CAPÍTULO 39
Sandra Vega desea, con todas sus fuerzas, que el hombre de la máscara abra la puerta con la bandeja en la que lleva agua y algo para comer para poder poner en marcha su plan.
Una vez, en una película, vio como una mujer secuestrada ingería un veneno disuelto en agua y a los pocos minutos vomitaba y conseguía neutralizar los efectos.
Pero claro, en otra película vio el mismo caso y la víctima caía inconsciente a los diez segundos.
Cuando la anterior vez ese hombre le hizo beber el agua y comerse el sándwich, podría calcular que se desmayó a los pocos minutos.
Por eso mismo sabe que como mucho ha de vomitar máximo ciento veinte segundos después de beber el agua.
No tiene muchos conocimientos sobre ello, pero imagina que el líquido ha de pasar del estómago al intestino y ser absorbido por el organismo para que haga efecto.
Si consigue expulsar el fármaco en un tiempo prudencial, quizá no se desmaye.
Lo único que desea es que su secuestrador se marche de esa habitación rápidamente para que ella pueda poner en práctica su plan.
Con algo de suerte, ese hombre no tendrá apenas conocimientos sobre el somnífero que hace tomar.
Por eso pone las esposas, porque no sabe si despertarán o no mientras las viola.
No para de pensar en Raúl, su novio. Se pregunta qué es lo que estará haciendo para poder encontrarla.
Incluso por un segundo se le ha pasado por la cabeza pensar que no la esté buscando, pero sabe que eso es imposible, esa opción no puede existir.
Sabe que él la quiere. Se aman. Se lo han dicho muchas veces.
No llevan demasiado tiempo, pero lo suficiente como para saber que quieren estar junto para siempre.
La puerta no se abre. Quiere que ese hombre malvado vuelva a a entrar para dejarla dormida. Es su plan, es la única manera que se le ocurre de poder escapar de ahí.
—Vamos, hijo de puta, entra de una vez —susurra.
Y, era cuestión de tiempo, pero al final la puerta se abre. El tipo de la terrorífica máscara blanca entra con la misma bandeja en la que hay un vaso con agua y otro sándwich. Ya se lo dijo él, que no tardaría en volver. Deja la bandeja en el suelo y saca las esposas del bolsillo de su abrigo.
—Vuelve a ponértelas —le ordena él cuando se las lanza.
Ella no protesta. Se las pone y se acurruca sobre el colchón.
—Ahora bébete el agua y cómete el sándwich —le indica el secuestrador señalándole la bandeja—. Tienes que reponer fuerzas.
En la anterior ocasión, Sandra se esperó a que el hombre saliera de la habitación para comenzar a beber y a comer. Está vez no lo hará así, mientras el secuestrador la mira ella coge el vaso de agua y se lo bebe de un trago.
—Tenía mucha sed —añade ella con voz débil.
—Bien, ahora cómetelo todo. Vendré en un rato.
Ahora es el momento. Sandra calcula que lleva con el agua en su interior unos cuarenta segundos solamente.
Cuando su raptor sale de la habitación y cierra la puerta, ella se mete los dedos en la boca sin perder ni un solo segundo más.
Introduce el dedo índice y anular hasta la campanilla hasta que vomita.
Lo hace sobre el colchón, en la sábana, así podrá dejar todo lo que ha echado escondido.
Lo único malo es que la descubra y tenga que dormir los siguientes días entre tropezones de jamón rancio y queso.
Ya ha escondido entre esa sábana azulada y sucia todo lo que ha vomitado, y lo único que puede hacer ahora es quedarse medio tumbada en el suelo a esperar a que ese hombre vuelva a entrar, pero antes, tiene que tener un plan para el siguiente paso.
Cuando ese criminal la coja creyendo que está dormida y la quiero colocar sobre el colchón, tiene que aturdirle con lo que sea.
Observa a su alrededor pero ni siquiera había pensado en esa segunda parte del plan.
Lo único que consigue tener a mano es un trocito de piedra que parece caer de la pared, pero con eso no le hará nada.
Después observa hacia su lado, tiene algo mucho mejor, la maldita bandeja que ya odia a muerte.
Es de metal, si consigue propinarle un buen golpe en la cabeza está segura de que podrá dejarlo inconsciente.
Quizá sea cuestión de suerte, pero es lo único que puede hacer.
No hay otra salida, ni otra opción. O es él o ella.