CAPÍTULO 24 (Aritz)
A la mañana siguiente, la luz entraba clara por el ventanal del estudio. El aire olía a café recién hecho y a la pintura fresca de un marco que Dani estaba terminando de lijar en el fondo del taller.
Sobre la mesa, el teléfono no paraba de vibrar. El grupo de WhatsApp que compartía con Manu y Dani llevaba echando humo desde las nueve de la mañana:
[Los de siempre]
Manu: A ver, señor perito, ¿a qué hora traes a Liam el sábado? Que hemos quedado para la pachanga en el parque y el chaval dice que le prometiste estrenar las botas.
Dani: El señor perito se ha despertado hoy de un humor de perros, como de costumbre. Pero tranquilos, que la cámara no se le ha caído de las manos.
Aritz: A las cuatro estoy ahí. Y dejad de meter pulla en el grupo, que estoy intentando enfocar una sombra y me hacéis temblar la mesa.
Manu: Jajajaja. Trae cruasanes de la esquina o no hay partido.
Dani: Eso, y paga tú, que te tenemos mimado.
Dejé el teléfono sobre la madera con una sonrisa leve, de las primeras de verdad en muchas semanas.
Pasé la tarde con Liam en el parque del barrio.
La temperatura era agradable, con una brisa limpia que se llevaba los restos de la lluvia de los días anteriores.
Liam corría detrás del balón con una energía contagiosa, tropezando de vez en cuando y levantándose muerto de la risa.
Manu y yo nos sentamos en el banco de madera a verle jugar mientras compartíamos una lata de refresco.
No hablamos del centro de adicciones, ni de las terapias, ni de la discusión con Naia. Liam empezó a contarme algo del colegio y lo escuché mientras terminaba el café.