17 . El rescate en Mijas
20 de abril de 1966
Los trabajos de rescate en la cantera del Chorro se prolongaron durante más de catorce horas.
Un equipo del cuerpo de bomberos de Málaga, auxiliado por especialistas de la Guardia Civil y guías locales de la sierra, trabajó desde la madrugada utilizando poleas y cabrestantes para drenar el fondo de la poza y retirar los bloques de hormigón arrojados desde el cortado.
Cuando recuperaron el cuerpo, la investigación dejó de tener una incógnita principal.
Rogelio estaba muerto.
La identificación fue lenta y meticulosa. El reloj detenido a las diez y veinte y el anillo con las iniciales R. M. aportaron dos elementos más, pero la escena no ofrecía una explicación completa.
Eso correspondía a los investigadores y a los médicos.
Yo solo podía mirar.
Pensé en Consuelo.
Ella había venido a mi despacho buscando a un hermano.
Ahora tendría que recibir a un muerto.
No sentí satisfacción.
Solo cansancio.
Mateo aguardó en la parte superior del barranco junto al comandante Prieto. El sol de mediodía pegaba con fuerza sobre las rocas calizas, haciendo hervir el aire de la montaña.
A las tres de la tarde, la camilla de lona subió por la pared vertical colgada de un cable de acero.
Los restos de Rogelio Marín fueron custodiados para su traslado al depósito anatómico del hospital civil de Málaga.
Entre las ropas destrozadas del finado, el equipo forense recuperó un reloj de pulsera con la correa de cuero agrietada —detenido exactamente a las diez y veinte de la noche— y un anillo de sello con las iniciales R.
M. grabadas en el interior de la banda de plata.
Mateo firmó el diligencia de levantamiento del cadáver en calidad de testigo de las diligencias. La certidumbre trágica ponía fin a la angustia de la incertidumbre para Consuelo Marín, aunque abría el proceso largo y doloroso del juicio judicial.