La última esposa Capítulo 48
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Capítulo 48

Capítulo Cuarenta Y Ocho

MAY

N o puedo creer que hayamos llegado a esto.

Escondida en mi propio cuarto de baño, ganando tiempo, intentando ordenar mis ideas.

Siento una opresión en el pecho; la ansiedad me roba el aire de los pulmones.

He hecho todo esto por mis nietas. No permitiré que me priven de la oportunidad de ayudarlas, de convertirlas en auténticas Parker y en personas mejores que sus lloricas padres.

Intento mantener la calma. Sé lo que va a ocurrir. La policía me acusará de un delito de asesinato —fue una estupidez provocar a Ria, presumiendo de haberme librado de Percival— y de otro de tentativa de asesinato.

Aunque, si de verdad quieren cargarme con todo el peso de la ley, también intentarán atribuirme los «accidentes» de Christine y Shamira.

Es absurdo, porque nunca tuve intención de matarlas, solo de desviar la atención de Ashlin para que el asesino a sueldo que contraté pudiera volver a intentarlo mientras yo aprovechaba la distracción para seguir desviando fondos de la empresa para mis niñas.

Lo irritante es que, si Grayson no hubiera aparecido, Ria estaría muerta y yo no me encontraría en este aprieto. Maldigo los caprichos del destino.

En cuanto a los otros cargos que saldrán a la luz, malversación y fraude, puedo defenderme de ellos.

Grayson se creyó muy listo cuando hace años me sorprendió desviando dinero de la empresa, pero no costó mucho asustarlo para que se apartara.

Amenazar a su mujer y a su hija puso fin a sus intromisiones.

Es débil y cobarde, como su padre. Contaba con ello y me dio la razón.

Huyó, lo que me permitió ocultar cientos de millones de dólares sin que Percy se enterara.

Al principio lo hice para fastidiar al cabrón de mi marido, después de todos los años que soporté sus abusos emocionales; más tarde comprendí que el dinero protegería a mis nietas de las duras lecciones de la vida.

Poco después de que Grayson se marchara, Percy empezó a investigar donde nuestro hijo menor había estado hurgando, y no podía permitirlo. Percy descubrió mi secreto y amenazó con echarme de la empresa.

Así que lo maté. Además, creía haberme salido con la mía, hasta ahora.

Después de lo que le he confesado a Ria, la policía reabrirá el caso.

Aunque eso no importa. La justicia avanza despacio y yo seré una presa ejemplar.

Obtendré privilegios gracias a mi edad, mi posición social y mi dinero.

Puedo comprar cualquier cosa y a cualquiera.

Me imagino toda la situación: pagando sumas exorbitantes a los guardias corruptos para que me protejan, esperando el momento oportuno, planeando el crimen imposible de rastrear.

Porque saldré de prisión convertida en una mujer libre.

Enviaré un mensaje a mi contacto de internet, el hombre capaz de hacer cualquier cosa y mantener mi anonimato, para que elimine a las dos únicas personas que han presenciado mi confesión.

No echaré de menos a mi hijo Grayson. Para mí murió hace años. En cuanto a Ria, ha resultado ser una tremenda decepción.

Pensé que podría consolar a Justin después de que su matrimonio saltara por los aires, lo único potencialmente bueno que podía salir de esta farsa.

Está resentido y se niega a entrar en razón, y Ria podría haberlo ayudado a superarlo.

Podría estar a su lado y apoyarlo, en vez de ponerle ojitos a Grayson.

Puedo hacer que ocurra. Cuando Grayson y Ria ya no estén, nada se interpondrá en mi camino. La acusación retirará los cargos y seré libre.

Pero entonces recuerdo las amenazas de Justin y Ria: pase lo que pase, no volveré a ver a mis adoradas nietas… las mantendrán alejadas de mí… no tendré ningún contacto con ellas…

Contemplo mi reflejo en el espejo mientras mi bravuconería se desvanece.

No puedo ir a prisión. No puedo afrontar toda una vida privada de lo único que todavía me importa.

Todo lo que he hecho ha sido por Jessica, Ellen y Shelby.

Y, si ellas nunca llegan a saberlo, ¿qué sentido tiene?

Unos fuertes golpes en la puerta me hacen sobresaltarme. —Date prisa, mamá —grita Grayson, y yo le hago una peineta.

Es idiota; el cordel que me ata las muñecas ya está aflojándose. Mi familia se cree muy lista. Seguro que se imaginan encerrándome y disfrutando después de la fortuna que he tardado toda una vida en construir.

Pero ¿la disfrutarían igual si los atormentara la culpa?

No soy una mujer débil, ni mucho menos, pero estoy agotada.

Van a arrebatarme lo único por lo que merece la pena luchar: mis nietas.

Conozco a Justin, es tan testarudo como yo, y Ria es una madre protectora.

No me permitirá acercarme a Shelby por mucho que me arrastre ante ella, no después de lo que le hice.

Solo hay una salida.

Engancho el cordel en un grifo dorado y tiro de él una y otra vez.

Se me clava en la muñeca, provocándome un dolor intenso, y unas gotas de sangre caen en el lavabo.

No me importa. Unos instantes después estoy libre y flexiono varias veces las muñecas antes de abrir el armario del baño, donde localizo al instante lo que busco.

El veneno imposible de rastrear con el que adulteré el whisky de Percy está en el estante inferior, oculto en un frasco mal etiquetado de un viejo relajante muscular.

Un tenue estremecimiento de miedo me hace temblar la mano mientras lleno un vaso de agua, desenrosco el tapón y vierto dentro el polvo. Lo remuevo con el dedo índice, contemplando el líquido incoloro que pondrá fin a mi dolor.

Mi arrepentimiento es fugaz cuando doy el primer sorbo, antes de obligarme a engullir el resto. La cabeza me da vueltas y la vista se me nubla mientras me deslizo hacia el suelo, aferrándome al lavabo para sostenerme.

Se oye un fuerte estrépito cuando derribo el caro dispensador de jabón, y lo último que veo es la expresión desolada de Grayson al abrir la puerta de golpe y mirarme, horrorizado y con la boca abierta, mientras exhalo mi último aliento.