La última esposa Capítulo 23
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Capítulo 23

Capítulo Veintitrés

ASHLIN

E spero a que venga mi marido. Nerviosa, jugueteo con las sábanas, cambio de canal sin prestar atención y bebo demasiada agua, deseando que fuera vodka. Tengo el pecho oprimido y la piel sudorosa. Sé que Justin estaba enfadado la otra noche, pero ¿divorciarse?

Soy idiota. He tensado demasiado la cuerda y conseguir que cambie de opinión va a requerir un esfuerzo monumental. Es tan obstinado como su madre y, una vez que toma una decisión, no hay quien lo haga cambiar de parecer.

Vendrá esta mañana a las once, lo que me da tiempo para idear un plan. Es sencillo: hacer de esposa abnegada, arrepentirme y cambiar, dispuesta a hacer lo que sea necesario para recuperar la chispa.

Justin es débil. Finge ser el gran hombre de la familia, el macho alfa que cuida de su manada, pero es un calzonazos.

Imagino que habrá estado despotricando con alguien, probablemente con su madre, sobre nuestra discusión de la otra noche, y la buena de May habrá confundido sus lloriqueos con una declaración de separación.

A la vieja bruja le encantaría. Veo cómo me mira últimamente, como si fuera una lacra para el apellido Parker.

No siempre fue así. Al principio valoraba mi dinero y mis contactos y me consideraba una pareja adecuada para su precioso hijo.

Cuando Percy vivía, ella era distinta, más deferente y respetuosa con mi posición como esposa de Justin.

Ahora la sorprendo mirándome con una aversión mal disimulada.

Como si supiera lo de mis deslices.

Supongo que, si lo supiera, se habría enfrentado a mí, así que quizá mi culpa se esté transformando en paranoia.

Sea lo que sea, estoy segura de que May es quien le cuenta rumores sobre mí a Justin y, cuando salga de esta cárcel, le diré que se meta en sus asuntos.

Debió de comentárselo a Ria, y esta se lo contó a Shamira.

Aunque es irracional, me duele un poco que Ria no haya venido aerme, teniendo en cuenta el insólito acercamiento que tuvimos ayer.

Aunque anoche, ya tarde, me envió un mensaje para decirme que estaba preocupada y preguntarme si necesitaba algo.

No es que fuera a pedírselo, pero me gusta la especie de tregua que hemos establecido.

Tampoco debería haber sido tan cruel con Shamira antes.

No es culpa suya haberme soltado una bomba sin darse cuenta, pero que me llamara frágil me puso a la defensiva.

Y jamás le contaría a Trent lo de su pasado.

La primera vez que la amenacé, llevaba demasiadas copas de champán encima y aún estaba conmocionada porque sus acusaciones me habían puesto contra las cuerdas.

Hoy estaba demasiado trastornada por la palabra «divorcio» para hacer otra cosa que contraatacar.

Es absurdo que, incluso con mi vida al borde de venirse abajo, siga proyectando mi habitual imagen de dureza, cuando nada podría estar más lejos de la verdad. La idea de que Justin me abandone me destroza; dejaría mi fachada, tan cuidadosamente construida, expuesta a conjeturas y burlas.

¿Por qué demonios pensé que acostarme con Russ y Aaron me haría sentir mejor conmigo misma?

Odio sentirme insegura y necesitada, y ambos hombres lograron acallar esas sensaciones durante un breve periodo.

Pero no los quiero a ellos. Quiero que mi marido me desee.

Aunque, si lo que ha dicho Shamira es cierto, lo he perdido.

Miro el reloj de la pared de enfrente. Son las diez y cuarenta y cinco y es probable que Justin llegue antes de tiempo. Llamo a una enfermera y espero los sesenta segundos de rigor antes de volver a pulsar el timbre.

Lo que parece una eternidad después, entra con brío en la habitación una enfermera recién salida de la universidad, demasiado animada con esa sonrisa bobalicona. —¿Qué necesita, señora Parker?

—Mi bolso está en el armario. ¿Puede traérmelo, por favor?

Parpadea, como si hubiera invadido su valioso tiempo dedicado a cambiar cuñas. —¿Eso es todo?

Su alegre sonrisa se desvanece, sustituida por una mirada de desaprobación, mientras me entrega el bolso. —Tenemos muchos pacientes que necesitan atención urgente, ¿sabe?

Arqueo una ceja ante su actitud altiva. —¿Y usted sabe que mi familia pagó la nueva ala de este hospital y que, técnicamente, también financiamos su sueldo?

Está cabreada, así que le dedico una sonrisa empalagosa. —Eso es todo por ahora.

Sale pisando fuerte sin decir una palabra más y abro la cremallera del bolso, agradecida de llevar siempre maquillaje encima. Ayer vi a la familia observando mis moratones. Nada que un poco de corrector no pueda arreglar.

Sin embargo, al mirarme en el espejo de mano, me horroriza el enorme hematoma negro violáceo que me rodea el ojo derecho y el bulto antiestético de la frente.

Tengo un aspecto espantoso. Cuando saco una barra de maquillaje del bolso, me lo pienso mejor y decido no arreglarme para Justin.

Las secuelas visibles del accidente me hacen parecer más vulnerable, y quizá despierten su compasión, en lugar de fingir entereza.

Vuelvo a guardar la base, la polvera y el brillo de labios en el bolso y lo dejo sobre la mesa móvil junto a la cama justo cuando llaman a la puerta.

El corazón se me acelera y respiro hondo varias veces para calmarme antes de responder: —Adelante.

Justin abre la puerta y entra. No parece alegrarse de verme.

Tiene una expresión extraña, a medio camino entre la esperanza y el resentimiento.

Eso me advierte de que Shamira tiene razón: mi matrimonio está en serios apuros y, si no hago bien las cosas, mi estatus dentro de los Parker corre un grave peligro.

—Hola, marido. ¿Cómo estás? —Sonrío y él retrocede.

Puede que la sonrisa haya sido excesiva, porque últimamente rara vez nos miramos a los ojos.

Me entristece que hayamos llegado a esto.

Durante estos años, a medida que nuestra relación se deterioraba, no le di demasiada importancia, pues había visto los matrimonios de mis amigas sufrir un declive parecido.

Hombres que ganan una millonada, con esposas florero encantadas de fingir que son felices a cambio de una vida cómoda.

Es lo normal en nuestros círculos sociales.

Pero he sido una necia al aceptar como normal nuestro matrimonio moribundo. Puedo perderlo todo.

—Estoy bien. ¿Cómo te encuentras? —Se acerca a la cama como un niño reacio al que una enfermera llama para ponerle una vacuna.

No quiere estar aquí.

Y, en ese preciso instante, sé que estoy en apuros.

Apenas puede mirarme y, cuando Justin se decide por algo… Tendré que hacer la mejor interpretación de mi vida para salvar este desastre que yo misma he provocado.

—Sigo molida y llena de moratones, pero voy mejorando. —Enderezo los hombros y finjo un gemido—. Aunque quiero volver a casa cuanto antes, así que espero que mañana.

La perspectiva parece aterrarlo y no logro librarme de una creciente sensación de fatalidad inminente.

—No hace falta que te precipites. —Se apoya en la silla junto a mi cama, dejando claro que no piensa quedarse mucho tiempo—. Por cierto, las niñas están bien.

Su tono es crítico y molesto. No se lo reprocho; debería haber preguntado primero por las niñas.

Mis hijas son lo mejor de mi vida superficial, pero la revelación de Shamira sobre el fin de mi matrimonio me ha dejado tan alterada que solo puedo pensar en apaciguar a Justin.

Estoy empeñada en salvar mi matrimonio y, aunque quiero y echo de menos a las niñas, mi prioridad tiene que ser asegurarme de no perder a mi marido.

Algún día me lo agradecerán. Esto también las afectará a ellas.

Necesitan que sus padres sigan juntos y permanezcan dentro del respetado círculo de los Parker.

—Pensaba llamarlas después de clase para poder hablar con ellas directamente —digo, y añado—: Seguro que May está cuidándolas muy bien.

—Así es. —Hace toda una representación al mirar su reloj—. Tengo que ir a la oficina.

—¿Y dejarme aquí sola? —Intento sonreír otra vez, ahora con más coquetería, y él aprieta los labios en una línea que refleja lo poco que le impresiona.

—Has dicho que estás bien. Limítate a descansar…

—Pero ya nunca hablamos, al menos no sin las niñas delante, así que ¿por qué no te quedas un rato? —Doy unas palmaditas en la cama, esperando que ceda como siempre. Llevamos años ejecutando este baile.

Hoy no, por lo visto, porque me mira con absoluto desinterés. Entonces se ríe. Es un sonido áspero y estridente, desprovisto de diversión, que me eriza el vello de la nuca.

—Para ya —espeto antes de inspirar por la nariz y soltar despacio el aire por la boca para calmarme.

—¿Por qué? Tiene gracia. —Señala el lugar de la cama donde he dado las palmaditas—. Que ahora quieras que me acerque a ti resulta ridículo. Sobre todo después de llevar años intentando alejarme.

Está furioso. Puede que sonría como un idiota, pero percibo la ira contenida en su voz. Así que intento apaciguarlo. Nunca doy mi brazo a torcer, pero a estas alturas estoy dispuesta a probar cualquier cosa. Me desarma al no comportarse como de costumbre.

—Vamos, cariño, hemos sufrido el estrés habitual de cualquier padre…

—Déjate de tonterías —dice, torciendo el labio superior en una mueca desdeñosa—.

¿Qué motivos tienes tú para estar estresada?

Tienes una niñera que cuida de las niñas.

Tienes un chef que prepara esas comidas con las calorías controladas que tanto te gustan, y te pasas el día revoloteando entre el gimnasio, las cafeterías y las clínicas de estética.

Por fin se acerca, pero veo la vena que se hincha en su sien, señal de que está hecho una furia. Es sorprendente, porque Justin rara vez pierde los estribos.

—Cuando no estás follándote a otros hombres, por lo visto.

Suelto un grito ahogado antes de recomponerme enseiguida y convertir mi rostro en una máscara. Pero es demasiado tarde: ha visto mi desliz y va a utilizarlo contra mí.

—No seas vulgar. —Tengo que arreglar esto mintiendo—.

No sé a quién has estado escuchando, pero sabes que siempre circulan rumores en nuestro círculo social.

Diablos, si creyera la mitad de lo que me cuentan nuestros supuestos amigos, pensaría que te has acostado con todas las empleadas de la empresa.

—No me trates como si fuera idiota. —Sacude la cabeza; esa mueca desdeñosa tan impropia de él le da un aspecto cruel—. Además, me da igual con quién hayas follado o cuántas veces. No es por eso por lo que voy a poner fin a este matrimonio.

La sangre abandona mi rostro y me deja mareada. Mi desvanecimiento es real, pero, como todo lo demás en mí, Justin cree que es fingido. Intento formular una respuesta, algo elegante y muy distinto del estruendoso «que te jodan a ti también» que me retumba en la cabeza.

—Pensaba esperar a que salieras del hospital para decírtelo, pero no puedo seguir con esta farsa. —Me clava la mirada, desafiándome a contradecirlo—. Se acabó, Ash. Lo nuestro terminó hace mucho tiempo y ya no puedo seguir en una relación tóxica.

Siento que la rabia burbujea en mi interior, desesperada por encontrar una vía de escape. Pero, si pierdo el control ahora, le daré la razón y no pienso concederle esa satisfacción.

—Todos los matrimonios atraviesan malas rachas. Este es uno de esos momentos difíciles…

—Estoy harto de todo esto. —Se pellizca el puente de la nariz y, cuando levanta la mirada, veo la derrota en sus ojos, como si hubiera aguantado diez asaltos contra un boxeador profesional y hubiera perdido.

Prefiero su ira. Porque ver esa derrota significa que se ha rendido de verdad, como si el cansancio hubiera calado en su interior y ya no pudiera extirparse.

—No alarguemos esto más de lo necesario —dice con voz ronca—.

Me mudaré y alegaré motivos de trabajo para no alterar la rutina de las niñas.

Seguiremos juntos de cara a los demás por la empresa y mantendremos el divorcio en secreto mientras el negocio atraviesa este periodo de inestabilidad, pero tienes que contratar a un abogado para que podamos resolver esto civilizadamente y…

—¡Que te jodan! —grito, perdiendo por fin el precario control sobre ese temperamento infame que probablemente nos metió en esta situación—. No te librarás de mí tan fácilmente…

—Ya lo verás —dice con un tono tan suave, tan letal, que al principio no capto la amenaza velada.

Pero sus ojos no mienten y me encojo contra las almohadas mientras él me fulmina con una hostilidad manifiesta, con las manos cerradas en puños a ambos lados del cuerpo.

Justin no es un hombre violento, pero, con su odio helándome la sangre a pocos pasos de distancia, creo que es capaz de cualquier cosa.