formas, Julia, hay algo más que tenemos que hacer cuando todo esto comience, y es una parte muy importante del plan.

—¿A qué te refieres?

—Sentémonos, creo que lo entenderás mejor si estás más relajada.