La última entrevista de Emily Watson 34
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Llamada vía satélite entre Madrid y algún recóndito lugar de Alaska.

—Presidente Turner, misión cumplida. El pájaro abandonó el nido. Voló, pero aterrizó muerto. Síndrome de la clase turista , dice la prensa.

—De acuerdo. ¿La documentación? —pregunta con tono plano.

—En nuestro poder. Intentó camuflarla en medio de un relato de ciencia ficción. Muy infantil, para serle sincero.

—¿El qué? ¿El relato o el intento de ocultar la información? —pregunta esbozando una sonrisa, consciente de que todo ha marchado según lo previsto.

—Ambas.

—¿Y las grabaciones?

—Borradas. Fácil también. Un micro pulso electromagnético desde la blackbox en la sala de inmigración del aeropuerto ha sido suficiente para borrarlo todo.

—Buen trabajo.

—Gracias, presidente. Ya solo queda una cosa por hacer.

—Eso ya no es asunto suyo. Déjelo correr. Yo me encargo. Tengo ganas de hacerlo en persona.

—Cómo… —Se corta la llamada.