La última esposa Capítulo 20
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Capítulo 20

Capítulo Veinte

MAY

L as chicas están alicaídas cuando volvemos a casa, tras hacer una breve parada en su heladería favorita para intentar animarlas. Sé que están preocupadas y he hecho todo lo posible por tranquilizarlas. Pero ahora necesito pasar un rato a solas con mi hijo.

Christine sale a nuestro encuentro cuando entramos por la puerta trasera. —¿Cómo está Ashlin?

—Mamá está bien, aunque tiene la cara un poco amoratada —dice Ellen mientras se quita la chaqueta y la cuelga en el perchero—. Necesita descansar, así que nos quedaremos aquí.

—Me alegro. —Christine abre los brazos hacia las chicas y ellas corren a refugiarse en los de su tía, lo que me lleva a preguntarme una vez más por qué mi hija no ha dado prioridad a tener hijos.

—Chicas, ¿queréis bañaros? El agua de la piscina está caliente. ¿O preferís un partido de tenis? —Miro fijamente a Christine por encima de las cabezas de las niñas, intentando transmitirle que necesito intimidad—. Vuestro padre y yo tenemos que hablar de trabajo.

Christine articula un «vale» con los labios y conduce con suavidad a las chicas de nuevo hacia la puerta trasera. —En la caseta de la piscina tenemos de todo, así que ¿por qué no nos damos un chapuzón?

Toco el brazo de mi hija cuando pasan a mi lado. —Gracias por esto.

—No hay de qué. —Christine sonríe y señala el pasillo con la cabeza—. Acabo de oír llegar un coche. Debe de ser Justin.

Asiento. —Pasa algo entre él y Ashlin, y pienso averiguar qué es.

Christine vacila, poco acostumbrada a darme consejos. —Trátalo con delicadeza. Los chicos no son tan fuertes como las chicas.

Bien que lo sé. Mi hijo se deja avasallar cuando se trata de su mujer, pero la frialdad que observé en el hospital me da esperanzas.

Apenas tocó a Ashlin y su preocupación parecía contenida, como si estuviera allí por mera obligación.

Sé que anoche no durmió en casa, y eso podría significar que su matrimonio atraviesa serios problemas.

Reprimo un repentino ramalazo de compasión.

Mi hijo estará mejor sin esa mujer, aunque no puedo evitar sentir pena por mis nietas, que quedarán atrapadas en el fuego cruzado del divorcio.

Y tendré que hablar con él del momento oportuno: ahora que voy a vender la empresa, la discreción es primordial.

No permitiré que mi hijo ni su codiciosa esposa echen por tierra mis planes.

—Me gusta tenerte aquí —digo, satisfecha cuando Christine me envuelve en un breve abrazo.

Ella se ríe, restando importancia a esa muestra de afecto tan impropia de ella. —No te acostumbres.

Sonrío, agradecida por haber logrado algún tipo de acercamiento con mi hija y confiando en que perdure cuando regrese a Sídney. —Aquí serás bienvenida cuando quieras. Esta es tu casa.

Christine se despide con la mano al salir por la puerta trasera. Se cruza con Justin, que entra en ese momento, y se detiene para abrazar a su hermano. Él no parece sorprendido ni molesto porque ella no pregunte por el estado de Ashlin.

Sé por qué sigue en un matrimonio sin futuro —por sus hijas— y lo admiro por ello.

¿Acaso no hice yo lo mismo por mis hijos, para preservar la imagen de perfección de los Parker?

Me atrevería a decir que el matrimonio de Justin es una balsa de aceite comparado con lo que yo soporté al lado de Percy.

—Hola, mamá. —Me besa en la mejilla, pero lo hace sin ganas. Tiene ojeras oscuras y la tensión le enmarca la boca. Algo preocupa a mi hijo y pienso averiguar qué es.

—Las chicas están fuera, bañándose con Christine —digo, curiosa por ver si saldrá corriendo para evitar la conversación.

Cuando se limita a asentir y se sienta a la mesa, obtengo mi respuesta. —Las veré dentro de un rato. Gracias por cuidar de ellas.

—Cuando quieras. —Me entretengo con la cafetera de expreso para darle tiempo a expresar lo que le preocupa.

De todos mis hijos, Justin siempre ha sido con quien he tenido una relación más estrecha. Al ser el mayor, me une a él un vínculo especial, que se fortaleció cuando lo nombré director ejecutivo de la empresa. Percy lo sometía a mucha presión y yo lo detestaba.

A menudo me pregunto si Justin sería más feliz dedicándose a otra cosa en lugar de asumir el cargo de director ejecutivo para el que un padre exigente lo había preparado.

Supongo que pronto lo averiguaré. Cuando venda la empresa, Justin quedará libre de sus obligaciones familiares.

Yo también seré libre para disfrutar de mis nietas, lo único bueno que hay en mi vida últimamente.

Y, si Justin se divorcia de Ashlin, el tiempo que pase con las niñas se multiplicará por diez. Estoy deseándolo.

—¿Va todo bien...?

—Lo de Ashlin y yo se ha acabado.

Mi hijo, fuerte y valiente, habla tan bajo que me pregunto si lo he oído bien y si su revelación no será producto de mis deseos.

Cojo las tazas de café y me vuelvo, intentando descifrar su estado de ánimo. Parece estoico, como si el fin de su matrimonio no fuera para tanto. Pero vislumbro un dolor auténtico en sus ojos y maldigo para mis adentros a la mujer que le ha hecho esto.

—Sospeché que pasaba algo cuando Jessie me dijo esta mañana que anoche no habías vuelto a casa y después no me devolviste la llamada.

Hace una mueca. —Lo siento. Necesitaba pasar un tiempo a solas para aclararme las ideas.

—Sabes que te apoyaré tomes la decisión que tomes. —Dejo las tazas de café sobre la mesa y me siento a su lado—. ¿Dónde estuviste anoche?

—Me alojé en un hotel. —Su mirada furtiva hacia otro lado me hace preguntarme qué estuvo haciendo y con quién—. Cuando volvimos a casa después de tu fiesta, Ash empezó con lo de siempre y ya no pude soportarlo más. —Suelta el aire—. Fui a casa de Ria.

Antes de que pueda hacer comentario alguno, Justin continúa: —Necesitaba hablar con alguien.

Cruza los brazos en una clásica postura defensiva y me pregunto qué ocurrió de verdad en casa de Ria.

—¿Te sirvió de algo?

Se encoge de hombros. Su indiferencia me irrita, pero sé que no conviene presionar a mi obstinado hijo para que dé respuestas. —Ria es estupenda. Es objetiva, y eso era lo que necesitaba anoche.

Acepto la pulla. Nunca he ocultado mi antipatía por Ashlin.

—Te gusta Ria.

Lo dejo caer, preguntándome si mi hijo tendrá agallas para reconocer que se siente atraído por la exmujer de su hermano. Cualquiera que tuviera ojos habría visto en mi fiesta a esos dos charlando y riendo mientras iban a la cocina a buscar la tarta.

¿Es Ria la razón por la que mi hijo por fin ha tomado esta difícil decisión?

Confío lo bastante en Justin para saber que no se precipitará con Ria y, cuando lo sorprendo mirando por la ventana a sus hijas, con adoración en los ojos y una leve sonrisa curvándole los labios, sé que no hará nada que pueda hacerles daño.

—Ria es... especial. —Se pasa una mano por la cara.

El gesto apenas consigue borrar las líneas de tensión que surcan su frente—.

Pero no soy idiota. Sé que la empresa no puede permitirse un escándalo ahora mismo, y jamás haría nada que pudiera perjudicar a las niñas.

Aunque ojalá me hubieras hablado de las modificaciones en nuestros acuerdos económicos...

—Deja la frase en el aire, reacio a añadir nada más, antes de continuar—: Y, por lo que has estado dejando caer estas últimas semanas, sé que existe la posibilidad de que se venda la empresa...

—Siento no haberlo hablado contigo, pero quería tener una oferta en firme antes de contártelo.

—Me aclaro la garganta, un tanto avergonzada—.

No quería que te preocuparas por la posibilidad de que te destituyeran como director ejecutivo hasta tener algo oficial que presentarte.

Aunque, con tus credenciales y tu apellido, encontrarás un puesto similar en cualquier otra empresa...

—Tranquila, mamá. No pasa nada, estaré bien. Y no haré nada que pueda arruinar tus planes.

El alivio se filtra en mi interior. —Me alegra que vayas a esperar hasta que se formalice el divorcio para dar el primer paso.

Hay que reconocerle que no finge ignorancia; sabe exactamente a qué me refiero con dar el primer paso. Tampoco parece especialmente sorprendido por mi franqueza, pero aparta la mirada, como si no pudiera soportar mi escrutinio. —No hay otra opción.

Quiero borrar a Ashlin de la familia Parker, pero no puedo evitar pensar que a Justin le convendría que ella permaneciera a su lado mientras vendo la empresa. Hasta que se cierre el trato, no permitiré que nadie lo ponga en peligro.

Si Justin y Ria deciden finalmente dar rienda suelta a sus sentimientos, sé que la gente hablará.

Los cotilleos correrán como la pólvora, pero se pueden controlar.

Yo soporté mi buena dosis de habladurías mientras estuve casada con Percy y no me hicieron daño.

Siempre estuve por encima de todo aquello, era más fuerte de lo que nadie creía.

La empresa fue mi prioridad y sigue siéndolo.

Estoy protegiendo la fortuna familiar para mis nietos.

—Estoy orgullosa de ti. —Le aprieto el hombro y luego lo suelto—. Has tomado una decisión difícil.

Justin parece sorprendido y enarca las cejas. —¿No vas a sermonearme? ¿Ni a juzgarme?

Niego con la cabeza. —Yo no. Tus hijas te adoran y eso no cambiará. Lucharemos por la custodia total y...

—Eh, despacio. —Justin levanta las manos—. Deja que hable primero con el abogado de la familia.

Mi sorpresa da paso a la consternación. ¿No estará pensando en dejar a sus hijas en manos de esa mujer?

—¿No quieres la custodia total?

—Claro que sí —responde con brusquedad, y se arrepiente del arrebato mientras se le hunden los hombros—. Perdona, es solo que necesito conocer todos los hechos antes de tomar decisiones importantes.

—Un poco tarde para eso, teniendo en cuenta que vas a poner fin a tu matrimonio.

—Mi seca respuesta me vale una mirada asesina—.

Mira, Justin, creo que dejar a Ashlin es una buena decisión.

Pero ya sabes cómo es. No renunciará fácilmente al prestigio de ser una Parker.

Luchará con todas sus fuerzas. Así que asegúrate de recibir el asesoramiento legal que necesitas antes de decírselo.

Asiente con expresión pensativa. —¿Crees que la cosa se pondrá fea?

Consigo contenerme y no poner los ojos en blanco, por poco. —Es Ashlin. ¿Tú qué crees?

Frunce el ceño y vuelve a pasarse una mano por la cara. —Tienes razón. Iré a ver al abogado mañana a primera hora.

Hace una pausa, como si dudara si añadir algo más. —Ashlin dijo que creía que alguien podía haberla sacado de la carretera. Se comportó de forma extraña conmigo en el hospital...

—Conoces a tu mujer mejor que nadie. Diría cualquier cosa para llamar la atención, sobre todo si su matrimonio está en crisis. —Resoplo—. ¿Qué opina la policía?

—Que perdió el control después de intentar esquivar a un animal y chocó contra el árbol.

Aprieto los labios, consciente de que mi silencio transmitirá mi opinión sobre las fantasías de Ashlin mucho mejor que cualquier cosa que pueda decir.

—Sacaré mis cosas de casa mientras ella esté en el hospital y esperaré a que vuelva para decirle que se ha acabado oficialmente.

—Parece un buen plan.

No quiero entrometerme, pero mi hijo merece algo mejor que lo que su mujer le ha hecho pasar últimamente, y ya me he mordido la lengua bastante tiempo.

Ahora que su matrimonio ha terminado, no tengo motivos para andarme con rodeos respecto al desagradable asunto de las supuestas infidelidades de su esposa.

—Mañana no iré a la oficina. Prefiero quedarme en casa y estar aquí con las niñas antes y después del colegio. Así que, después de ver al abogado, ¿puedes despedir a Russ?

Un ligero ceño le arruga la frente. —¿Por qué?

Me aclaro la garganta. No quiero hacer daño a mi hijo, pero lleva demasiado tiempo sin enterarse de nada. O eso o ha optado por hacer la vista gorda ante las debilidades de su mujer por el bien de sus hijas; sin embargo, al dejar a Ashlin por fin ha recobrado el juicio y tiene que saberlo.

—Circulan rumores. Sobre Russ acostándose con algunas empleadas y, eh... con tu mujer.

Justin se abalanza hacia delante y casi vuelca la taza de café. Su conmoción es auténtica. —¿Pero qué cojones...?

Mi hijo nunca dice palabrotas delante de mí, y eso por sí solo demuestra lo ajeno que ha estado a todo. ¿Nunca se ha dado cuenta de sus ausencias ni se ha preguntado dónde estaba o qué hacía?

La sorpresa da paso rápidamente a la ira: palidece, se le tuerce la boca con amargura y se le endurece la mirada.

—Puede que solo sean rumores, pero he oído suficientes cosas en los últimos meses como para pensar que podemos encontrar a un contable mejor.

—Hecho.

Su ira se desvanece, sustituida en sus expresivos ojos por una mezcla de tristeza y confusión. Odio ver sufrir a mi hijo, pero, si es por un beneficio a largo plazo —a saber, librarse de Ashlin—, lo apoyo por completo.

Justin mira el reloj. —Quiero pasar un rato con las niñas antes de volver a casa para hacer las maletas.

—Ve. —Hago un gesto para despedirlo, con el corazón más ligero después de que mi hijo me haya confiado su acertada decisión—. Y, si necesitas algo, no dudes en pedírmelo.

—Gracias, mamá.

Se inclina para envolverme en un breve abrazo antes de salir por la puerta trasera, dejándome más animada de lo que me he sentido en mucho tiempo. Que Justin se libre de una esposa que deshonra a la familia solo puede ser bueno.

Por una vez ha tomado una decisión egoísta, una decisión difícil, y eso solo puede ser una buena señal cuando se vea obligado a valerse por sí mismo.

Porque antes le he mentido al expresarle mi confianza en él.

Puede que tenga las credenciales y el apellido Parker respaldándolo cuando deba buscar un nuevo empleo, pero me pregunto si es consciente de todo lo que hago en la empresa.

Y tengo la incómoda sospecha de que Justin resultará tan deceionante como el resto de mis hijos cuando llegue el momento de hacer algo de provecho por sí mismo sin depender de mi dinero para sostenerse.

En cuanto a sus sentimientos prohibidos por Ria... bueno, ya me ocuparé de esa complicación cuando se presente.