La última apuesta 20 #2
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20 #2

En cada rincón de la casa. A cualquier hora.

Como si los dos necesitáramos esa válvula de escape.

Como si, en medio de todo este caos, el único lugar donde aún tengo el control fuese dentro de ella.

Y sí, cuando la tengo debajo, encima, contra la pared o con su culo en pompa…

por un rato todo se apaga. No pienso. No sufro. Solo estoy ahí, con ella.

Pero al terminar, cuando su respiración vuelve a calmarse y se enrosca contra mi pecho con ese murmullo dulce que me rompe y me repara al mismo tiempo… la realidad regresa.

Sigo esperando. Sigo sin noticias.

La reincorporación no llega. Nadie me dice nada. No hay mensajes, no hay llamadas, no hay una puta señal de que esto vaya a cambiar.

Y eso me está comiendo vivo por dentro.

Porque por más que ella me bese, me toque y me mire para demostrarme que lo valgo todo… yo siento que no valgo nada.

Al menos hasta que vuelva a jugar.

Acabamos de terminar otro entrenamiento agotador. Estoy sudado, con los músculos aún tensos y la cabeza hecha un lío. Chase se acerca con una botella de agua y me da un golpecito en el hombro.

—¿Has visto el último partido? —pregunta, echándose hacia atrás en el banco del vestuario—. Una mierda lo que pasó con Ryan.

—Sí… Cuando se lesionó, el equipo se vino abajo. Fue como si se nos apagaran las luces. —Lanzo la toalla al suelo y me paso las manos por la cara—. Y me siento responsable, tío. Si no estuviera castigado…

—Venga ya, no te machaques más con eso —me corta—. ¿Tú sabes lo que has estado entrenando? Lo estás dando todo. Y en cuanto vuelvas al campo, lo vas a reventar, lo sabes.

Justo cuando va a decir algo más, vibra mi móvil. Lo saco del bolsillo de la sudadera. Un correo de la directiva.

« Seattle Titans Football - Dirección Deportiva.

Asunto: Notificación oficial - Reincorporación Inmediata.

Fecha: 07 de Noviembre de 2025

Para: Xander Cole (#8)

De: Dirección Técnica y Departamento de Disciplina.

Estimado Cole:

Tras la revisión de su conducta, compromiso y evolución durante las últimas semanas, el Comité Técnico ha considerado levantar la sanción disciplinaria que le mantenía fuera de la alineación principal.

Nos complace informarle de que a partir de la fecha queda oficialmente reincorporado al equipo titular, con plena disponibilidad para participar en el próximo encuentro frente a San Diego Reapers.

Reconocemos el esfuerzo, la actitud y la madurez demostrada desde la aplicación del castigo. Esperamos que aproveche al máximo esta segunda oportunidad y continúe su desarrollo como jugador y como pilar fundamental del equipo.

Bienvenido de nuevo al juego, Cole.

Nos vemos en el campo.

Dirección Técnica, Seattle Titans .

Me quedo en silencio unos segundos mientras leo.

—¿Qué pasa? —pregunta Chase, echándose hacia mí.

Levanto la vista con una sonrisa que me sube desde el estómago.

—Se acabó el castigo. Me reincorporo. Juego el próximo partido.

—¡No jodas! ¡Vamos! —grita Chase, dándome un golpe fuerte en la espalda—. ¡Eso hay que celebrarlo, colega!

—Estoy flipando, tío. Por fin —me río, con esa mezcla de alivio y adrenalina—. Me sentía inútil.

—Pues ya no. Esta noche montamos algo. Una buena fiesta, nada de mierdas. Lo celebramos como Dios manda. Te lo mereces, hermano.

—Lo primero que voy a hacer es contárselo a Gia.

—Y dile que venga también, que la fiesta no es fiesta si no está la jefa del equipo —dice con una sonrisa burlona.

Me río, pero ya estoy marcando su número.

—¿Gia? —saludo en cuanto descuelga—. Tengo algo que decirte.

—¿Qué pasa? ¿Ha ocurrido algo? ¿Estás bien?

—Mejor que bien. Me han levantado el castigo. Estoy de vuelta, nena. Juego el próximo partido.

Hay un segundo de silencio y luego la escucho gritar al otro lado del teléfono.

—¡¿Qué?! ¡Joder, Xander, qué alegría! ¡Sabía que no tardaría!

—No sabes lo que significa para mí…, de verdad. Gracias por estar ahí y no dejar que me hunda.

—Siempre —responde, con esa voz suave que me pone el corazón en pausa—. Oye, no comas nada, ¿vale?

—¿Por?

—Confía en mí. Te espero en casa.

Y cuelga.

Cuando llego, el olor a comida me recibe desde la puerta. Entro y la veo en la cocina, con su moño deshecho y ese delantal que me hace pensar en todo menos en cenar.

—¿Has hecho…? —Me asomo y veo la pasta carbonara que tanto me gusta—. ¿Mi cena favorita?

—Te he dicho que confiases en mí. —Se gira con una sonrisa satisfecha—. Esta noche se celebra por todo lo alto.

Me acerco, la abrazo por la cintura y apoyo la frente en su sien.

—Te amo.

Lo digo sin pensar. Porque lo siento. Porque me sale solo.

—Yo también te amo, tonto. —Me da un beso en el cuello—. Ahora siéntate, que te vas a poner las botas.

Nos sentamos en el sofá con los platos calientes sobre las piernas. Cronos se acurruca a nuestros pies, como si supiera que hoy toca celebrar. Gia me mira con esa chispa en los ojos que tanto me gusta y yo no dejo de sonreír como un gilipollas enamorado.

—Vale —empieza ella, tras dar el primer bocado—. ¿Contra quién tocaba el siguiente partido?

—San Diego. Jugamos fuera —respondo, y pruebo la pasta—. El viaje será largo, pero merecerá la pena.

—¿Y juegas de titular?

—Eso parece. Me han confirmado que entro en la alineación. —Me doy cuenta de que me tiembla un poco la voz de la emoción—. Por fin voy a volver a tocar el puto césped —termino diciendo.

Gia sonríe, con los labios manchados de salsa, y me hace un gesto con el tenedor.

—Vas a volver a lo grande. Ya lo verás. Y yo estaré ahí para grabarlo todo.

—Eso es que te vienes al viaje, ¿no?

—Claro. No me perdería tu gran regreso ni loca. Además, tengo que gritarte obscenidades desde la grada para que te motives.

Me echo a reír, negando con la cabeza.

—Te juro que eres lo mejor que me ha pasado.

—Lo sé —responde, guiñándome un ojo—. Pero ahora hablemos de lo importante… ¿Qué me pongo para la fiesta?

—Mmm… Algo corto. O nada. —Levanto las cejas con una sonrisa pícara.

—Idiota —se ríe, dándome un codazo—. Hablo en serio. Tiene que ser algo especial. No todos los días tu chico vuelve al juego.

—Entonces, ponte eso negro que llevaste en el primer evento del equipo. Casi me da un infarto cuando te vi entrar con él.

—Ese lo reservo para cuando ganes la final —replica con tono travieso.

—Trato hecho. —Le doy un beso rápido en la mejilla—. Chase quiere organizar una buena. Dice que me lo merezco.

—Y tiene razón. Pero no dejes que él escoja la música. El otro día puso reggaeton y casi me sangran los oídos.

—Prometo intervenir antes del desastre.

Seguimos hablando mientras comemos, entre risas, ideas tontas y planes que no sabemos si se cumplirán. Pero da igual. Porque lo verdaderamente importante está aquí. Ahora.

Ella. Yo. Lo nuestro.

Y ahora, a celebrar mi gran regreso.