Capítulo 32
Capítulo Treinta Y Dos
MAY
N o me tomo bien las amenazas. Percy era todo un experto y las lanzaba a diestro y siniestro en su empeño por mantenerme bajo su yugo.
Me había vuelto inmune a ellas, sobre todo después de descubrir que mi marido era un matón sin agallas al que le gustaba fanfarronear, pero que rara vez cumplía sus amenazas.
Tengo la sensación de que Ashlin está cortada por el mismo patrón: mucho ruido y pocas nueces, pero no puedo arriesgarme.
La empresa está entrando en un periodo delicado y lo último que necesito es que una nuera resentida, a punto de convertirse en exnuera, siembre el caos; sobre todo si los rumores son ciertos.
No me gusta enterarme no solo de que mi nuera tiene una aventura, sino de que el hombre con el que está liada resulta ser el mayor rival de Parker Partnership.
No me había gustado la amenaza de Ashlin: que sabe demasiado sobre los Parker y no le da miedo jugar sucio.
Dudo que Justin hablara demasiado con su mujer sobre el funcionamiento cotidiano de la empresa, pero Ashlin habría tenido acceso al teléfono de su marido, a su ordenador, a los documentos que guardaba en casa…
Ashlin podría causar problemas a la empresa y a nuestros planes inminentes, lo que significa que necesito averiguar por Justin cuánto sabe ella.
Tras llamar con firmeza, entro en el despacho de Justin. Su asistente personal asiente para indicarme que puedo pasar directamente. No quiero tener esta conversación; preferiría mantenerme al margen de las maquinaciones del divorcio de mi hijo.
Pero Ashlin es una mujer despechada y su amargura podría salpicarnos. Quiero asegurarme de que Justin le haga comprender la importancia de ser discreta en este momento crucial. Este divorcio debe mantenerse en secreto hasta que se cierre la venta de la empresa. Es imprescindible.
Entro en el despacho de Justin y lo encuentro contemplando las vistas de un millón de dólares del distrito financiero de Melbourne, que se extiende cincuenta plantas más abajo. Trabaja mucho y rara vez se detiene, así que encontrarlo mirando sin rumbo por la ventana dice mucho.
—Estás distraído. —Me acerco a su escritorio y tomo asiento frente a él—. ¿Quieres hablar de ello?
Gira la silla para mirarme, sorprendentemente relajado para alguien a punto de enfrentarse a una harpía en los tribunales, y luego se sienta detrás del escritorio. —La verdad es que no.
—Por desgracia, creo que tenemos que hablar. —Entrelazo las manos sobre el regazo. Suelo hacerlo cuando hablo con mi hijo para no ceder al impulso de agarrarlo por las solapas y sacudirlo hasta que entre en razón—. Me he encontrado con Ashlin en casa hace un rato.
Arquea las cejas. —¿Está en casa?
—Seguramente se ha dado el alta voluntaria; no se lo he preguntado. —Soy muchas cosas, pero no una hipócrita. Me da igual por qué está Ashlin en casa; no quiero que interfiera en los asuntos de la empresa—. Está enfadada.
Se encoge de hombros con una calma exasperante. —Le dije que sacaría mis cosas mientras ella estuviera en el hospital. Supongo que, al llegar a casa, vio que hablaba en serio.
—Así que eso fue lo que provocó su arrebato de rencor.
Frunce el ceño y se inclina hacia delante; la tensión que le produce hablar de su mujer se hace patente cuando de pronto se le agarrotan los hombros. —¿Qué dijo?
—Amenazas vacías. Al menos, eso espero. —Busco las palabras adecuadas para sonsacarle información y al final decido que no hay una forma fácil de decir lo que debo decir—. Ya te comenté que circulaban rumores sobre sus aventuras.
—Me importa una m…
—Los rumores apuntan a que su último amante es Aaron Grosber.
La ira ensombrece los ojos de mi hijo; los nudillos le resaltan en las manos que mantiene entrelazadas sobre el escritorio, y ojalá pudiera hacer que todo esto desapareciera.
—¿Se está acostando con nuestro principal competidor ?
La furia impregna su tono y me pregunto qué lo enfurece más: que su mujer se acueste con otros o que lo haga con el mayor rival de la empresa.
—Por lo visto. Cuando intenté calmarla… —No es del todo cierto, pero Justin no tiene por qué saber hasta qué punto protejo a mi familia y nuestro negocio—, dijo que conocía gente y que no le daba miedo proporcionarle información, dando a entender que podría hacernos daño de algún modo. ¿Puede hacerlo?
Justin palidece y se desploma en la silla mientras una opresión se apodera de mi pecho. He luchado demasiado y con demasiada dureza para proteger la fortuna de los Parker como para permitir que una mujer vengativa me venza.
—Dime qué sabe.
—No mucho, pero alguna vez me he desahogado después del trabajo.
—Hace una mueca y se pasa una mano por la cara—.
La mitad de las veces ni siquiera creía que estuviera escuchando.
Además, mi despacho siempre está abierto, así que, si de verdad quería saber qué ocurre en la empresa, podría haber encontrado… bueno… cualquier cosa.
La opresión de mi pecho se extiende y espero no estar sufriendo un infarto.
En mi última revisión, el médico dictaminó que estaba en excelente forma, y dudo que haber cumplido años desde entonces haya cambiado eso.
Pero enterarme de la posible traición que mi nuera puede infligir al negocio familiar sin duda podría hacerlo.
—¿Qué quieres que haga? —Justin deja caer la cabeza y detesto verlo tan derrotado.
Él no ha hecho nada malo. Se casó para consolidar a los Parker, en una unión destinada a reforzar su poder y su posición en Melbourne.
Confió en su mujer, invirtió tiempo y esfuerzo en formar una familia con ella.
No es culpa suya que Ashlin profanara sus votos y convirtiera su matrimonio en una farsa.
—Sé amable. No la provoques. Asegúrate de que comprenda lo importante que es mantener el divorcio en secreto por ahora. Y, por el amor de Dios, asegúrate de que no pueda acceder a nada relacionado con la empresa. —Mi tono suena cortante e intento suavizarlo—. Sé cómo te sientes…
—No, no lo sabes. ¡No tienes ni idea de lo que se siente! —Golpea el escritorio con el puño y hace que los documentos salgan volando.
—En realidad, sí lo sé.
Nunca empañé la reputación de mi marido ante nuestros hijos.
Murió hace cinco años, poco después de que Grayson se marchara, y yo había querido dejar atrás el pasado y seguir adelante.
Parte de la razón por la que quiero vender la empresa ahora es librarme de la sombra que Percy proyectó sobre mí, incluso en los negocios.
Estoy preparada para hacer cambios, para demostrar a todo el mundo que ya no soy una viuda que finge estar de duelo, sino una mujer que tiene el control.
Pero conozco a Justin. Se atormentará por haber decidido poner fin a su matrimonio y seguramente se culpará. No quiero que lo haga. Así que le contaré la verdad sobre su padre con la esperanza de que eso le permita ver su situación con mayor claridad.
Me clava una mirada intrigada. —¿Qué quieres decir?
—Tu padre tuvo numerosas aventuras. Demasiadas para contarlas. Así que sé por lo que estás pasando.
Mientras mi hijo me mira conmocionado, me obligo a relajarme. Alterarme por las andanzas de Percival nunca me hace ningún bien.
—Lo toleré y fingí que nuestro matrimonio iba bien para guardar las apariencias.
Y porque nuestros cuantiosos patrimonios se fusionaron cuando nos casamos, de modo que divorciarnos habría sido demasiado complicado.
—Alzo los ojos para encontrarme con los suyos—.
Tal vez yo no fuera tan valiente como tú, y el divorcio no es habitual en nuestro círculo social, pero eso no significa que sus infidelidades no importaran.
—Exhalo con fuerza—. Sus indiscreciones me repugnaban, pero lo soporté.
—No sé qué decir. —Aparta la mirada, incómodo.
Me compadezco de él. —Solo te lo cuento para que no te castigues por poner fin a tu matrimonio.
Yo no tenía elección. Tu padre y yo procedíamos de familias prestigiosas y comprendíamos la necesidad de ser discretos en todos los aspectos de nuestra vida.
Jamás habríamos deshonrado a la familia ni a la empresa, así que hice la vista gorda ante las infidelidades de tu padre.
Cuando murió, fue casi un alivio. Pero tú no tienes por qué hacer eso.
Una vez vendida la empresa, podrás hacer lo que quieras.
Vuelve la mirada hacia mí de inmediato y me observa con admiración. —Eres una mujer fuerte, mamá.
—Hice lo que tenía que hacer. —Me encojo de hombros, como si los años de sufrimiento junto a un tirano mujeriego hubieran significado poco—. Y eso es lo que tú también debes hacer. Actúa con cautela y haz lo que sea necesario para librarte de Ashlin sin rencores.
Asiente con el ceño fruncido, pensativo. —Me estoy ocupando de ello.
—Bien. —Me levanto, aliviada de que Justin haya aceptado mi intromisión y vaya a mantenerse alerta de ahora en adelante—. ¿Una última advertencia?
Consigue esbozar una sonrisa irónica. —Siempre tienes que decir la última palabra.
Le devuelvo la sonrisa, esperando que siga mi consejo y no ponga en peligro todo aquello que tanto nos ha costado conseguir. —Ten cuidado en quién confías.
Justin inclina la cabeza hacia un lado mientras me estudia, pero ya he dicho todo lo que era necesario decir.
Al divorciarse de una mujer como Ashlin, pronto descubrirá a qué me refiero.