La sombra del progreso (Mateo Rivas 2) 21 . El hilo suelto
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21 . El hilo suelto

Madrid, 25 de abril de 1966

Al día siguiente de dar por cerrado el caso Marín, Mateo se dedicó a poner en orden el archivo del despacho.

Al vaciar la carpeta de notas sobre Inversiones Costa Azul, volvió a revisar las copias de las fichas registrales que su amigo Ezequiel le había facilitado tres semanas atrás en el Colegio Notarial.

Entre las hojas mecanografiadas encontró una anotación al margen que se le había pasado por alto durante el ajetreo de los viajes a la costa.

En la escritura de constitución de la sociedad Solares del Sur S. A., la firma del apoderado Domingo Aliaga no aparecía sola. En la casilla del avalista bancario figuraba el sello de una entidad mercantil extinguida en 1958, con sede social registrada en la ciudad de Valladolid.

Abrí el expediente una vez más antes de guardarlo.

La sociedad extinguida en 1958 aparecía en Valladolid.

La anotación manuscrita seguía allí.

«M. — Exp. 408/58-V.»

No era una prueba de conexión.

Era algo más incómodo.

Una semejanza.

Busqué en mis archivos antiguos y encontré la misma mano en documentos relacionados con Rodalquilar y con los informes sobre Linares.

No eran los mismos negocios.

No eran los mismos nombres.

Pero el método de marcar los expedientes era el mismo.

Comprendí entonces que quizá había estado buscando una organización cuando debía buscar una forma de trabajar.

Una manera de mover tierras, sociedades y nombres.

Una manera de hacer que cada operación pareciera aislada.

Cerré los expedientes.

El caso de Rogelio estaba terminado.

La historia que había detrás, no.

Escribí en la última página del cuaderno:

«No son los lugares. Es el método.»

Debajo:

«Valladolid.»

Y cerré el cuaderno.

Junto al sello, trazada con una tinta estilográfica azul de trazo fino, destacaba una sola inicial aislada, seguida de un número de expediente notarial antiguo:

M. – Exp. 408/58-V

Mateo se puso las gafas de lectura y acercó la hoja a la lámpara de mesa.

Era la misma inicial, trazada con idéntico rasgo elegante y decidido, que había encontrado dos años atrás en los documentos traspasados del expediente de Rodalquilar y que había reaparecido de forma difusa en los informes de las minas de Linares.

La trama inmobiliaria de la Costa del Sol no era un negocio aislado de Bezares y Aliaga.

Era una ramificación más de una red de inversiones mucho más vasta, cuyo centro de gravedad parecía desplazarse ahora desde el sur abrasado por el sol hacia los viejos despachos castellanos de la cuenca del Duero.

Mateo apagó la lámpara de mesa, guardó la hoja en una carpeta limpia de cartón marrón y escribió en el lomo con lápiz de grafito una sola palabra:

Valladolid.

Miró por el ventanal hacia los tejados oscuros de Madrid mientras la lluvia de primavera comenzaba a golpear suavemente los cristales. La noche caía sobre la ciudad, pero en la mente del investigador el camino volvía a abrirse de nuevo.