Capítulo 20
La elección ante todos
Nathan conduce en silencio, sin soltar la mano de Emma.
Ella ya ha preguntado tres veces adónde van.
Él no ha contestado a ninguna.
No porque quiera prolongar el misterio, sino porque teme desvelarlo antes de tiempo. Ha pasado los últimos días preparando esta noche y todavía nada le parece lo bastante bueno.
Emma merece más que una propuesta en medio de una cocina.
Merece más que una frase espontánea después de que él la llamara su novia sin darse cuenta.
Merece saber que Nathan la elige por completo.
No porque Ethan esté lejos.
No porque se haya quedado sin habitación.
No porque convivir hiciera imposible ocultar el deseo.
La elige porque la quiere.
Porque quiere construir una relación con ella.
Porque ya no logra imaginar su propia vida sin que Emma ocupe un lugar en ella.
—Estás nervioso —dice Emma.
Nathan la mira de reojo.
—No lo estoy.
—Sí que lo estás.
—Estoy conduciendo.
—Puedes hacer dos cosas a la vez.
—Eso lo aprendiste de mí.
—He aprendido muchas cosas de ti.
Nathan le aprieta la mano.
—¿Alguna otra pregunta?
—Sí.
—¿Cuál?
—¿Por qué traes ese paquete?
El objeto está en el asiento de atrás, dentro de una bolsa pequeña y oscura.
—Ya lo descubrirás.
—¿Es un regalo?
—Puede.
—Otra vez te pones misterioso.
—Intento sorprenderte.
—No sabes sorprender a nadie.
—Todavía no lo has comprobado.
—Estás sonriendo.
—No es verdad.
—Que sí.
Nathan no puede evitar sonreír.
Emma lo observa con atención.
—¿Es algo importante?
—Lo es.
Su respuesta le cambia la expresión.
—¿Qué ha pasado?
—Nada.
—Entonces, ¿por qué es importante?
—Porque quiero decirte unas cuantas cosas.
Emma se queda callada.
Nathan nota cómo le crece la ansiedad.
El lugar al que la lleva no es la pista de hielo, ni el polideportivo, ni ningún restaurante elegante. Es la casa de los Carter.
La casa donde todo empezó.
Donde Emma creció.
Donde Nathan pasó innumerables tardes con Ethan.
Donde vio a Emma con catorce años, escondida detrás del sofá para intentar oír sus conversaciones.
Donde, años después, se dio cuenta de que ya no era la niña a la que trataba como a una hermana.
La casa está iluminada cuando aparcan.
En el jardín delantero hay coches que Nathan reconoce.
El de Ethan.
El de Olivia.
El de Caleb.
Nathan respira hondo.
Emma mira por la ventanilla.
—Nos has traído a la casa de mis padres.
—Así es.
—¿Por qué?
—Confía en mí.
Ella lo observa unos segundos.
—¿Me lo vas a contar ya?
—Cuando entremos.
—Has invitado a gente.
—A unos cuantos.
—¿A quién?
—A Ethan, a tus padres, a Olivia y a Caleb.
Emma no se mueve.
—¿Has invitado a todo el mundo?
—A todo el mundo no.
—Me estás asustando.
—No tienes nada que temer.
—No tengo miedo.
—Te estás mordiendo la mejilla.
Emma suelta el aire.
—No puedes usar eso cada vez que quieras demostrar que me conoces.
—Sí puedo.
—No puedes.
Nathan apaga el motor.
Antes de bajar, le sujeta la cara entre las manos.
—Jamás haría nada que te incomodara.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Emma mira la casa.
—¿Qué está pasando?
Nathan le besa la frente.
—Ya lo descubrirás.
Sale del coche y lo rodea para abrirle la puerta.
Emma se baja.
Nathan la coge de la mano.
El jardín está iluminado con lucecitas colgadas entre los árboles. A la madre de Emma siempre le ha gustado tener gente en casa, pero no suele organizar reuniones sin avisar.
Emma camina a su lado, todavía sin entender nada.
—Si esto es una intervención…
—No lo es.
—¿Se lo has dicho a mi madre?
—Le he dicho que quería hacer algo.
—¿Y le pareció bien?
—Le hizo ilusión.
—¿Mi padre también lo sabe?
—Sí.
Emma se detiene delante de la puerta.
—¿Me estás llevando a una reunión familiar?
—Sí.
—¿Por qué?
Nathan la mira a los ojos.
—Porque llevo demasiado tiempo escondiéndote.
A Emma le cambia la expresión.
Nathan le aprieta la mano.
—Hoy quiero que sepas que no hago esto por obligación ni por culpa ni porque Ethan me haya influido.
—Lo sé.
—Quiero decirlo delante de las personas que nos importan.
Emma respira hondo.
—¿Me estás pidiendo permiso para entrar?
—Estoy esperando a que te sientas cómoda.
Ella baja la mirada hacia sus manos unidas.
—Lo estoy.
Nathan abre la puerta.
…
La casa está más silenciosa de lo esperado.
No hay música alta ni conversaciones dispersas por las habitaciones. Están todos reunidos en el salón, y el silencio que se hace cuando Nathan y Emma entran confirma que los estaban esperando.
Ethan está de pie junto a la chimenea, con los brazos cruzados.
Olivia está sentada a su lado, sonriente.
Caleb está en un sillón, con un vaso en la mano.
Los padres de Emma están de pie en el centro de la sala, muy juntos.
Su madre es la primera en acercarse.
—Por fin.
Emma se sonroja.
—¿Lo sabías?
—Sabía que Nathan había preparado algo.
—¿Qué sabías?
—No todo.
Nathan saluda a los padres de Emma, pero no le suelta la mano.
La madre de Emma se fija en el gesto y sonríe.
Su padre observa a Nathan un momento, serio, aunque sin hostilidad.
—¿Estás bien? —le pregunta a Emma.
—Sí.
—¿Segura?
Emma mira a Nathan.
—Segura.
Ethan se acerca.
—Dije que no haría preguntas difíciles.
Nathan arquea una ceja.
—No dijiste eso.
—Dije que no gritaría.
—Eso es distinto.
—Voy progresando.
Olivia abraza a Emma.
—Estás guapísima.
—¿Por qué os comportáis todos como si me fuera a casar?
Caleb responde desde el sillón:
—Porque Nathan tiene cara de ir a dar un discurso.
Nathan lo mira.
—Prometiste no decir nada.
—No le he dicho nada a nadie.
—Tu cara, sí.
—Mi cara es expresiva.
Emma le aprieta la mano a Nathan.
—¿Has preparado un discurso?
—No exactamente.
—Eso significa que sí.
Nathan mira a su alrededor.
La sala está llena de gente que ha presenciado distintas partes de su vida.
Ethan, que lo conoce mejor que nadie.
Los padres de Emma, que lo acogieron en su casa durante años.
Olivia, que se dio cuenta de lo que sentía Emma antes que nadie.
Caleb, que lo obligó a admitir lo que sentía.
Todos lo miran.
Nathan siente volver el viejo miedo.
Las ganas de aplazarlo.
De decir que no era el momento.
De llevarse a Emma al coche y pedírselo en algún sitio tranquilo, solo los dos.
Pero Emma está a su lado.
Le aprieta la mano.
No espera que sea perfecto.
Simplemente está ahí.
Nathan respira hondo.
—Quería hablar con todos vosotros porque…
Se detiene.
Emma levanta la vista.
Nathan le sostiene la mirada y continúa.
—Porque me he pasado mucho tiempo intentando fingir que Emma era solo la hermana de mi mejor amigo.
Ethan baja los brazos.
La sala se queda en silencio absoluto.
Nathan no aparta los ojos de Emma.
—Conozco a Emma desde hace muchos años. La vi de adolescente, la vi empezar la universidad, la vi descubrir qué quería hacer con su propia vida. Durante mucho tiempo usé ese pasado como excusa para mantener las distancias.
Emma le aprieta los dedos.
Nathan continúa:
—Me decía a mí mismo que tenía que protegerla. Que tenía que respetar a Ethan. Que cualquier sentimiento entre nosotros estaría mal.
Ethan observa, pero no interrumpe.
—La verdad es que tenía miedo. Miedo de perder a Ethan. Miedo de hacerle daño a Emma. Miedo de que, después de todos estos años, no supiera cómo formar parte de su vida de otra manera.
Nathan se vuelve hacia los padres de ella.
—Pero Emma nunca necesitó que yo decidiera qué era lo mejor para ella. Nunca fue una niña indefensa, nunca fue una responsabilidad que Ethan dejara atrás y nunca fue algo que yo pudiera mantener apartado del mundo.
La madre de Emma sonríe, conmovida.
Nathan vuelve a mirarla.
—Es la mujer de la que me enamoré. La mujer a la que intenté no desear, no amar y no elegir. Y fracasé en cada intento.
Emma baja la mirada un instante.
Nathan siente que se le cierra la garganta.
—No me arrepiento de haberte querido —dice, dirigiéndose a ella—. Solo me arrepiento de haber tardado tanto en admitirlo.
Nadie se mueve.
—Me enseñaste que querer a alguien no significa controlar su vida. Significa elegir quedarse, incluso cuando aparece el miedo. Significa ser honesto, incluso cuando la verdad podría cambiarlo todo.
A Emma se le llenan los ojos de lágrimas.
Nathan se lleva la mano de ella a los labios.
—Quiero elegirte oficialmente. No porque Ethan me pidiera que cuidara de ti. No porque necesitaras una habitación. No porque vivir juntos nos haya acercado. Quiero elegirte porque te quiero y porque quiero construir una relación de verdad a tu lado.
Le tiembla un poco la voz.
Nathan mira a Emma.
—Emma Carter, ¿quieres ser mi novia?
El silencio dura solo unos segundos.
A Nathan le parece una eternidad.
Emma está de pie frente a él, con lágrimas en los ojos y una sonrisa que intenta contener.
—Ya soy tu novia.
Algunos se ríen por lo bajo.
Nathan también.
—Lo sé.
—Ya me lo preguntaste.
—Quiero volver a preguntártelo.
—¿Por qué?
—Porque ahora quiero hacerlo sin accidentes, sin discusiones y sin que pienses que lo dije solo porque Ethan estaba mirando.
Emma se seca la cara con la mano.
—¿Lo has ensayado?
—Un poco.
—Ha quedado mucho mejor de lo que esperaba.
—Eso no es una respuesta.
Emma se acerca.
—Sí.
Nathan siente que se le abre el pecho.
—¿Sí?
—Sí. Seré tu novia. Oficialmente. Delante de todos.
La madre de Emma empieza a aplaudir.
Olivia se pone de pie, emocionada, y Caleb silba.
Ethan se queda un momento quieto, mirándolos a los dos.
Luego se acerca.
Nathan se prepara para recibir una pregunta, pero Ethan simplemente lo abraza.
El abrazo es fuerte.
—Cuida de ella —murmura Ethan.
Nathan cierra los ojos.
—Lo haré.
—No como si fueras el responsable de ella.
—Lo sé.
—Como alguien que la quiere.
Nathan se separa.
—Es lo que pienso hacer.
Ethan mira a su hermana.
—Y tú, no dejes que vuelva a huir.
Emma sonríe.
—No lo haré.
—Entonces, todo está bien.
La madre de Emma abraza a los dos a la vez.
—Sabía que algo pasaba.
Emma se ríe.
—¿Lo sabías?
—Una madre se da cuenta.
El padre de Emma se acerca el último.
Nathan nota que la tensión vuelve.
Siempre ha respetado a ese hombre, pero ahora tiene una expresión más seria.
El padre de Emma le tiende la mano.
Nathan se la estrecha.
—Sabes que es importante para nosotros.
—Lo sé.
—Y sabes que no voy a permitir que la traten como una aventura pasajera.
—Lo sé.
—Entonces no me des motivos para dudar de ti.
—No lo haré.
El hombre mira a Emma.
—¿Eres feliz?
—Sí, lo soy.
Él asiente.
—Entonces yo también.
Nathan vuelve a respirar.
La conversación no hace perfecta su relación.
No borra todos los riesgos.
Pero sí acaba con el secretismo.
Por primera vez, Emma y Nathan están ante las personas más cercanas sin tener que explicar por qué se miran así.
…
Después del discurso, la tensión da paso a una pequeña celebración.
La madre de Emma lleva a todos a la mesa, donde hay comida preparada y unos postres que, a todas luces, se habían dispuesto de antemano. Olivia se sienta al lado de Emma, pero Nathan no le suelta la mano por debajo de la mesa.
Ethan cuenta anécdotas vergonzosas de la adolescencia de Nathan.
Caleb añade unas cuantas más.
Emma descubre que Nathan intentó una vez impresionar a una chica con un plato elaborado y acabó quemando la sartén.
—Dijiste que no sabías cocinar —comenta ella.
—Dije que sabía hacer pasta.
—Intentaste hacer risotto.
—Fue una etapa.
—Le pegaste fuego a la cocina.
—Fue un fuego pequeño.
—Mi madre llamó a los bomberos —añade Ethan.
Nathan lo señala.
—Prometiste no contarlo.
—Eso no entraba en el trato.
Emma se ríe.
Nathan le mira la cara.
La felicidad de Emma es evidente. Habla con Olivia, responde a las preguntas de su madre y se suma a los recuerdos de la familia. De vez en cuando lo mira y le aprieta la mano.
Cada vez, Nathan siente la misma certeza.
No quiere solo momentos a escondidas.
Quiere esa vida.
Quiere sentarse a esa mesa, escuchar las historias, aguantar las bromas y seguir a su lado.
Después de la cena, Emma y Nathan salen al jardín.
Las luces colgadas entre los árboles iluminan el sendero. La noche es fresca y los ruidos de la casa llegan amortiguados por la puerta.
Emma se apoya en la barandilla del porche.
—Lo has conseguido.
Nathan se queda de pie a su lado.
—¿Qué?
—Lo has dicho todo.
—He estado a punto de echarme atrás.
—Lo sé.
—¿Cómo?
—No dejabas de mirar la puerta.
—Estaba pensando.
—Buscabas una salida.
Nathan sonríe.
—Quizá.
—Tienes que dejar de usar esa palabra.
—Lo sé.
Emma apoya la cabeza en su hombro.
—Me ha gustado el discurso.
—¿De verdad te ha gustado?
—Sí.
—¿Ha sido demasiado?
—Sí que lo ha sido.
—Lo sabía.
—Pero ha sido precioso.
Nathan le besa el pelo.
—Quería que supieras que no eres un secreto.
—Ahora lo sabe todo el mundo.
—Lo sé.
—¿Estás aliviado?
—Sí.
—¿De verdad?
—De verdad.
Emma alza la cara.
—¿Todavía tienes miedo?
Nathan la mira.
—Sí.
—¿De qué?
—De no ser capaz de hacerte feliz.
Emma le pone la mano en el pecho.
—Ya lo haces.
—No quiero que sea solo ahora.
—Entonces sigue eligiéndome.
—Lo haré.
—¿Todos los días?
—Todos los días.
—¿Incluso cuando discutamos?
—Sobre todo entonces.
—¿Incluso cuando esté insoportable?
—Ya lo estás.
Emma le da un golpecito en el brazo.
Nathan se ríe y la coge por la cintura.
—Te quiero —dice.
—Yo también te quiero.
—¿Estás contenta de ser mi novia oficialmente?
Emma lo mira.
—Estoy contenta porque me has elegido sin intentar esconderte.
—Te elijo.
—Delante de todos.
—Delante de todos.
Nathan besa a Emma.
El beso empieza suave, pero pronto se hace más profundo. Ya no hace falta mirar hacia la puerta, comprobar si alguien los observa ni esconder las manos entrelazadas.
La casa está llena de gente.
Su familia está ahí.
Ethan lo sabe.
Olivia lo sabe.
Caleb lo sabe.
Nathan besa a Emma como si fuera lo más natural del mundo.
Ella le rodea el cuello con los brazos y se aprieta contra él.
Cuando se separan, se quedan con las frentes pegadas.
—Ahora ha empezado oficialmente —susurra Emma.
—Ahora ha empezado.
—¿Te das cuenta de que no hay vuelta atrás?
—Lo sé.
—¿Y no te arrepientes?
—No.
—¿Ni un poquito?
Nathan le toma la cara entre las manos.
—Solo me arrepiento de haber tardado tantos años en llegar hasta ti.
Emma sonríe.
Él vuelve a besarla.
Olivia los ve a través de la puerta de cristal y se pone a aplaudir.
Caleb silba.
Ethan niega con la cabeza, pero sonríe.
Emma se aparta entre risas.
—Nos están mirando.
—Que miren.
—¿No te da vergüenza?
—No.
—¿Por qué?
Nathan le pasa el brazo por los hombros.
—Porque eres mi novia.
Emma apoya la cara contra su pecho.
—Y tú eres mío.
—Lo soy.
—Oficialmente.
—Oficialmente.
Se quedan en el jardín mientras los suyos siguen charlando dentro de la casa.
La relación aún es nueva.
Habrá inseguridades, discusiones y días en los que Nathan tendrá que recordarse que no puede proteger a Emma de todo lo que pueda pasar en el mundo.
Pero esa noche no huye.
No se esconde.
No trata el amor como si fuera un error.
Nathan elige a Emma delante de todos.
Y cuando ella le devuelve el beso, los dos empiezan oficialmente la relación que tanto tiempo llevaban intentando evitar.