La última esposa Capítulo 40
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Capítulo 40

Capítulo Cuarenta

MAY

C uando reúno a mi familia periódicamente, lo hago por ellos. Quiero que conozcan el valor del compromiso y sepan con quién pueden contar. No voy a vivir eternamente, y ser un Parker conlleva responsabilidades.

De eso se trata lo de hoy.

He convocado una reunión familiar. Tienen que estar preparados para los cambios, sobre todo ahora que no podemos confiar en Ashlin.

Que Justin le haya dicho que quiere divorciarse podría desencadenar una reacción en cadena de consecuencias devastadoras.

Estará empeñada en vengarse, lo que la convierte en una seria amenaza para la familia, y no la quiero cerca de nosotros.

Christine tampoco ha venido a la reunión, teniendo en cuenta que a estas alturas ya estará instalada en el centro privado de rehabilitación.

Lleva varias noches allí y todavía me molesta que no se despidiera y prefiriese escabullirse de casa con el pre pretext de ir a comprar helado.

Supongo que no quería enfrentarse a ningún consejo mío de última hora; no es que yo hubiese interferido, pero quería reiterarle lo orgullosa que estoy de ella por haber dado este paso trascendental para recuperar el control de su vida.

He sentido varias veces la tentación de llamar al centro para saber cómo está, pero tengo cosas más importantes de las que preocuparme.

Llevo mal perder, y dirigir la empresa en estos tiempos tan convulsos para la familia exige toda mi atención.

Me siento a la cabecera de la mesa del comedor y reparo en las miradas curiosas dirigidas hacia mí.

Justin, Trent, Shamira, Ria y Grayson. No había invitado a mi hijo menor, pero, cuando entró en el comedor como si fuese el dueño del lugar, me sentí demasiado incómoda para pedirle que se marchara.

Además, no tendrá voz ni voto en nada de esto, así que da igual que se quede a escuchar o se vaya.

Resulta extraño ver a mi hijo menor en una reunión familiar después de tanto tiempo ausente. Aún no he averiguado por qué ha regresado después de todos estos años, pero él y Ria parecen llevarse bien, aunque ella volvió anoche alterada después de hablar con él.

No me molesté en preguntarle a mi nuera si todo iba bien. Ya vi que no y, además, Ria no me lo diría si no fuera así. Había pensado interrogar a Grayson cuando volviera a casa, pero ya se había acostado.

—Tengo que volver pronto a la oficina, así que ¿podemos agilizar esto, por favor? —Justin mira su reloj mientras tamborilea con los dedos de la otra mano sobre la pierna.

Me gusta trabajar con mi emprendedor hijo y admiro su olfato para los negocios, pero su impaciencia me irrita.

He intentado enseñarle que, al final, una planificación minuciosa y una determinación inquebrantable siempre se imponen.

Me impresiona la mayor parte del tiempo, y me pregunto si sus ganas de escapar tienen más que ver con que Ria esté sentada al lado de Grayson que con el deseo de volver al trabajo.

He visto las miradas que intercambian mi hijo menor y su exmujer, y a Justin tampoco le han pasado inadvertidas. Se ha ido poniendo mucho más sombrío durante los pocos minutos que llevan sentados y en los que el ama de llaves les ha servido café.

Es hora de empezar.

Me aclaro la garganta, una costumbre que he intentado quitarme desde que me di cuenta de que empiezo así todas las reuniones.

—Quiero daros las gracias a todos por venir hoy con tan poca antelación.

Todas las miradas están clavadas en mí y continúo:

—En mi fiesta mencioné que iba a cambiar el acceso a la fortuna familiar, además de los cambios que se avecinan en la empresa, y hoy quiero insistir en ello.

Grayson alza las cejas.

—Vaya, ¿ahora mamá consulta de verdad a la familia los asuntos de la empresa?

Miro con furia a Grayson y, para mi irritación, él sonríe con suficiencia, como hacía siempre que me provocaba.

—Ninguno de nosotros participa en la empresa, salvo Justin —Ria evita escrupulosamente mirar al hombre al que acaba de mencionar, lo cual me dice más que si se lo hubiese preguntado.

Ha pasado algo entre ellos, algo que va más allá de la leve atracción que siempre han sentido.

No sé qué pensar de que mi hijo mayor haya buscado consuelo en Ria tan poco después de separarse de Ashlin.

Y, a juzgar por la mirada sombría de Justin, cree que la llegada de Grayson supone una amenaza para eso.

Cuando termine esta reunión, me aseguraré de hablar con mi hijo menor y averiguar sus intenciones: por qué está aquí en realidad y cuánto tiempo más piensa quedarse.

Trent apenas ha dicho una palabra desde que llegó, en un coche distinto al de su mujer.

Están pasando por una mala racha, lo noto, pero no intervendré.

Shamira tiene un alma bondadosa que encaja con la de mi hijo y resolverán sus diferencias.

Parece incómoda, como si prefiriese estar en cualquier otro lugar.

—Puedes marcharte, Grayson, teniendo en cuenta que te has colado en esta reunión. Pero tú también eres un Parker; quizá no te mataría empezar a comportarte como tal de una vez.

Grayson se recuesta en la silla, satisfecho de sí mismo. La expresión sombría de Justin se intensifica.

—Voy a vender la empresa, y eso significa que Parker Partnership y quienes estén relacionados con ella serán sometidos a un mayor escrutinio —miro fijamente a cada uno de ellos, decidida a dejar clara mi postura—.

Eso os incluye a todos y cada uno de vosotros, así que necesito un comportamiento ejemplar.

Nada de escándalos. Nada de fotos en la prensa.

Nadie habla de la situación con Ashlin. No sé cuántos de vosotros sabéis qué le ocurre a Christine, pero nadie debe mencionarlo fuera de estas cuatro paredes.

Y solo Justin y yo nos ocuparemos de la atención mediática que podamos recibir. ¿Ha quedado claro?

Nadie parece sorprendido por mi anuncio. Aunque probablemente dedujeron la verdad cuando les dije que iba a cerrar la cuenta familiar en mi fiesta de cumpleaños. Cuando se trata de dinero, los Parker son perspicaces.

Todos asienten salvo Justin, que juguetea con el teléfono, dando toques en la pantalla. Cree estar por encima de mis sermones, pero no le había avisado de este pequeño discurso y, en lugar de mostrarse interesado, está aburrido. No me gusta.

—¿Tenéis alguna pregunta?

Grayson levanta la mano como un colegial travieso en clase.

—¿Siempre tratas a tu familia como a subordinados ignorantes o este teatro es solo para mí?

Hace mucho tiempo que aprendí a controlar mi temperamento.

Percival había puesto a prueba mi determinación a diario y la necesidad pronto me enseñó a ocultar mis verdaderos sentimientos.

Me provocaba deliberadamente, enumerando los muchos defectos que creía ver en mí.

Pero nuestras fortunas familiares habían quedado entrelazadas el día en que pronuncié el «sí, quiero», y yo sabía que la familia siempre era lo primero, por muchos problemas que hubiera entre bastidores.

Ahora recurro a mi célebre dominio de mí misma para no golpear la mesa con el puño cerrado mientras fulmino a Grayson con la mirada.

—Puede que la familia no signifique nada para ti, como demuestra tu facilidad para huir, pero los demás que están aquí agradecen que se los mantenga informados.

Mi mordaz reprimenda apenas surte efecto en Grayson. En todo caso, su sonrisa provocadora me recuerda tanto a Percival que me pica la palma de la mano por borrársela de la cara de una bofetada.

—¿Es verdad eso, madre? ¿Se lo has preguntado? —Señala a las otras personas sentadas a la mesa—. ¿O son demasiado educados para decir lo que piensan de verdad?

Espero que Justin salga de inmediato en mi defensa, pero el hijo con el que tengo una relación más estrecha guarda un silencio obstinado. Trent y Shamira clavan la mirada en la mesa y Ria contempla a su exmarido con los ojos muy abiertos por la conmoción.

—Grayson, es evidente que tienes algún problema conmigo que sería mejor abordar en privado...

—¿Confiamos los unos en los otros, teniendo en cuenta lo que está pasando?

—Grayson recorre la mesa con la mirada y yo echo humo por dentro cuando los miembros de mi familia le sostienen la mirada a él después de haber evitado la mía—.

¿Vais a fingir que no tenemos nuestros propios motivos para plegarnos a lo que quiere mamá?

Ria alarga la mano y pellizca a Grayson por debajo de la mesa, y yo reprimo una sonrisa. Me gustan la valentía de Ria y su capacidad para perdonar y olvidar.

—No tengo tiempo para esto —Justin se levanta con tal brusquedad que su silla golpea el aparador de caoba que tiene detrás—. Nos vemos en la oficina.

Sale hecho una furia del comedor y no lo llamo para que vuelva. Ha visto a Ria refrenar a Grayson y, a juzgar por su reacción, está celoso.

—Nosotros también tenemos que irnos —Trent se levanta y Shamira hace lo mismo—. No te preocupes, mamá, nos portaremos de maravilla, como siempre.

Shamira consigue asentir antes de seguir a su marido al exterior, dejándome a solas con Ria y Grayson. Mi hijo no se ha movido de su postura desmadejada en la silla, pero Ria está de pie, dispuesta a marcharse detrás de los demás.

Quiero pedirle que se quede. Nunca necesito a nadie que haga de mediador, pero Ria siempre ha tenido un efecto tranquilizador en mi hijo, y no tengo ni idea de a qué se debe su estado de ánimo.

—Ria, ¿puedes quedarte...?

—Ria tiene que irse —interviene Grayson, levantándose de golpe y apoyando una mano en su hombro—. Te acompaño a la salida.

No me gusta la desesperación de su tono. No logro entender su extraño comportamiento, pero supongo que pronto lo averiguaré sin que Ria ejerza de mediadora.

—Gracias por venir, Ria —digo.

Ria parece tan perpleja como yo mientras levanta una mano para despedirse y permite que Grayson la conduzca hacia el pasillo. Al llegar al umbral, Grayson mira por encima del hombro, y el veneno de sus ojos me obliga a aferrarme a la mesa para sostenerme.

Mi hijo menor tiene algo que contarme, y presiento que no va a gustarme.

No me gusta sentir que he perdido el control.

Tengo que recuperarlo.