La tejedora de palabras: Secretos y brasas (La tejedora de palabras 2) Capítulo 14
69%

Capítulo 14

Con un suspiro de contrariedad, Chiara volvió en sí. Sentía la cabeza como envuelta en algodón y el cuerpo no parecía pertenecerle del todo. Parpadeó para aclarar la vista.

Estaba en su cama. A través de las cortinas corridas de la ventana se colaba una tenue luz del día. Un mechón de pelo le caía sobre la cara. Quiso apartárselo, pero el brazo derecho no le obedeció: lo tenía atado al cuerpo. La confusión y el pánico la invadieron.

Su mirada se posó en Cadrim, sentado en una silla junto a la cama. Preocupado, se inclinó hacia ella.

—¿Cómo te encuentras?

Chiara deseó poder responderle esa pregunta.

—¿Qué ha pasado? —Tenía los labios agrietados y secos, y el recuerdo de cómo había llegado a esa cama estaba envuelto en niebla.

Se le endureció el rostro y, por un instante, la invadió el miedo de que lo hubiera descubierto todo. De que por eso estuviera atada e inmóvil en su cama. Entonces su mente nublada reparó en lo absurdo de la idea. Si él lo supiera, ella ya estaría en una celda de la mazmorra.

Un fuego siniestro centelleó en los iris de Cadrim y Chiara tomó aire de golpe.

—Tus ojos…

Él se pasó a toda prisa la mano por los párpados.

—Eso… no importa. —La nuez se le movió arriba y abajo al tragar saliva—. ¿Qué recuerdas?

Chiara pensó con esfuerzo.

—Nos atacaron… ¿Han sobrevivido mis guardias?

Cadrim negó con la cabeza, apenado.

—Fueran quienes fueran esos miserables, hicieron un trabajo a conciencia.

—Por un instante se limitó a mirarla—. Lo siento —le brotó de pronto—.

Lo siento mucho. —Le tomó la mano libre y la apretó con fuerza mientras continuaba, conmovido—.

Por un pelo te habrían atrapado también a ti.

—Tembloroso, apoyó la frente contra sus dedos—. No sé qué habría hecho en ese caso.

—Estoy bien —repuso ella, restándole importancia.

—Sí, claro. —Soltó una risa ronca, aunque sonó más bien como un sollozo—.

Un virote de ballesta te ha atravesado; has tenido mucha suerte de que no te haya destrozado la articulación del hombro.

Aun así, no podrás usar el brazo sin dolor durante un tiempo.

Ha habido que inmovilizarlo para que los músculos sanen.

—Señaló el vendaje—. Has estado tres días inconsciente —continuó en voz baja, y ella percibió su conmoción—.

Has perdido mucha sangre y el uso de tu magia te ha debilitado aún más.

Sus palabras hicieron aflorar una imagen en su mente. Se había vuelto invisible, había intentado esconderse de los atacantes. Pero Cadrim no podía saberlo. No le había contado nada de ese incremento de sus facultades.

Si se enteraba, no tardaría mucho en atar cabos.

—¿Cómo has deducido que utilicé mi magia?

Él sonrió con ternura.

—Porque nunca te habrías rendido sin luchar. —Su pulgar le acarició el dorso de la mano—. Además, los signos de tu agotamiento eran evidentes.

—Pero no sirvió de nada. —Poco a poco, la memoria le iba volviendo y, con ella, una revelación que la perturbó hasta lo más hondo—. Los atacantes sabían de mis ilusiones, no se dejaron engañar por ellas.

Cadrim frunció el ceño, incómodo.

—¿Qué quieres decir?

—Sabían de lo que soy capaz. — Demasiado bien, si lo pensaba a fondo.

—Lo investigaré —prometió él—. Sea quien sea el responsable, lo descubriré.

—¿No sabéis qué querían los atacantes?

—Sí lo sabemos. —Un frío glacial resonó en su voz, en absoluto acorde con el fuego de sus ojos—.

Lo que no sabemos es quién los contrató.

El miserable al que capturamos vivo no pudo decírnoslo.

Todo estaba muy bien planeado. Llevaban días al acecho, listos para actuar, aguardando una oportunidad propicia.

Por desgracia, recibían las órdenes de un intermediario anónimo al que no se puede localizar.

—Cadrim vaciló—. ¿Crees…? ¿Crees que sea posible que Malik esté metido en esto?

—¿Qué? —Chiara lo miró atónita.

El rostro de Cadrim no dejó traslucir emoción alguna.

—Está detenido desde el asalto. Era el responsable de tu regreso seguro a casa. En lugar de eso, te dejó allí. Y era uno de los pocos que sabían que ibas a retrasarte.

—No. —Chiara negó con la cabeza con tanto ímpetu que se mareó—.

Fui yo la que se negó a ir con él. Además, Malik no habría tenido que esperar a esta oportunidad.

Nadie lo habría detenido si me hubiera sacado del palacio con el pretexto de una excursión.

Si se hubiera quedado conmigo, ahora estaría tan muerto como los guardias.

—Chiara sollozó al darse cuenta de algo más—.

Ojalá hubiera mandado a buscar un carruaje. Entonces todos seguirían vivos.

—No lo creo —replicó Cadrim con tono sombrío—. Los atacantes habrían interceptado a cualquiera que hubieras enviado. Igual que hicieron con tu carruaje. Lo encontramos con los ejes rotos en un callejón. Del cochero no había ni rastro.

—No lo entiendo. —Chiara se rodeó con el brazo sano, consternada—. ¿Qué querían?

—Tu vida. —Cadrim parecía ahogarse con esas palabras—. Su único objetivo era matarte.

Chiara se aferró a la manta.

—¿Por qué? —¿Quién podía odiarla tanto?

Cadrim se pasó la mano por el pelo con un suspiro.

—No lo sé. Todas nuestras pesquisas se han quedado en nada.

Puede ser un grupo escindido que no quiera la alianza con Arnawal.

O alguien de Perses que quiera impedir que mejore nuestra posición negociadora frente a ellos.

Quizá haya alguien de tu propia nobleza detrás de todo esto, alguien que se hubiera hecho ilusiones de casarse contigo y no quiere que la corona pase a mí.

Si tú mueres, Lexor tendrá que nombrar a otro sucesor, le guste o no.

Al menos esa posibilidad Chiara podía descartarla con total tranquilidad. Le parecía mucho más probable otra explicación.

—Quizá alguien solo quería quitarme de en medio para tener vía libre contigo.

—¿A quién te refieres…? —Se le desencajaron las facciones—. ¿A Jenna? —Negó con la cabeza—. No, imposible. Algo así ella nunca lo haría.

—Malik me advirtió sobre ella. Nunca ha abandonado su plan de convertirse en princesa a tu lado.

Su rostro se endureció.

—Ella sabe que eso no va a ocurrir jamás.

—Te habrías casado con ella si ya no hubieras esperado nada de una alianza con Arnawal. Si yo desaparezco de la escena, ella seguirá siendo la única opción.

Cadrim respiró hondo.

—No —respondió en voz baja, y sus hombros se hundieron hacia delante—.

Es cierto: sopesé ambas opciones y elegí la que, en mi opinión, era la mejor alternativa para Laran.

Pero eso fue antes de… —Se interrumpió—.

Eso solo sucedió porque no amaba a Jenna.

Porque ni siquiera sabía lo que era el amor…

—Sonrió con autoironía—. Willem me lo advirtió desde el principio.

Aun así, pensé que no importaba a quién me uniera, que seguiría con mi vida sin más como hasta entonces.

—Esbozó una leve sonrisa y miró a Chiara con melancólica franqueza—.

Me equivoqué. Incluso si a ti… —Le temblaba la voz—.

Si a ti… te ocurriera algo, no me casaría con Jenna.

No me casaría con ninguna mujer a la que no ame.

Turbada, Chiara clavó los ojos en él mientras intentaba comprender el sentido de sus palabras.

¿Quería insinuar con eso que la amaba, o que tampoco se casaría con ella?

Antes de que pudiera formular esa pregunta, se oyeron pasos suaves en la habitación contigua y Yorrie apareció en el umbral con una bandeja.

—¿Está despierta? —Su doncella soltó una risa de alivio—. ¡Gracias a Dios! He estado tan preocupada…

Cadrim parecía tan poco entusiasmado con la interrupción como Chiara.

—Su Alteza se encuentra como cabe esperar, dadas las circunstancias —respondió en voz baja—. Está muy débil.

—He traído sopa y té —explicó Yorrie en un tono mucho más bajo, y miró a Chiara con gesto alentador.

—Un té me vendrá bien —decidió ella, agradecida.

—No habéis comido nada en días. —Yorrie dejó la bandeja sobre la mesa y le sirvió una taza.

—No tengo hambre. —La sola idea de comer le provocaba náuseas.

—Eso es porque los sanadores te han administrado mucho analgésico —explicó Cadrim. Se le endureció de nuevo el rostro al mirar la herida, como si fuera solo culpa suya.

—¿Es por eso por lo que me siento tan aturdida?

—Entre otras cosas. Tu cuerpo necesita sus fuerzas para curarse.

Yorrie ayudó a Chiara a incorporarse un poco más. Cadrim levantó la taza y la acercó con delicadeza a los labios de Chiara.

—Ya me las arreglo. —Le quitó la taza y bebió obediente unos sorbos antes de dejarla sobre la mesa.

Poco a poco su mente se fue aclarando—. ¿Cómo me encontraste, en realidad?

—preguntó—. Había perdido toda esperanza cuando, de repente, apareciste de la nada.

—Él la había rescatado sin ayuda de nadie.

Su imagen lanzando esferas ardientes con la mano desnuda afloró en su memoria y a Chiara se le abrieron los ojos como platos.

—Déjanos solos —le dijo Cadrim a Yorrie en voz baja, pero con firmeza.

La doncella hizo una reverencia, desconcertada, y salió a toda prisa. Cadrim esperó a que la puerta exterior se cerrara tras ella antes de volverse hacia Chiara.

—No estoy seguro —confesó vacilante—. Y eso que en los últimos tres días he tenido tiempo de sobra para pensar.

—¿A qué conclusión has llegado?

La boca se le torció en una sonrisa ladeada.

—A que nadie me creería si lo contara.

—Tú me salvaste —le contradijo ella con suavidad—. Te vi . —Aquella imagen se le había grabado para siempre en la memoria—. Sea cual sea la explicación que tengas, te creo.

Su sonrisa se hizo más amplia. Le tomó la mano, absorto.