La última esposa Capítulo 21
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Capítulo 21

Capítulo Veintiuno

RIA

S helby está acurrucada en la cama, leyendo, cuando suena mi teléfono.

Es Justin.

Odio el fogonazo de emoción que siento en el bajo vientre, y una súbita oleada de ansiedad me lleva a escudriñar la pantalla como una adolescente que espera la llamada del chico popular.

Supongo que llama para ponerme al día sobre el estado de Ashlin porque no he podido ir al hospital, pero, después de lo de anoche, cada vez que me llame o lo vea ya nada volverá a ser igual.

Me besó. Me tocó. Yo dejé que ocurriera.

Peor aún, lo disfruté.

Hago girar los hombros para calmar los nervios y contesto.

—Hola, Justin, ¿todo bien con Ashlin?

Uso su nombre deliberadamente. Su mujer . ¿Te acuerdas de ella?

—Está bien, gracias por preguntar. —Suspira, como si estuviera lidiando con algo muy serio—. ¿Cómo estás tú?

Sé recurrir a las frases de cortesía. La charla trivial y mundana es segura y está muy lejos de los recuerdos prohibidos de aquel beso que compartimos. —Aquí todo bien.

—Estoy recogiendo mis cosas para irme de casa —suelta de golpe—. Voy a decirle a Ashlin que se ha acabado.

Podría decirle tantas cosas: si está seguro de estar tomando la decisión correcta, si ha pensado en cómo afectará esto a sus hijas, si se da cuenta de que ella seguramente no se lo pondrá fácil.

Me limito a decir: —Poner fin a un matrimonio siempre es difícil.

—O, en este caso, algo que debería haber hecho hace mucho.

Está resentido, habla con voz tensa. No le envidio tener que pasar por una separación. Puede que Grayson me rompiera el corazón, pero me hizo un favor al cortar por lo sano. Quizá en aquel momento necesitara cerrar esa etapa, pero no volver a verlo después de que se marchara lo hizo más fácil.

—He hablado largo y tendido con mamá. Lo sabe todo. —Hace una pausa, como si escogiera con cuidado sus siguientes palabras—. Me ha dicho que corren rumores de que Ash tiene una aventura con Russ, el contable de la empresa.

Hago una mueca y clavo la mirada en el techo. He visto la prueba con mis propios ojos en aquel correo que recibí, junto con indicios de una indiscreción más reciente que podría acarrear consecuencias nefastas para la empresa si ha compartido confidencias de alcoba con la competencia.

Murmuro una respuesta evasiva y, por suerte, él continúa: —Ash no me dice que esté liándose con otro a mis espaldas, pero suelta disparates, como que cree que alguien intentó echarla de la carretera. —Se ríe con sorna—. Así es Ash, siempre queriendo culpar a otros del caos que provoca.

Me pongo rígida cuando un escalofrío de terror me recorre la espalda. ¿Había sido el accidente de coche de Ashlin un intento encubierto de acabar con su vida?

Eso me lleva a preguntarme si aquellos correos no serían algún tipo de advertencia.

Había supuesto que la información que contenían podía filtrarse para perjudicar a la familia. Pero ¿y si hay algo más, una amenaza física real?

—Es una acusación muy grave. ¿Qué ha dicho la policía?

—Que probablemente dio un volantazo para esquivar algo en la carretera y chocó contra un árbol. No había arañazos ni abolladuras en el lado del conductor, así que nadie la sacó de la carretera a la fuerza.

Su respuesta no calma mis nervios. Otro coche no tendría por qué tocar el de Ashlin para echarla de la carretera. Bastaría con ponerse a su altura y amagar con dar un volantazo hacia ella.

—Pasara lo que pasase, tiene suerte de estar bien —digo con la debida solicitud—. ¿Cuándo le dan el alta?

—Mañana o pasado, según los médicos. —Parece agotado, como si fuera lo último que desea—. Lo cual significa que tengo que seguir haciendo las maletas.

—Claro.

—He alquilado un apartamento por una temporada corta en la ciudad.

No tengo ni idea de por qué me lo cuenta. No es que vaya a pasarme a tomar café próximamente. Ahora más que nunca debo mantener las distancias. Lo último que necesito es que se especule con que yo provoqué el fracaso de su matrimonio.

—Espero que todo vaya bien. —Mi tono resulta absurdamente animado, y mi falsa alegría me chirría.

—¿Ria?

¿Cómo puede afectarme tanto que pronuncie una sola palabra, que ese murmullo grave penetre en mí y despierte la fascinación que llevaba tanto tiempo enterrada?

—¿Sí?

—Gracias por escucharme.

Quiero decirle «cuando quieras», pero no quiero que me llame para hablar del fin de su matrimonio ni de ninguna otra cosa. Necesito mantener las distancias, volver a levantar las barreras que tanto me esforcé por conservar antes de aquel beso.

—Adiós. —Cuelgo antes de que pueda decir nada más, sintiéndome estúpida y cruel.

Probablemente Justin solo necesite que alguien lo escuche, una persona con la que desahogarse.

Es una pena que yo no pueda serlo. Es peligroso saber que Justin es un hombre libre.

Técnicamente, sigue casado y eso no cambiará durante un año; probablemente más, si Ashlin alarga el divorcio como espero que haga. Su rencor no conocerá límites.

No puedo pensar en él como un hombre soltero, porque quizá caiga en la tentación de ignorar hasta el último vestigio de mi instinto de conservación, cada parte de mí que grita que nuestra atracción no puede llevar a ninguna parte, ni siquiera cuando él sea libre.

Además, tengo cosas más importantes de las que preocuparme, como la afirmación de Ashlin de que alguien la echó de la carretera y su posible relación con los correos amenazantes que recibí.

En mi trabajo siempre estoy recopilando datos inconexos y estableciendo vínculos, e incluso los más sutiles suelen conducir a una historia.

En este caso, no puedo ignorar mi instinto: si Ashlin dice que alguien la echó de la carretera, fue un ataque deliberado, y eso podría significar que Shamira y Christine, que también aparecían en aquellos reveladores correos, corren peligro.

La cuestión es: ¿por qué? ¿Quién querría hacer daño a mis cuñadas? Tengo que encontrar una pista, algo que me ayude.

Cojo el portátil de la mesa de centro y lo abro.

Entro en la bandeja de entrada y examino los correos guardados.

Los escudriño con cuidado en busca del menor indicio sobre la identidad del culpable, pero no encuentro nada.

Y, como Lars no ha vuelto a ponerse en contacto conmigo, debo hacer lo último que quiero.

Tengo que intentar contactar con Grayson.

Me tiemblan los dedos mientras busco el juego que sé que solía frecuentar, un fenómeno mundial alojado en un servidor que alberga miles de millones de usuarios.

Lo he evitado durante los últimos cinco años, pese a lo mucho que disfrutaba desconectando mientras jugaba con él cuando estábamos casados, por si reconocía el nombre de usuario de Grayson y sentía la tentación de ponerme en contacto.

Porque ahí está el quid de todo esto. A pesar de que Grayson nos abandonó, a pesar de aquella foto espantosa que lo involucraba en una vida sórdida de la que yo no sabía nada, a veces me pregunto dónde está y qué hace.

Me siento orgullosa de no haber cedido nunca a la tentación de averiguar su paradero. Tengo contactos; podría haberlo hecho.

En vez de eso, me centré en convertirme en una mujer fuerte e independiente capaz de mantener a su hija, una mujer que no necesita a ningún hombre en su vida.

Pero, si alguien está atacando a esta familia, lo lógico es recurrir al único hombre que posee las habilidades necesarias para descubrir quién lo hace.

No pienso permitir que Shelby se vea amenazada por algún enemigo sin rostro que tiene una extraña vendetta contra los Parker, y, si debo tragarme el orgullo para pedir ayuda a Grayson, lo haré.

Confío en que mi ex sea un animal de costumbres y en que, una vez dentro de la web del juego, reconozca alguno de sus nombres de usuario favoritos.

Inicio sesión y entro en el juego en menos de treinta segundos.

Repaso una lista interminable de nombres de jugadores que han estado conectados durante las últimas horas.

Ninguno me llama la atención y la vista empieza a nublárseme mientras los nombres desfilan uno tras otro por la pantalla.

Me froto los ojos con una mano para despejarlos y entonces lo veo.

Un nombre ridículo por el que solía burlarme de él. Tiene que ser Grayson.

Copio y pego en mis contactos la dirección de correo electrónico asociada y salgo rápidamente de la web.

El frío que me invade el cuerpo se intensifica mientras escribo un breve correo al hombre al que esperaba no volver a ver jamás. Puede que no sea él, así que voy al grano. Estoy en apuros. Necesito su ayuda. Urgentemente.

Me planteo borrarlo, pero entonces recuerdo que Ashlin cree que alguien la echó de la carretera. Si fue un ataque deliberado…

Hay demasiado en juego. Necesito encontrar a quien esté detrás de esos extraños correos amenazantes, así que contengo el aliento y pulso «Enviar».