La última entrevista de Emily Watson 32
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Me encuentro mal. No llevamos ni media hora de vuelo y no veo el momento de pisar suelo español.

Reviso las hemerotecas digitales de los cuatro principales medios de comunicación norteamericanos.

Buscando pistas que me indiquen que todo fue montaje.

De enlace en enlace, búsqueda tras búsqueda, llego al fatídico momento en el que Turner, a pocos días de abandonar la Casa Blanca y ser juzgado, sufre el paro cardiaco.

Los vídeos son cortos, apenas duran quince o veinte segundos. Todos muy sensacionalistas, centrados justo en el momento en el que el presidente fallece. Veo muchas fotografías, secuencias, como disparadas a ráfaga; me resulta extraño lo rápido que llegan las asistencias sanitarias.

«Es el presidente, siempre va acompañado de su servicio de seguridad y seguro que siempre lleva cerca asistencia sanitaria», pienso.

Todos los vídeos son iguales. Entro en YouTube, doy con uno que dura más de siete minutos. El título: Presidente Turner ataque al corazón. Secuencia completa

«Será basura, algún listillo de esos que se pega seis minutos hablando y luego pone las mismas escenas que el resto».

Sin embargo, pulso play . Aparece el presidente, en su paseo matutino, con sus guardaespaldas detrás.

Anda rápido, sus movimientos son exagerados, bracea como si fuese un soldado.

Hace un gesto extraño, parece que saluda; sin embargo, no mira a nadie en concreto.

El móvil que le está grabando le sigue de cerca. De pronto, Turner se desploma.

No me he equivocado con la llegada de la ambulancia.

A los dos minutos están auxiliando a Turner y entonces, como un flash , algo despierta en mi cabeza.

Vuelvo atrás, reviso el vídeo de nuevo. Vuelvo al principio.

Sigo sintiéndome mal, cada vez peor, pero continúo trabajando.

Lo que estoy viendo me dice que es más importante que un simple malestar.

Me llevo la mano al pecho inconscientemente.

Turner avanza rápido, hace el gesto de saludar, pero no saluda, en realidad, lo que hace es llevarse la mano a la cara. Otra vez, desde el principio. Y una vez más.

No puede ser. ¡Turner, ahora lo veo claro! Turner levanta la mano, sí. Lleva algo en ella, está lejos y no puedo distinguir muy bien qué demonios es. Es un objeto transparente, es… es… ¡Un botellín de agua! Se lo bebe de un trago y, al bajar la mano, lo tira. Se lo ha bebido entero.

No puede ser. ¡Turner está vivo!

Al soltar el botellín, doy con la clave.

El tapón y la etiqueta son amarillo fosforito.

Y entonces, siento que comienzo a perder la consciencia.

Otro flash me traslada a la oficina de inmigración, al calor insoportable y al botellín de agua que involuntariamente me han hecho beber.

Siento que el pecho me pesa una tonelada, y un último chispazo de lucidez me hace recordar que, bajo la etiqueta roja del botellín, había otra amarilla.

La vi al beberme la botella a través del plástico transparente, pero estaba tan estresada pensando que me iban a requisar los documentos que no reaccioné.

—¡Socorro, socorro! —grito—. Azafata, necesito ayuda, socorro, voy a morir. —Intento levantarme, pero no puedo. La azafata llega de inmediato.

—Tranquila, Carmen, tranquila, así es como tiene que ser. Relájate. Pusimos un retardante en el botellín para que el efecto no fuese tan brusco y no llamases la atención. Para que te mueras poco a poco y seas consciente de ello. Aquí no molestarás.

Intento reaccionar, pero no puedo. Busco mis latidos, intento sentir mi pecho, el corazón debería de estar saliéndoseme por la boca y, sin embargo, no encuentro mi pulso.

—Poco tiempo se puede sobrevivir con veinte pulsaciones por minuto —dice la azafata con una frialdad extrema—. Si le añadimos la presión por altitud, ya ni te cuento.

Me falta el aire y siento que me desvanezco. Mientras tanto, la azafata saca mi maleta del compartimento superior y la abre. Extrae la carpeta, la sostiene con una mano, me mira, me la muestra y me dice:

—¿De verdad, Carmen, de verdad una novela hecha con IA? Vamos, mujer… —concluye.

Me tapa con una manta y me pone un antifaz, recoge mi portátil, me acaricia la mejilla y se aleja llevándose con ella la carpeta.

Intento hablar. Imposible moverme. Imposible. Mi corazón se detiene por completo.