La Última Paciente De La Noche (AJ Docker 1) CAPÍTULO CUARENTA Y OCHO
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CAPÍTULO CUARENTA Y OCHO

Mientras hablaba con Tom sobre la recuperación de Banshee, un par de trajes oscuros se acercaron a mí.

—Soy la Agente Especial Keller, y él es el Agente Especial Hixon. ¿Qué demonios está pasando aquí y por qué estoy en esta sucia oficina a las cinco de la mañana?

La Agente Especial Keller, una mujer afroamericana alta, dejaba claro que ella estaba a cargo.

El Agente Especial Hixon parecía un agente hecho y derecho, un hombre blanco de alrededor de un metro ochenta de altura que encajaba perfectamente en un traje oscuro con camisa blanca y dientes perfectamente blancos.

Probablemente llevaba colonia del FBI, pero decidí no acercarme para confirmarlo.

La actitud severa y sin rodeos de la Agente Especial Keller me recordó a Jane, quien sospechaba que no me tenía mucha simpatía, así que decidí mostrarle todo mi encanto.

—Buenos días, Agente Especial. Me llamo AJ Docker, pero puede llamarme Doc. Puedo explicar todo lo que nos ha llevado hasta aquí.

—No le crean ni una puta palabra —Jane irrumpió en la habitación. Había pasado los últimos 20 minutos en la oficina con el equipo de evidencia—. Es la tercera noche esta semana que mata a un ucraniano. Te dije que mantuvieras un horario normal de ahora en adelante.

Se dirigió a los agentes del FBI.

—Soy la Detective Ormund. Para que quede claro, esta es mi escena y mi caso. Los invitamos como cortesía por alguna información que Doc descubrió y que podría ser relevante para ustedes, pero, por el momento, son observadores.

Jane fulminó con la mirada a la Agente Especial Keller, cuya expresión permaneció inmutable. Las tensiones eran altas. Aunque la idea de una pelea entre estas dos oficiales me intrigaba, ya había sido una noche larga.

—Tranquilícense todos un momento. Déjenme contar mi historia, y luego pueden resolver sus diferencias.

Jane miró alrededor, incrédula.

—¿Tienes una historia que explique todo esto? Cuantas ganas tengo de escucharla —dijo, mientras Lenny sacaba su libreta.

—Es una larga historia, señora —dije, y comencé a dar un resumen completo de los eventos que llevaron a la masacre.

Como los agentes del FBI eran nuevos en el caso, comencé la noche en que Jenny llegó a la sala de urgencias, muerta por una hemorragia cerebral.

Les expliqué mi viaje a La U, mi tiroteo con Bohdan y su amigo, la persecución en carro y las consecuencias en la comisaría, así como mis conversaciones con Linda y Giovanni que llevaron a la visita con el equipo de vigilancia hacía un par de noches.

En esta parte de la historia, Tom se estremeció bajo la fría mirada de Jane.

—Lo cual nos lleva a esta noche.

Expliqué cómo me había escondido en el almacén, encontrado el túnel oculto y utilizado eso para acceder al club. Describí cómo descubrieron mi presencia y cómo me escondí en el horno de pizza antes de que me capturaran en mi carro, mientras llamaba a Tom para decirle dónde estaba.

—La primera cosa inteligente que hiciste en toda la noche —comentó Jane.

Otros policías se habían reunido para escuchar mientras terminaba mi historia.

La amenaza de una «manicura ucraniana» causó una reacción de sorpresa, pero no tanto como la información relacionada con la extorsión y los 1.

2 mil millones de dólares en bitcoins. Cuando llegué a la parte de la pelea con Dyyavola y el corte de su pulgar para transferir el dinero, el pequeño grupo me miraba incrédulo, a pesar de que habían visto al ucraniano muerto con solo nueve dedos y media cara.

Sus rostros atónitos acentuaban el silencio incómodo.

Finalmente, Lenny habló: —Dijiste que fuiste capaz de remover el pulgar con un solo golpe de martillo y cincel. ¿Es correcto?

—Sí, señor —anotó cuidadosamente en su libreta y miró alrededor de la sala.

La Agente Especial Keller fue la siguiente en encontrar su voz.

—Tengo entendido que le cortaste el pulgar para transferir el dinero antes de que se bloqueara su cuenta, pero omitiste un pequeño detalle. ¿Adónde enviaste el dinero?

Honestamente, había olvidado mencionar adónde fue el dinero. Saqué mi teléfono y abrí mi aplicación.

—Lo envié a mi cuenta, la única a la que tengo acceso. Parece que tengo $614,500,000 en Bitcoin, que ganó alrededor de un millón de dólares en la última hora. El crimen realmente sí deja.

Lenny contuvo una risa, pero los federales parecían a punto de arrojarme a una prisión de máxima seguridad.

—Y si miran ese diario en el escritorio, pueden ver una lista de nombres, fechas y montos.

Creo que es información sobre las personas que han sido chantajeadas a lo largo de los años.

Mucho de esto está en ucraniano, pero estoy bastante seguro de que es un registro meticuloso de dónde vino todo el dinero.

El Agente Especial Hixon se puso unos guantes y entró en la oficina, regresando en un momento con el diario. Lo hojeó brevemente, luego asintió antes de devolverlo al escritorio.

—Detective Ormund, vamos a necesitar ese libro de cuentas —la Agente Especial Keller avanzó y se colocó justo frente a mi cara—.

Y tú, Dr. Don Chingón, nos vas a entregar cada uno de esos bitcoins.

Déjame ser clara: si encuentro una sola moneda faltante, te voy a meter en una celda por el resto de tu maldita vida. ¿Me entiendes ?

Entendí que había sido un día largo, me dolía la cabeza, las costillas por el golpe del gigante y el peso de su cuerpo cuando cayó sobre mí; me moría de hambre y todavía estaba cubierto de hollín; pero ahora ella me estaba fastidiando.

—Déjeme ser claro yo, Agente Especial. He tenido una semana de mierda.

Estos imbéciles han intentado matarme tres veces y casi mataron a Banshee.

Tuve una pelea a muerte hace rato con un tipo que me sacaba dos cabezas.

Le corté el pulgar y transferí ese dinero a mi cuenta para que estuviera seguro.

Si hubiera querido robarlo, no hubiera dicho una palabra, porque ustedes ni siquiera sabían que existía.

Lo encontré; lo salvé; y con gusto se los entrego, pero soy de los buenos, así que bájele de huevos.

La Agente Especial Keller retrocedió lentamente con una leve sonrisa.

—Mis disculpas. Ha sido un día largo para todos nosotros —se dirigió a Jane—.

La escena es suya, pero la extorsión es jurisdicción federal.

Necesito que nos transfieran el libro de cuentas, y me aseguro de que tengan una copia.

Yo me encargo de todo para transferir las monedas a las cuentas del FBI. ¿Les parece bien?

Lenny intervino: —Lo procesaremos y lo haremos. ¿Algo más que necesiten?

—Sí, ¿como un pulgar o algunas revistas porno ucranianas? —añadí con ánimo de ayudar.

La Agente Especial Keller esbozó una sonrisa genuina por primera vez en toda la mañana.

—Estoy bastante segura de que los pulgares de gran tamaño y las revistas porno ucranianas caen bajo la jurisdicción local, no federal.

Nos retiramos. Ahora vuelvo para que esos bitcoins se transfieran a nuestras cuentas.

Mientras tanto, necesito retener tu teléfono hasta que tengamos las monedas en nuestro poder.

Estaba demasiado cansado como para que me importara y le entregué mi teléfono antes de que salieran de la habitación. Skinny Jeans me sonrieron.

—Actúas como si ya hubieras tratado con los federales —dijo Jane .

—Nunca conocí a ninguno, pero usan trajes y son unos idiotas, así que los traté como a un ejecutivo de hospital. Parece que todos los tipos con traje actúan igual.

Esta observación llevó a una ronda de risas que aligeró el ambiente.

Los paramédicos volvieron para echarme otro vistazo rápido, pero como cualquier doctor, ya me había autodiagnosticado: necesitaba descanso, hielo e ibuprofeno.

Si el dolor empeoraba, podría subir de nivel a un masaje, vodka y Vicodin.

Solo quería irme a casa. Resultaba que, si te secuestraban y golpeaban, si matabas a un extorsionista internacional, si profanabas su cadáver y robabas su dinero, todos parecían tener preguntas, pero al final, no te presentaban cargos.

Los agentes especiales Keller y Hixon volvieron y me entregaron un papelito.

—¿Podría transferir todos los bitcoins de los ucranianos a esta cuenta?

Le pedí a Skinny Jeans que fueran testigos mientras abría mi aplicación y accedía a mi cuenta.

Ahí estaba, 10,258 Bitcoins, ahora con un valor de solo 612 millones de dólares.

El mercado había bajado un poco en las últimas horas.

Ingresé el nuevo número de cuenta e hice que todos lo revisaran dos veces, luego tres.

Una vez enviado, no se podría recuperar.

Cuando estuvo todo listo, puse mi dedo sobre el botón de enviar.

No era mi dinero, y solo lo había tenido en mi cuenta por poco tiempo, pero mentiría si dijera que no lo iba a extrañar.

Me volví hacia la Agente Especial Keller y señalé mi teléfono.

—Si lo quiere, usted lo puede enviar.

Ella presionó el botón decididamente. Y así, las monedas desaparecieron.

Pasaron unos momentos nerviosos en los que las monedas no estaban ni en mi cuenta ni en la suya, pero el Agente Hixon estaba al teléfono con la oficina central y, después de unos segundos tensos, asintió y confirmó la recepción del dinero en su cuenta.

Por fin me tocaba volver a casa para bañarme e irme a dormir.