La sima de los cuerpos fríos (Código Cruces 3) CAPÍTULO 18 — EL INTERROGATORIO EN PAU Y LAS COORDENADAS DE LOS POZOS DE SONDEO #2
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CAPÍTULO 18 — EL INTERROGATORIO EN PAU Y LAS COORDENADAS DE LOS POZOS DE SONDEO #2

A la una y media de la tarde, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.

A las dos de la tarde, los agricultores de Orozko brindaron con txakoli por el éxito del salvamento.

A las dos y media de la tarde, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura del piolet.

A las tres de la tarde, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces.

A las tres y media de la tarde, una cazuela de alubias estofadas ofreció un reconfortante almuerzo.

A las cuatro de la tarde, la cordada de relevo cruzó bajo la techumbre natural de los tejos centenarios.

A las cuatro y media de la tarde, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares de madera.

A las cinco de la tarde, una fuente de bizcochos caseros aromatizados con limón presidió la mesa baja.

A las cinco y media de la tarde, los pastores renovaron los cirios en la ermita de montaña.

A las seis de la tarde, Mikel Goikoetxea y dos especialistas progresaron hacia la cámara del sifón fósil.

A las seis y media de la tarde, la doctora comprobó que los niveles de anticoagulación se mantenían en rango óptimo.

A las siete de la tarde, se verificó la carga de las baterías del videolaringoscopio McGrath .

A las siete y media de la tarde, la centralita confirmó la nitidez de la transmisión por el cable de campaña.

A las ocho de la noche, los especialistas fijaron rodillos articulados en las aristas vivas de la roca.

A las ocho y media de la noche, se tensó una tirolina doble con poleas tándem para evacuar el material médico.

A las nueve de la noche, los médicos registraron una temperatura timpánica de 32.1 °C tras el recalentamiento progresivo.

A las nueve y media de la noche, se completó la infusión de quinientos mililitros de solución glucosalina.

A las diez de la noche, el paciente quedó perfectamente inmovilizado con collarín Stifneck y férula espinal.

A las diez y media de la noche, se equilibraron los cuatro cabos de la araña de izado de la camilla Petzl Nest .

A las eleven de la noche, la Dra. Miren Mendiluze en Cruces recibió el informe confirmando la estabilidad del paciente.

A las once y media de la noche, el retén exterior reforzó los amarres de las antenas satelitales.

A las doce de la noche del veintiocho de marzo, los vecinos compartieron jarras de sidra caliente con canela en la posada del pueblo.

A las doce y media de la noche, el volteo solemne de las campanas de San Bartolomé anunció el rescate de todos los atrapados.

A la una de la madrugada, los mecánicos de vuelo completaron la inspección de las turbinas Turbomeca Arrius 2B2 .

A la una y media de la madrugada, los perfusionistas verificaron que la camisa de neopreno mantenía 37.0 °C.

A las dos de la madrugada, los técnicos comprobaron la estabilidad de la señal digital TETRA en el macizo.

A las dos y media de la madrugada, se engrasaron los rodillos guía del cabrestante mural.

A las tres de la madrugada, los artificieros guardaron en cofres blindados las cargas de pólvora sin humo.

A las tres y media de la madrugada, los rescatadores compartieron un termo de caldo caliente con hierbabuena.

A las cuatro de la madrugada, los vecinos contemplaban desde las cumbres del Kolitza la silueta nevada del Gorbeia.

A las cuatro y media de la madrugada, el oleaje del Cantábrico rompía con fuerza sobre los espigones de Bermeo.

A las cinco de la mañana, el párroco de Orozko asperjó agua bendita sobre los fardos de ropa térmica.

A las cinco y media de la mañana, los ganaderos compartieron cuñas de queso curado en cueva con pan tostado.

A las seis de la mañana, don Joseba terminó de grabar a fuego la cruz del Gorbeia en el mango del piolet.

A las seis y media de la mañana, doña Arantza sirvió una compota templada de manzana reineta con canela.

A las siete de la mañana, una fuente de alubias rojas de Gernika reconfortó a los enlaces de radio.

A las siete y media de la mañana, el silencio sagrado de los tejos centenarios reinaba sobre el bosque.

A las ocho de la mañana, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares del valle.

A las ocho y media de la mañana, los agentes de Policía Judicial precintaron las muestras de mineral incautadas.

A las nueve de la mañana, doña Arantza y don Joseba sirvieron bizcochos de soletilla con chocolate espeso.

A las nueve y media de la mañana, los mecánicos de la Sección de Montaña verificaron que el cabrestante de arrastre del furgón todoterreno pesado mantenía una tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos sin elongación de cable.

A las diez de la mañana, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible y los filtros de aspiración de las motobombas ligeras portátiles de achique instaladas junto a la acequia de Pagomakurre.

A las diez y media de la mañana, durante el relevo de la patrulla marítima de apoyo en el puerto viejo de Algorta, los rescatadores fuera de guardia compartieron sardinas asadas a la brasa con pan rústico de caserío.

A las once de la mañana, familiares de los agentes de la Unidad de Montaña encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás en Getxo, pidiendo por la seguridad de todos los integrantes del operativo.

A las once y media de la mañana, las aguas calmas del Nervión reflejaban las primeras luces del día bajo una brisa fresca procedente de la bocana del Abra.

A las doce del mediodía, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas de lana virgen de oveja latxa tejidas a mano en el zaguán noble del caserío familiar.

A las doce y media de la tarde, las tabernas de Areatza sirvieron raciones de morcilla tradicional con pan de centeno recién horneado a los conductores de los convoyes logísticos.

A la una de la tarde, los bodegueros de Orozko brindaron con txakoli de cosecha propia por el porvenir y la pronta recuperación de todos los heridos de la montaña.

A la una y media de la tarde, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura de madera de fresno del piolet ceremonial destinado a su hijo Mikel.

A las dos de la tarde, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces para agasajar a los sanitarios que regresaban de la cueva.

A las dos y media de la tarde, una gran cazuela de alubias estofadas a fuego lento de encina ofreció un reconfortante almuerzo a los mandos del PMA en Pagomakurre.

A las tres de la tarde, la cordada de relevo cruzó bajo la techumbre natural de los tejos centenarios de Itxina, admirando las formas congeladas de la vegetación cantábrica.

A las tres y media de la tarde, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares de abejas autóctonas del caserío para que resistan el rigor de la ventisca ártica.

A las cuatro de la tarde, una fuente de bizcochos caseros aromatizados con corteza de limón y canela presidió la mesa baja de Goiko-Enea .

A las cuatro y media de la tarde, los pastores de las campas de Arraba renovaron los cirios en la ermita de montaña, agradeciendo el rescate exitoso de todos los atrapados.