29. Chapter 29 #3
Dejé que mis alas se retrajeran, orienté la cabeza hacia abajo y caí en el Entremedio, lanzándome hacia la chica inerte que se precipitaba por la nada.
Las lágrimas me llenaron los ojos y dejaron estelas tras de mí.
Yo la había salvado y ella me había salvado a mí. Pese a todo el mal que había hecho, me había demostrado que podíamos encontrar la redención. Que existían el bien y el mal.
Ella era yo. Una huérfana. Una chica retorcida por el destino.
Y sobreviviría. Aunque yo tuviera que morir en su lugar.
Candace se precipitaba hacia mí. Cada vez más cerca. Hice reaparecer mis alas para frenar y la atrapé, acunándola entre mis brazos. No se movía. Tenía un ojo cerrado. El otro no era más que una cuenca vacía y ensangrentada.
Ya no manaba sangre.
No podía ser. ¡Ahora no! ¡No cuando estaba tan cerca de encontrar la luz!
Le puse una mano en el cuello y canalicé todo mi poder hacia ella. No pronuncié una palabra. No se me ocurría ninguna. Lo único que podía hacer era buscar en lo más profundo de mi alma y reunir todo cuanto pudiera para salvarla.
Sentí que otra mano la tocaba. Y otra. Y otra. Alcé la vista. Gorgo, Allandrea, Ariel. Estaban todos allí. Canalizando su luz. Todo su ser. Se nos unieron más. Hammond y su fuego. Arden y su lealtad. Akreon y su sacrificio. Valour y su dignidad. Treth y su bondad.
Todos. Hasta que el vacío resplandeció con una brillante luz blanca y dorada. Un mar de rostros. Personas a las que les importaba, pese a estar muertas. Mi familia. Y ella también formaba parte de esa familia.
Nos aferramos a ella y canalizamos todo cuanto teníamos para salvarla. Incluso mientras la negrura devoraba nuestro resplandor dorado. Y los rostros desaparecían uno tras otro, engullidos por el vacío. Y mi visión se volvía borrosa. Desesperanza. La Oscuridad.
El vacío nos atrapó.
Hasta que ella respiró.
—¡Candace! —grazné mientras la estrechaba contra mi pecho. Sentí latir su corazón. Pero no respondió.
—Kat... —oí llamar a una voz desde arriba.
Alcé la vista. La Grieta. El camino de vuelta a la Tierra. ¡Y se estaba cerrando! ¡Deprisa!
Salí disparada hacia arriba. Cada vez más rápido, mientras el mundo se oscurecía a mi alrededor. La Grieta encogía. Se hacía más pequeña.
—Solo un poco más... —supliqué—. Sigue abierta. Sigue abierta...
—Kat... —llamó la voz.
Las lágrimas caían por el vacío. Todo se estaba oscureciendo. Solo quedaba abierto un agujero diminuto. Seguí volando. Lanzándome hacia la esperanza.
El agujero encogió. Cada vez más pequeño.
Hasta que me rodeó la negrura.
Solo quedaba un punto de luz.
Oí mi nombre. Una y otra vez.
Seguí volando.
Hasta que vi una mano.
Y entonces, nada.
La Oscuridad lo devoró todo.
No había nada. Ni siquiera vacío.
Solo la nada infinita.
Y, poco después, ni siquiera eso.
Solo el vacío...
Y entonces sentí que una mano fuerte se aferraba a la mía y me arrancaba del olvido.
Sentí aire de verdad entrar a raudales en mis pulmones mientras el mundo volvía a la vida. Me agarré a la mano de Brett mientras él me abrazaba, con Candace entre los dos y lágrimas en los ojos.
—¡Sabía que volverías!
—Siempre vuelvo —conseguí responder con voz ronca entre mis propias lágrimas.
Brett me soltó al darse cuenta de que sostenía a Candace. Tenía una cicatriz en el cuello y mi ojo había desaparecido de su cuenca. A pesar de lo que había vivido en el vacío, ella no se movía.
Los Cruzados me observaron mientras tendía a Candace en el suelo.
Cindy, Guy, Heather, Henri, Kyong. Y más.
Los Cruzados estaban allí, lo que significaba que habíamos vencido.
Habíamos rechazado el apocalipsis. Daba igual lo que hubiera dicho el Mentor.
No necesitaba ser una diosa oscura para luchar contra su apocalipsis.
No necesitábamos un dios. Solo nos necesitábamos unos a otros.
Pero, en aquel momento, nada de eso importaba. Lo único que importaba era la chica inmóvil entre mis brazos y mis lágrimas cayendo sobre su rostro pálido.
—Candace... —gimoteé.
No se movió. Las lágrimas me llenaron los ojos mientras Cindy se abría paso y caía de rodillas para ayudar.
Alcé la mirada hacia Cindy, a punto de suplicarle que hiciera cuanto pudiera para llenar aquel agujero en mi corazón. El espacio junto a mi alma donde antes estaba Candace.
No podía imaginarme la vida sin ella.
Y entonces sentí que algo me apretaba la mano.
Bajé la mirada. Y Candace sonrió débilmente.
Sin decir una palabra, abracé a mi hermana con fuerza.
Ya no sentía nuestra conexión. Había desaparecido junto con mi ojo. Pero no la necesitaba. Yo la quería y ella me quería a mí. Compartíamos un vínculo que no necesitaba magia.
Cindy me apartó e insistió en examinar a Candace de todos modos. Me puse en pie y me volví hacia Brett. Tenía que disculparme. Otra vez. No había pensado ni por un momento antes de saltar a la Grieta. ¡Debía de haberlo aterrorizado!
Y, sin él y sin nuestra conexión, no creo que hubiera sobrevivido.
Me detuve al sorprender a Brett mirando fijamente algo. Seguí su mirada y vi a Treth, que lo observaba con la misma intensidad.
—Hola —dijo Brett.
—Hola —respondió Treth.
Y así fue como se conocieron.