La torre de los vivos y de los muertos (Empires of Dust 2) Capítulo veintirés #2
33%

Capítulo veintirés #2

—Sí, ya lo has dicho. Escuchad: estáis pensando demasiado en lo personal.

Estáis asumiendo que tendremos que hacerlo nosotros mismos.

Hasta hace unos meses, él estaba muerto y enterrado.

Ahora hay cadáveres colgados de los muros de su fortaleza.

Tiene que haber más gente por aquí que quiera verlo muerto.

—Se volvió hacia Landra—. Tú, la señora Landra, debes tener aún algún amigo rico y poderoso con quien hablar.

—La señora Landra ha muerto —dijo esta.

—¿Alguien tiene que haber? ¿Nadie?

¡Por los dioses, vamos! La arrogante señora Landra…

que había ocupado entera una casa de huéspedes en Sorlost de lo rica que era; «arrodíllate, Tobias »; «los Relast son la familia noble más poderosa de las Islas Blancas, Tobias »; «mi familia está emparentada con todas las grandes casas de Irlast, Tobias »; «yo misma tengo sangre de Altrersyr, Tobias »; «dime que sí, Tobias , y lo atraparemos, lo destruiremos y te daremos una recompensa como nunca, y tu nombre será celebrado en todas las Islas Blancas»… ¿Relast? ¿Y ni un solo amigo con poder?

Pero su voz sonaba como si ya estuviera muerta.

—Entonces, sus amigos. ¿Hay alguno que pueda traicionarlo? Ese tal señor Fiolt, su nuevo mejor amigo. Apostaría a que no es precisamente alguien sin ambiciones.

—¿Osen Fiolt?

Soltó una risa hueca.

—Osen ha pasado toda su vida intentando ganarse el afecto de Marith . Estaba tan celoso de Carin… Carin hablaba de matarlo. Dioses, ojalá lo hubiese hecho.

—Voy a por más cerveza —dijo Tobias al fin—. Si alguien quiere…

En la sala común, un grupo de bebedores tempraneros estaba más que animado.

Rugían cantando: «Su capa es roja como los ojos de las viudas.

Su enorme espada la hunde con fuerza y sin piedad».

La hija del posadero interrumpió el ritmo de las palmas para darle a Tobias tres jarras más de cerveza. Este subió con ellas en silencio.

—¡Muerte! ¡Muerte! ¡Muerte! —gritó una voz ebria fuera de la ventana.

La señora Landra dio un respingo y gimió.

—Me has meado en el pie, imbécil.

—Por cierto, la señora…, Landra, ¿tienes dónde quedarte? —dijo Tobias —. ¿Algún sitio, hum, mejor que este?

—Dormía en un granero —dijo Landra tras un largo silencio—. Yo… anoche me quedé cerca de Malth Elelane. Caminando por Pueblo Morr. Hay una mujer que conozco, en un lugar, podría… Pensé en volver con ella.

»Pero no puedo —dijo Landra.

—La habitación de al lado está libre —dijo Tobias —. Que yo sepa.

—Yo…

Sus manos fueron al bolso que llevaba colgado al cuello.

—Él pagará por ti —dijo Raeta.

«Era tu dinero, en parte —pensó Tobias —.

El pago por matar a Marith Altrersyr. No soy capaz de gastarlo en nada».

Le dejaba las manos manchadas, resbalaba entre sus dedos como carne cruda.

Si se lo entregaba a un tendero para comprar algo…

, era como si estuviera maldito, o alguna puñetera tontería de ese estilo.

Uno de los hombres más ricos de Pueblo Morr, el viejo Tobias . Te meas de la risa.

—Necesitas un baño y dormir —dijo Tobias —. Ropa nueva, todo eso.

Dioses, parecía una madre.

—Y mañana, cuando te encuentres… un poco mejor, quizá —dijo Tobias —, empezaremos a planear cómo matarlo.

Landra asintió, apagada.

—Bien —dijo Raeta—. Os dejo solos, amigos.

Se levantó y salió.

«Vuelve…».

Bueno. Ellos dos solos. Raro, ¿no?

—Lo siento —dijo Tobias .

Landra no dijo nada. Retorcía la tela entre las manos.

—Lo siento. De verdad.

«Dioses —pensó de pronto—, ¿y si me reconoció la cara, cuando estuve en Malth Salene? Me mata».

—Pensé que quizá le dolería, al menos, ver la tumba de Carin.

—Bebió un largo sorbo de su cerveza—. Pasó tan poco tiempo de duelo…

Esa criatura, esa mujer con la que se ha casado.

¡Casado! Si me hubieras dicho quién era…

Y ha colmado de honores a Osen Fiolt. Su más querido amigo, dicen que lo llama.

—Osen Fiolt también quiso casarse conmigo, en su día —dijo ella—.

Hace mucho tiempo, cuando aún éramos pequeños.

Intentó cortejarme, me trajo flores, me susurró cosas al oído.

Pidió mi mano en matrimonio, y solo la muerte de Carin nos separaría de todo el poder y la riqueza de mi padre.

Hice que lo echaran. Pero fue él quien nos dio la idea, a Carin y a mí.

Y ahora Carin está muerto, y Osen es el querido amigo de Marith .

Se levantó y bajó la cabeza ante Tobias . Un gesto extraño, no de deferencia, sino… ¿una especie de intento de conservar algo de orgullo?

—Lo siento. Esto no significa nada para ti. Solo querías sacar algo de dinero de mi dolor. No podías saber lo que hacías. Me bajo. Me quedo la habitación. —Parpadeó—. Gracias, Tobias .

Pobre mujer. El desastre enmarañado de su vida.

La vio marcharse, y luego la oyó regresar, acompañada de la hija del posadero, quien la guiaba hasta la habitación.

Escuchó su voz suave, pulida y educada al darle las gracias a la muchacha.

Luego, el horrible sonido apagado de su llanto.

Una y otra vez. «Soy idiota —pensó—, por ofrecerle la habitación.

Ella y yo… cada vez que nos miramos, no hay más que culpa».

Bajó a la sala común a beber, a huir de todo, pero habían pasado ya a una canción sobre la conquista de Mar por Amrath:

Y el rey de Mar tenía por esposa a un dios:

Tenía cuernos y rabo, ¡el sucio bribón!

Pero eso a Amrath no le paró.

Le cortó el rabo,

aunque se puso pálido,

¡y le cortó los cuernos con su cuchillón!

Volvió arriba y metió la cabeza bajo la almohada para intentar dormir.