La subasta del amor (Club de los cincuenta fabulosos nº 3) Capítulo cincuenta y cinco
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Capítulo cincuenta y cinco

Sam

Unos brazos me agarran. Me sujetan. Me sostienen.

Apenas puedo respirar.

—Te tengo —me susurra Blake al oído.

Bajo la mirada al suelo de mármol, al pie de la escalinata, temblando por lo que casi ha sucedido.

Podría haberme roto un hueso fácilmente, o algo peor.

—¿Estás bien? —Blake me sujeta con firmeza del codo mientras desengancho el dobladillo del vestido del tacón.

Por fin miro a mi salvador.

—Ahora sí —digo aturdida—. Gracias. Podría haber acabado muy mal.

Todavía temblando, bajo el resto de las escaleras con Blake sujetándome.

La gente nos mira; algunos cuchichean.

Recobro la compostura y me aparto de Blake a regañadientes, consciente de que pronto lo subastarán. No podemos estar tan pegados si quiero que las damas pujen con generosidad.

Caroline y Barbie se abren paso entre las mesas hacia mí.

Calvin, alias Dr. Guapo y la pareja de Caroline, viene con ellas.

Sigue pareciendo un hippie, pero más refinado.

Se casan en otoño y no podrían parecer más felices.

Presento a los hombres y se estrechan la mano.

Cuando Blake se aparta, Caroline le dice:

—Buenos reflejos.

Blake me guiña un ojo y se reúne con los otros dos solteros, que están hablando con Ramona.

Calvin baja la voz.

—¿Ese es el famoso vecino?

Esbozo una sonrisa enigmática y me alejo.

—Disculpadme, la subasta está a punto de empezar.

Los tres parecen tener mil preguntas. Me encanta.

Le hago una señal a Ramona, quien a su vez guía al subastador y a los tres solteros hacia el pequeño escenario montado al fondo de la sala.

Invitan a los asistentes a tomar asiento. Están sirviendo platos de salmón sellado, patatas gratinadas y espárragos.

—¡Bienvenidos, damas y caballeros, a la gala anual de Estrellas Brillantes!

Un aplauso cortés para la maestra de ceremonias, Rachel, la antigua hijastra de Caroline, que explica cómo la fundación fue el legado de su padre y recauda fondos muy necesarios para niños con necesidades especiales.

El creciente murmullo de conversaciones y el tintineo de copas la llevan a concluir.

—Para terminar, me gustaría dar las gracias a todos nuestros queridos amigos de Estrellas Brillantes por su generoso apoyo, y al incansable equipo que ha hecho posible esta velada.

Menciona varios nombres, incluidos el mío y el de Ramona. Tras una pausa, Rachel añade:

—Y gracias a Caroline Page por mantener vivo el sueño de mi padre.

No soy la única sorprendida por el gesto.

Un murmullo bajo recorre la sala. Rachel y su hermano se portaron fatal con Caroline, impugnando el testamento de su padre y perjudicándola enormemente.

Miro a mi amiga, cuya copa de champán se ha quedado suspendida a medio camino de su boca.

Desde que llegó esta noche, Caroline ha mantenido las distancias con los hijos de Bernard.

Calvin le pone una mano protectora en la espalda.

Debería ser Caroline quien diera la bienvenida a todos.

Si no fuera por ella, nada de esto estaría pasando.

La veo asentir levemente en señal de reconocimiento.

A pesar de todo, Caroline tiene mucha clase.

Rachel se inclina de nuevo hacia el micrófono.

—Sin más preámbulos, pasemos a lo que todos habéis estado esperando. Damas y caballeros, que comience la subasta.