La última casa de Water Mill (Turno de noche 2) PRÓLOGO
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La última casa de Water Mill (Turno de noche 2)

La última casa de Water Mill (Turno de noche 2)

Por Samantha Reynolds

© inepub.com

PRÓLOGO

Cierro la puerta con cuidado, sujetando el pomo mientras la empujo hasta escuchar el leve clic de la cerradura.

No quiero hacer ruido. Durante unos segundos me quedo inmóvil junto a la fachada, tratando de controlar la respiración.

Tengo miedo y necesito ser capaz de actuar.

Inspiro hondo varias veces intentando calmarme, pero no sirve de nada.

El sol está a punto de aparecer. Entre los árboles comienza a filtrarse una incipiente claridad, pero la oscuridad aún es dueña del jardín y no puedo ver más allá de unos metros.

Tengo que salir de aquí cuanto antes o moriré.

Miro hacia un lado y después hacia el otro. Podría bajar hasta la playa y caminar con la esperanza de encontrar algún coche y pedir ayuda.

Lo descarto enseguida. No es una buena idea. Durante esta época del año la playa está desértica. Lo más probable es que no encuentre a nadie. La otra opción es el bosque. Si consigo atravesarlo, podría encontrar a alguien que me ayude.

Me decanto por el bosque.

Comienzo a caminar pegada a la casa, procurando mantenerme fuera del campo de visión de las ventanas.

Agazapada, avanzo al pasar frente a ellas, conteniendo la respiración y resistiendo el impulso de echar a correr.

Él es más rápido, si me ve, me alcanzaría en un abrir y cerrar de ojos.

Solo necesito llegar hasta los árboles. Una vez dentro será mucho más difícil que pueda verme.

El fuerte sonido de la aspiradora se escucha de fondo hasta que se detiene de repente. Después se oye un golpe en el interior de la casa.

Me detengo.

Luego llega un grito y, casi de inmediato, el sonido de unos pasos apresurados bajando una escalera.

Me han descubierto.

Ahora sí, echo a correr todo lo rápido que puedo.

Cruzo el jardín y consigo adentrarme en el bosque.

Las ramas me golpean los brazos y la cara mientras avanzo a ciegas entre los árboles.

No veo bien dónde piso y tampoco puedo detenerme a buscar el camino más fácil.

Solo distingo troncos, sombras y pequeños huecos entre la vegetación por los que intento abrirme paso.

Una rama me alcanza de lleno en la boca y me desgarra el labio.

Siento el sabor metálico de la sangre, pero da igual, la prioridad es huir para salvar mi vida.

Mantengo la mirada al frente y continúo corriendo sin atreverme a mirar atrás.

Un arbusto denso me corta el paso. Freno de golpe y busco por dónde sortearlo.

Es demasiado alto para saltarlo y demasiado tupido para atravesarlo.

Miro hacia la izquierda y luego hacia la derecha.

Solo pierdo un segundo, pero es suficiente para escuchar los pasos aproximándose a mi espalda. Cada vez están más cerca.

Me lanzo hacia la derecha y vuelvo a correr. Esta vez no llego muy lejos.

Algo se cierra alrededor de mi tobillo con un chasquido metálico.

El dolor es tan brutal que durante un instante no comprendo qué ha sucedido. Entonces noto los dientes del cepo atravesando la carne y clavándose con tanta fuerza que siento la presión contra el hueso. El grito escapa de mi garganta y retumba por todo Water Mill mientras caigo al suelo.

Estoy perdida.